Análisis
El eco del atril: nació un tiempo híbrido
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/javier_milei.jpg)
Los gritos e insultos en el Congreso, el alineamiento con Occidente y cierta racionalidad técnica en el anuncio de reformas parecen indicar que el gobierno de Milei oscila entre el populismo clásico y una posible transición hacia lo que se llamaría “post populismo”. Una hibridez que también comenzaría a reordenar al fragmentado e incierto mapa opositor
Por Fernando Quaglia | LVSJ
En un ensayo político titulado “Post populismo: la nueva ola que sacudirá a Occidente”, el politólogo francés Thibauld Muzergues plantea la aparición de una nueva fase política que surge tras la "disrupción populista" de la década anterior. Lo hace a partir del análisis de la experiencia del gobierno derechista de Giorgia Meloni en Italia.
A partir de los giros pragmáticos de la líder italiana, establece que podría comenzar un período en el que las tendencias políticas de derecha superen las lógicas populistas clásicas y adopten rasgos mixtos entre el liberalismo económico, el conservadurismo político y nuevas formas de gestión que podrían alterar la manera en la que históricamente se han concebido las instituciones democráticas.
La “nueva ola” procuraría superar la dicotomía populistas de “nosotros versus ellos” para regresar a un debate ideológico más tradicional en las que las categorías “derecha – izquierda” volverían a aflorar, aun cuando pudieran aparecer nuevos términos para denominarlas.
En este marco, el autor sostiene que Meloni va camino a convertirse en una líder post populista: en política exterior rompió con la tradición de la derecha radical europea de coquetear con Rusia, apoya la Otan y a Ucrania y se asume europeísta. Además, su gestión, no exenta de sobresaltos, mantiene la estabilidad de los mercados y ha moderado la retórica extremista con la que llegó al poder en la cresta de la ola populista. Esto da paso a que se la observe como una estadista fiable, que, sin embargo, no renuncia a su agenda conservadora. Para Muzergues, el camino de la primera ministra italiana es el que probablemente sigan las derechas que quieran sobrevivir a largo plazo.
¿Y Milei?
A partir de ese análisis, mientras aún resuenan los ecos del estruendoso, por momentos escandaloso, episodio de un presidente vociferando desde un atril en el Congreso de la Nación contra un sector de la oposición que tampoco se quedó atrás en sus airadas manifestaciones y en el momento en el que la humanidad experimenta otra preocupante experiencia de guerra que exhibe todavía la vigencia de lógicas populistas, podría pensarse que la Argentina todavía navega en el encrespado mar del populismo, aunque con indicios de que podría surgir algo similar a eso denominado post populismo. Es decir, se viviría un tiempo híbrido.
Por un lado, el discurso del Congreso reprodujo con claridad el antagonismo planteado por Ernesto Laclau: la retórica inflamada para marcar la frontera entre “nosotros y ellos”. La teatralización estudiada del presidente para su presentación en el Parlamento encaja de lleno en el populismo clásico.
No obstante, diferencia de las prácticas populistas previas que buscaban alianzas "antihegemónicas", Milei ha declarado un alineamiento incondicional con EE. UU. e Israel. Asimismo, con alteraciones coyunturales y varias contradicciones, el gobierno insiste en ejecutar un programa rígido, en el que aparecen claves ideológicas tradicionales que lo acercan al planteo post populista. La épica del lenguaje populista centrada en la lucha contra “la casta” -destinataria de insultos varios del presidente durante su discurso en el Congreso- convive con el lenguaje técnico de administración sana, promesas (aunque sin precisiones) de nuevas y numerosas reformas y búsqueda de previsibilidad macroeconómica.
Un último dato dispara interrogantes. Se trata del anuncio sobre “modificar la arquitectura institucional” que refuerza las dudas acerca de cómo se concibe el funcionamiento de las instituciones democráticas, un flanco que abre caminos potencialmente riesgosos.
En definitiva, mientras el eco del atril sigue resonando, el outsider que llegó para derribar con la motosierra un sistema político decadente utiliza las formas populistas de siempre, aunque muestra indicios de que podría transitar un camino hacia el post populismo.
Algo similar podría ocurrir en el laberinto opositor. Mientras los sectores más radicalizados mantienen lógicas que no logran mover el termómetro electoral, la posibilidad cierta de que el gobierno sea ratificado el año próximo en las urnas comienza a impulsar intentos de reunir facciones cercanas a la tradicional categoría ideológica de la izquierda o centroizquierda, bajo la premisa -al menos declarativa- de no repetir prácticas populistas fracasadas. Siguiendo el razonamiento del autor francés, también allí podría registrarse un viraje hacia el “post”.
Quizás el rasgo dominante de esta etapa sea la hibridez. Esto es, una realidad política en la que el eco del atril muestra al populismo clásico, pero que empezaría a insinuar algo diferente.
