De milagro a batalla: Atlanta fue otra vez argentina
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/seleccion_argentina_3.webp)
La Albiceleste dio vuelta un partido histórico frente a Inglaterra y convirtió otra noche inolvidable en un nuevo capítulo de su camino hacia la gloria.
Por Ignacio Omedes | enviado especial desde la Copa del Mundo 2026.
Sin lugar a dudas, este Mundial 2026 no deja de sorprender. Lo que sucedió frente a Cabo Verde, el inolvidable triunfo ante Egipto y ahora esta semifinal contra Inglaterra quedarán grabados para siempre en la historia del fútbol argentino.
Atlanta ya tenía un lugar especial. Acá vivimos el “Milagro de Atlanta”, como lo bautizamos en LVSJ. Pero este miércoles la ciudad escribió un nuevo capítulo: la “Batalla de Atlanta”. Y, otra vez, quedó del lado argentino. Quizás de la manera más épica posible.
La Selección Argentina jugó, probablemente, su mejor partido de esta Copa del Mundo. Desde lo futbolístico fue ampliamente superior a Inglaterra, especialmente durante el segundo tiempo, cuando sometió al conjunto europeo, que prácticamente no encontró respuestas dentro del campo de juego. El gol inglés fue un baldazo de agua fría, producto de una desatención defensiva, pero lejos de golpear al equipo de Scaloni, terminó despertándolo. A partir de ahí hubo un solo protagonista. Inglaterra sufrió, y sufrió mucho. No pudo hacer pie, no encontró cómo sostener la ventaja ni cómo escapar del asedio argentino.
Leandro Paredes, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister firmaron un partido extraordinario. Pero merece un reconocimiento especial Giuliano Simeone. Su ingreso cambió el desarrollo del encuentro y volvió a demostrar el enorme acierto de Lionel Scaloni, que otra vez leyó el partido a la perfección. El entrenador acertó con cada modificación, dándole al equipo el aire y las piernas que necesitaba para sostener la intensidad. Y quienes ingresaron respondieron como debían hacerlo: Nicolás González, Rodrigo De Paul, Nicolás Otamendi y, por supuesto, el “Toro” Lautaro Martínez, ese delantero enamorado del gol.
Los goles fueron la consecuencia lógica de insistir por todos los caminos. La pelota parecía negarse a entrar. Jordan Pickford tuvo intervenciones decisivas y hasta los palos conspiraron contra la ilusión argentina. Pero el fútbol suele premiar a quienes nunca dejan de buscar.
Minuto 85. Lionel Messi juega para Enzo Fernández y el mediocampista, que ya había avisado varias veces, saca un remate imposible para el arquero inglés. El empate hace estallar al Mercedes-Benz Stadium y vuelve a encender la ilusión de todo un país.
Y cuando parecía que el tiempo ya no alcanzaba, apareció otra vez esa mística que acompaña a esta Selección. Minuto 93. Mac Allister estrella un remate en el palo, Messi recupera la pelota, lanza un centro desde la derecha y Lautaro Martínez aparece donde aparecen los grandes goleadores: dentro del área, para empujarla a la red y sellar una remontada inolvidable. Argentina estaba, una vez más, en una final del mundo.
Lo que ocurrió después fue una escena digna del cine. La forma en la que se ganó. El desahogo de los jugadores abrazados con los hinchas. La bandera de Malvinas flameando entre los festejos. Las lágrimas, los abrazos y la sensación de estar viviendo otra página histórica. Fue una de esas noches que difícilmente puedan borrarse de la memoria colectiva.
Ahora espera el último desafío. El más difícil de todos. Pero este grupo ya demostró que está preparado para cualquier obstáculo. Ya superó la adversidad, ya escribió capítulos inolvidables y volvió a poner a la Argentina en una final del mundo.
Allá vamos, Nueva York. En busca de la cuarta estrella. En busca de completar este sueño mundial.
