Entrevista
De los residuos a los ecomateriales: el trabajo de María Eugenia Taverna desde la ciencia
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Desde la investigación científica hasta el trabajo con cooperativas locales, esta ingeniera química impulsa el desarrollo de ecomateriales a partir de la basura, y propone repensar la forma en que producimos y descartamos: “Un vez que uno separa los residuos, hay que encontrarles un destino”.
Transformar residuos en nuevos materiales, tender puentes entre la investigación científica y la realidad social, y generar conciencia ambiental desde lo cotidiano. Ese es el eje del trabajo que viene desarrollando María Eugenia Taverna, ingeniera química formada en la Facultad Regional San Francisco de la UTN, doctora en química y actual investigadora del Conicet, docente universitaria y referente en el abordaje de los ecomateriales a partir del reciclado de plásticos.
Su recorrido académico comenzó en nuestra ciudad, donde se recibió de ingeniera química, y continuó con un doctorado en la Universidad Nacional del Litoral, dentro de un grupo de investigación especializado en polímeros. Desde ese ámbito estrictamente científico, en 2019 surgió la posibilidad de dar un paso más: llevar el conocimiento generado en el laboratorio hacia un plano social y comunitario.
La oportunidad llegó a través de una convocatoria de la Fundación Lozano, que le permitió pensar un proyecto con impacto local. “La idea fue poder hacer ecomateriales con los residuos plásticos de la cooperativa La Virgencita, acá en San Francisco”, explicó a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO. El desafío era claro: recuperar materiales descartados y convertirlos en nuevos elementos con utilidad concreta.
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Para Taverna, el concepto de ecomaterial tiene una definición sencilla pero profunda. “Es tratar de recuperar residuos plásticos, de los que usamos todos los días, para producir otro elemento que pueda utilizarse”, señaló. No se trata solo de reciclar, sino de revalorizar aquello que generalmente se descarta sin pensar en su destino final.
La experiencia con la cooperativa fue uno de los aspectos más significativos del proyecto. Más allá del resultado técnico, el trabajo compartido le permitió conocer de cerca otra realidad y sumar una dimensión humana a su formación. “Fue una experiencia muy linda. Me permitió crecer académicamente, pero también personalmente”, afirmó. El contacto cotidiano con las personas que integran la cooperativa le dejó una huella profunda.
Desde su mirada, el abordaje de los residuos y el reciclado es un desafío global, aunque con realidades muy distintas según los países. Durante una estancia en España, Taverna pudo observar que en algunos lugares la separación y disposición de residuos está mucho más incorporada a la vida cotidiana. Sin embargo, remarcó que para que eso ocurra es clave el rol del Estado. “Se necesitan más políticas a nivel regional, municipal y de gobierno que puedan llevar adelante este tipo de iniciativas”, sostuvo.
También reconoció que, aunque existen avances, todavía falta camino por recorrer. Muchas investigaciones, explicó, se quedan en pruebas de concepto, en escalas muy pequeñas, y el gran desafío es poder ampliarlas y llevarlas a una aplicación más extendida que permita una mejor recuperación de los residuos.
Actualmente, Taverna vive en Santo Tomé, pero mantiene un vínculo permanente con San Francisco. Desde su paso por la UTN local, participó en experiencias vinculadas a la separación de residuos, junto a grupos de buenas prácticas sustentables. “Hay buena voluntad y predisposición, pero muchas veces no es fácil, porque una vez que uno separa los residuos, hay que encontrarles un destino”, advirtió.
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Ese punto, señaló, suele ser donde fallan los sistemas de reciclado. Aun así, destacó que se trata de procesos graduales, que requieren tiempo y, sobre todo, concientización social. “Es de a poquito, porque necesita mucha conciencia de parte de la sociedad”, remarcó.
En cuanto a los destinos posibles de los residuos, mencionó que en San Francisco el cartón y el papel tienen uno de los circuitos más aceitados. A través de cooperativas y puntos de recolección, esos materiales se comercializan luego con empresas del rubro, cerrando el ciclo de reciclado de manera eficiente. “Es uno de los materiales que mejor reciclado tiene en relación a todo lo que generamos”, indicó.
En ese esquema, la existencia de cooperativas como La Virgencita cumple un rol fundamental. No solo facilitan la recuperación de residuos, sino que también generan inclusión social y trabajo digno. “Ayuda a esas personas a sentirse útiles, a tener un trabajo digno, aunque sea muy arduo, porque recorren la ciudad con carros recolectando cartón”, expresó.
Más allá de las políticas públicas y los proyectos institucionales, Taverna puso el foco en las acciones individuales. Para ella, muchas prácticas cotidianas pueden marcar la diferencia. Desde evitar el exceso de packaging en productos como frutas y verduras, hasta cuidar el uso del agua o no arrojar papeles en la vía pública. “Parecen cosas simples, pero muchas veces no tenemos esa educación”, reflexionó.
También hizo referencia a problemáticas visibles en la ciudad, como la formación de microbasurales, y sostuvo que todas esas pequeñas decisiones diarias están al alcance de cualquier persona. “Son prácticas simples que podemos hacer todos”, afirmó.
En relación a los Puntos Verdes instalados en San Francisco, consideró que se trata de una política positiva y necesaria. “Es un punto de partida para poder separar residuos. Quizás al principio en categorías más simples, pero sirve para empezar”, destacó, y agregó que este tipo de iniciativas pueden incentivar a los vecinos a involucrarse.
De cara al futuro, Taverna continúa trabajando en investigación vinculada al aprovechamiento de residuos. Uno de sus principales objetivos es lograr que los desarrollos que hoy se realizan a pequeña escala puedan ampliarse y tener mayor impacto. “Me gustaría que todo lo que hacemos como prueba de concepto se pudiera escalar”, afirmó.
También expresó su deseo de que crezca la conciencia ambiental en la sociedad y de poder seguir trabajando junto a cooperativas y espacios comunitarios.
Respecto al nivel de conciencia ambiental actual, consideró que se están dando avances, aunque subrayó la importancia de trabajar especialmente con las infancias. “El público que debería ser abordado son los chicos, los niños de cinco o seis años. Hay que educar desde muy temprano”, sostuvo.
En lo profesional, María Eugenia Taverna se desempeña como docente en la UTN, integra el (Ingeniería de Procesos Sustentables) dirigido por la doctora Alfonsina Andreatta, es docente de la UNL (Universidad Nacional del Litoral) e investigadora adjunta del CONICET en un instituto de Santa Fe, lo que implica viajar semanalmente para cumplir con sus tareas académicas y científicas.
Desde la investigación, la docencia y el trabajo territorial, su recorrido demuestra que la ciencia también puede ser una herramienta concreta para pensar soluciones ambientales con impacto social, ancladas en el territorio y construidas de manera colectiva.
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