La política ya está de pretemporada
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La política argentina ya está en modo electoral. El gobierno procura acuerdos, el kirchnerismo intenta ordenar sus filas, la dirigencia se reacomoda con los nombres conocidos. Pero algunas encuestas revelan el ánimo de una sociedad que parece reclamar algo diferente, aunque sin nostalgia por el pasado
Por Fernando Quaglia | LVSJ
Las encuestas y los focus groups están a la orden del día. Los equipos de comunicación ensayan narrativas, buscan ejes discursivos y argumentos. Se organizan reuniones entre quienes hace tiempo no dialogaban. Se abrió la etapa de análisis para posibles alianzas y de debate para intentar la sutura de grietas internas. El mercado de pases está agitado.
Comenzó la pretemporada.
El malhumor ciudadano viene creciendo al ritmo de las dificultades de una economía que no despega. Una parte de la dirigencia parece haber tomado nota de que algo debe hacer. El escenario empieza a necesitar acuerdos para recuperar identidades políticas que parecían relegadas frente a la lógica tradicional de oficialismo - oposición.
El escenario vuelve a mostrar escenas conocidas. El Congreso es caja de resonancia de las demandas de distintos sectores, pero también escenario de confrontaciones. Los gobernadores aliados al gobierno elevan sus reclamos y hacen visible el costo político de decisiones que hasta ahora habían aceptado, aunque con cautela.
Karina Milei, por intermedio del jefe de Gabinete, organiza una reunión con el expresidente Mauricio Macri para explorar consensos que puedan desembocar en una alianza electoral. Tantear con qué jugadores se puede contar es un movimiento propio de una pretemporada.
Quizás este encuentro haya sido resultado también del reclamo del ministro Caputo para que la política contribuya a reducir las incertidumbres económicas que siempre asoman en la Argentina cuando las elecciones se avecinan. Las urgencias de la gestión devuelven a la política al centro de la escena. Y la identidad libertaria, construida a partir de la ruptura de puentes, comienza ahora a necesitarlos. Los tiempos cambian.
En el otro vestuario, los apellidos son los mismos. Massa, Kirchner, Kicillof, Quintela, Insfrán, Mayans, Ziliotto se reunieron para, según afirmaron, discutir la postura de ese espacio frente a la posible eliminación de las Paso. Son jugadores conocidos de un equipo que pretendería dejar de pelear el descenso, aunque sin caras nuevas para refrescar su imagen. Además, los resquemores de siempre tampoco parecen haber desaparecido.
El desafío de la principal fuerza opositora sería, entonces, cómo “oxigenar” una propuesta para el electorado sin modificar demasiado el plantel. Se podría pensar que vuelve a cumplirse aquella máxima atribuida a Perón que Antonio Cafiero solía repetir: “Los peronistas somos como los gatos, cuando parece que nos estamos peleando, nos estamos reproduciendo”. Es válido preguntarse si efectivamente se están reproduciendo.
La demanda ciudadana
Las encuestas publicadas en los últimos meses revelan que ningún dirigente registra hoy una imagen positiva superior a la negativa. El desgaste alcanza al oficialismo y a la oposición, y revela una dificultad que excede la competencia entre Milei y el kirchnerismo. El presidente ya no puede descansar solamente en su condición de outsider. Las principales figuras del peronismo arrastran un deterioro que tampoco sería capaz de atraer mayorías. El resultado es una escena política sin liderazgos capaces, por ahora, de transformar las expectativas ciudadanas.
En este contexto, el periodista Luciano Román, en La Nación, publicó una columna de opinión en la que plantea la tesis de una “desilusión sin nostalgia”. En ese texto, se difundió una encuesta de la consultora Rubikon Intel en la que se afirma que el 60,9% de los votantes está dispuesto a evaluar un candidato nuevo, por fuera de La Libertad Avanza y del kirchnerismo.
Por cierto, no existe todavía una oferta política que se identifique con esta tercera vía. Y tampoco parece asomar algún dirigente que la pueda encarnar. Es decir, la demanda de renovación no encuentra ejemplos potencialmente válidos. Sin embargo, el dato puede ser revelador puesto que, de acuerdo con el referido sondeo, el desencanto con el presente no supondría la intención de regresar al pasado.
Faltan varios meses, pero la pretemporada electoral está en marcha. Unos buscan acuerdos para afianzar identidad y conservar aliados. Otros procuran ordenar la tropa con los apellidos de siempre. El cambio de nombres, la suma de dirigentes con ideologías afines, la conformación de alianzas y los encuentros “fraternos” entre personajes cuyas diferencias son ostensibles no se vislumbran hoy como respuestas sólidas a la demanda social que parece reclamar algo más que el despliegue de las mismas piezas en el terreno de juego.
