Historias
Pablo Albarracín : “El carnaval es contención, inclusión y familia”
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Bailarín, coreógrafo y creador de la comparsa Sueños de Luna, Pablo Albarracín encontró en el carnaval mucho más que una fiesta. Desde la libertad de expresión hasta la contención social, construyó un proyecto que atraviesa su vida y la de cientos de personas. Una historia de elección, trabajo silencioso e inclusión que se sostiene durante todo el año en San Francisco y la región.
Hablar de carnaval en San Francisco y la región es, para muchos, hablar de Pablo Albarracín. Bailarín, coreógrafo, director y creador de la comparsa Sueños de Luna, su historia personal está atravesada de punta a punta por el ritmo, el movimiento y una forma de entender el arte como herramienta de expresión, pertenencia, inclusión y contención. En diálogo con Posta/LA VOZ DE SAN JUSTO, repasa sus comienzos, el camino que lo llevó a fundar su propia comparsa y el sentido profundo que el carnaval tiene en su vida.
“Desde muy chico siempre me gustó el baile”, cuenta. “Si bien hice otros deportes, siempre me tiró más el arte. Mis comienzos fueron en el folclore y después fui incursionando en diferentes danzas”, agregó. Sus primeros pasos fueron en el folclore y, con el tiempo, fue sumando distintas danzas que ampliaron su formación. Ese recorrido lo llevó a integrar espacios clave del carnaval local.
Ese tránsito no fue casual. En cada experiencia, Albarracín fue construyendo una identidad artística propia que terminó encontrando en el carnaval algo que no halló en ninguna otra disciplina. “El carnaval tiene algo que en todas las danzas que estudié no encontré”, afirmó. “Estudié comedia musical, hice teatro, estuve en Carlos Paz haciendo varias obras, fui bailarín, fui actor, y sin embargo el carnaval es algo que me puede”, añadió. Sin embargo, ninguna de esas experiencias logró desplazar al carnaval del centro de su vida. “La libertad de expresión. Eso es lo que tiene de diferente”, define.
Elegir el carnaval
Aun cuando se le abrieron otras oportunidades profesionales, Albarracín eligió quedarse. “Hace dos o tres años que me vienen insistiendo para que me vaya a hacer temporada a Camboriú, Brasil, pero el carnaval me atrapa de otra manera”, reconoce. “No sé qué es, pero tiene algo que no encuentro en otro lado”, indicó.
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Esa elección lo llevó también a animarse a un desafío mayor: crear y sostener su propia comparsa. “Cuesta muchísimo. Es un proceso inmenso”, dice sin rodeos. “Primero está descubrir el poder de confiar en uno mismo, el sueño propio. La construcción de todo eso conlleva muchísimas cosas: amor, disciplina y constancia”, señaló. “La construcción conlleva amor, disciplina y muchísimo trabajo”, indicó.
Hoy, Sueños de Luna es una de las comparsas más grandes de la ciudad y la región. “Tengo alrededor de 100 integrantes. El año pasado, en los carnavales de La Milka, llegamos a ser 113”, detalla. Detrás de ese número hay una tarea diaria que recae, en gran parte, sobre él.
El trabajo invisible
Albarracín es el corazón organizativo de Sueños de Luna. “Me dedico a hacer el vestuario de todos los chicos, armar las coreografías y trabajar en las carrozas”, explicó. La comparsa cuenta con diez carrozas, que él mismo diseña y arma, con la colaboración de mujeres que lo acompañan, pero siempre bajo su coordinación.
El trabajo no se limita a los meses previos al carnaval. “Nosotros trabajamos todo el año. Antes entrábamos al taller a las ocho de la noche y nos íbamos a las cuatro o cinco de la mañana. Mucha gente trabajaba, nos íbamos muy cansados, muy mal dormidos”, señaló. Durante mucho tiempo, el vestuario se confeccionó de manera completamente artesanal, lo que implicaba jornadas extenuantes.
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Con el paso del tiempo, debieron replantear la modalidad. “Empezamos a comprar los trajes armados porque es muchísimo más barato, tanto en materiales como en tiempo. Después los modificamos, les aplicamos técnicas y los adaptamos a las temáticas que armamos”, agregó. Aunque alivió parte de la carga, el proceso sigue siendo intenso y constante.
Sueños de Luna como familia
El nombre de la comparsa condensa mucho de su mirada. “Sueños de Luna es el sueño de la noche de carnaval”, explica. “Para mí es mi vida, es mi pasión, es mi hogar, mi lugar en el mundo, mi familia. Es la familia que uno elige tener y con la que elige compartir”, señaló con emoción. Pero, para él, va mucho más allá.
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Durante el año hay un grupo estable de unas 50 personas que sostienen el trabajo cotidiano, principalmente en percusión y baile. “Es la gente que está todo el año. A veces intentamos tomarnos 15 días de vacaciones, pero nunca llegamos a cumplirlos. Siempre alguien extraña, alguien necesita”, cuenta.
Ese vínculo cotidiano convirtió al espacio en algo más que un lugar de ensayo. “Muchas veces nos juntamos a comer, compartimos cenas o mates. Siempre hay un grupo que se queda. Se genera una contención muy grande”, relató.
El rol social del carnaval
Para Albarracín, el carnaval tiene un valor que excede lo artístico. “Es un espacio artístico-cultural que brinda muchísima contención a niños, jóvenes y adultos”, sostiene. “Tengo un grupo de mujeres grandes que están descubriendo este mundo de grandes, algo que tal vez de niñas o jóvenes no pudieron”, agregó. En Sueños de Luna conviven realidades diversas y trayectorias atravesadas por distintas problemáticas.
También formaron parte personas trans, chicos con síndrome de Down, jóvenes con retrasos madurativos y personas que atravesaron consumos problemáticos.
Algunas historias lo marcaron especialmente. “He tenido chicos con problemas de adicción, chicas que estaban metidas en la prostitución, en la droga. Una de ellas siempre dice que gracias a la comparsa fue rescatada de toda esa oscuridad. Esa es la satisfacción mayor”, confiesa con alegría.
“Muchos piensan que estar en una comparsa es solo bailar y mover el culo, pero hay un trabajo detrás de escena inmenso. Hay mucha inclusión y eso es muy importante hoy en día”, reflexionó. En su caso, siente que ese trabajo tiene un plus: “Yo trabajo mucho con gente vulnerable, con niños y jóvenes de San Francisco, Frontera, Josefina y de muchos pueblos de la región. Todos buscan contención”.
Una relación que se construye con el barrio
Albarracín también se detiene en el vínculo entre San Francisco y el carnaval. “Hace 10 u 11 años que llevamos el carnaval en barrio La Milka”, señala.
Además, valora especialmente los carnavales barriales. “Amamos ir a los carnavales de barrio Parque, son de los más familieros y lindos que hay. También los de San Cayetano, que eran chiquitos pero preciosos”, relató. En La Milka, el apoyo vecinal es clave: “Los vecinos nos ayudan a limpiar las calles, a armar las sillas. Nos bancan todo el año, eso es algo muy lindo”.
El presente y lo que viene
El presente de Pablo Albarracín y Sueños de Luna es intenso. Fechas dobles, presentaciones en distintos pueblos, actuaciones en las sierras y también en San Francisco forman parte de un cronograma cargado. “Es una agenda muy linda”, dice.
Mientras tanto, él sigue sosteniendo el mismo motor que lo impulsó desde el comienzo: el amor por el carnaval. Para Albarracín, no se trata solo de una fiesta. Es una elección de vida, un espacio donde el arte se transforma en identidad, en familia y en oportunidad para muchos otros.
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