Ariel Muratore, del dolor a un proyecto que reconoce a quienes construyen comunidad
:format(webp):quality(60)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/ariel_muratore_1.webp)
El responsable de Arquitectos Sociales repasó los orígenes de una iniciativa que nació en un taller metalúrgico de San Francisco como un homenaje familiar y que, dieciséis años después, se convirtió en un espacio que visibiliza historias de vida, entrega reconocimientos y promueve distintos proyectos comunitarios.
Hace dieciséis años, nadie imaginaba que un pequeño ciclo de entrevistas terminaría convirtiéndose en uno de los proyectos sociales y culturales más reconocidos de San Francisco. Tampoco que una idea surgida alrededor de una mesa de trabajo, mientras un grupo de amigos compartía un café en un taller metalúrgico, daría origen a cientos de entrevistas, una gala anual que distingue a vecinos de distintos ámbitos y múltiples iniciativas destinadas a fortalecer el sentido de comunidad.
Detrás de esa historia está Ariel Muratore, impulsor y responsable de Arquitectos Sociales de San Francisco, quien en una entrevista con POSTA/LA VOZ DE SAN JUSTO reconstruyó el recorrido del proyecto desde sus comienzos. Pero para entender cómo nació Arquitectos Sociales, primero hay que retroceder a una pérdida que marcó profundamente a su familia.
Todo comenzó con Daniel Muratore, su hermano mayor. Daniel falleció en diciembre de 2009, a los 54 años, luego de atravesar un cáncer de pulmón. Su muerte fue un golpe muy duro para la familia. Trabajaba por las mañanas en el taller familiar como tornero y fresador y, por las tardes, atendía la peluquería que compartían desde hacía décadas.
Sin embargo, Ariel asegura que el legado de Daniel fue mucho más allá de su oficio. "Nos contaba historias de personas extraordinarias que conocía mientras les cortaba el pelo. Siempre decía que atendía a verdaderos héroes de San Francisco", recuerda.
:format(webp):quality(60)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/ariel_muratore_2.webp)
Aquellas historias aparecían especialmente cuando la familia atravesaba momentos difíciles. Durante la década del noventa, cuando la apertura de importaciones golpeó con fuerza a los pequeños talleres y a buena parte de la industria local, el ánimo no siempre era el mejor.
"Nos desanimábamos bastante porque era una época muy complicada. Y él nos decía: 'Yo les corto el cabello a personas que tienen muchísimos más problemas que nosotros y nunca pierden la alegría'”.
Después comenzaban los relatos. Vecinos que cuidaban hijos con discapacidad mientras sostenían instituciones. Personas que atravesaban situaciones familiares muy complejas y, aun así, encontraban tiempo para colaborar con clubes, comisiones o entidades. Historias que, según Muratore, les permitían volver a poner en perspectiva sus propios problemas.
"Siempre encontraba ejemplos de gente maravillosa. Nosotros decíamos: ¿de dónde sacan tiempo, fuerza y ganas para hacer todo eso?"
Cuando Daniel murió, la familia sintió la necesidad de hacer algo para recordarlo. Durante varios meses pensaron distintas posibilidades. Escribir un libro. Publicar sus relatos. Realizar algún homenaje. Pero ninguna idea los convencía completamente. "Sentíamos que nada reflejaba realmente quién había sido él", destacó.
La tarde que cambió todo
La respuesta apareció casi por casualidad. Era una tarde muy fría de mayo de 2010. En el taller familiar había una estufa encendida, café sobre una cocina y el movimiento habitual de vecinos y amigos que entraban unos minutos para conversar antes de seguir con sus actividades.
Entre ellos estaba Sergio, uno de los colaboradores históricos del proyecto. Muratore recuerda que le contaron la inquietud que tenían por homenajear a Daniel. La respuesta fue inmediata. "'Pónganse delante de una cámara y hagan que la gente cuente su propia historia', nos dijo". La frase terminó cambiando el rumbo de todo. "No teníamos que hablar nosotros. Tenían que hablar ellos", agregó.
Así nació la idea de realizar entrevistas donde fueran los propios protagonistas quienes relataran su historia de vida. El proyecto comenzó con un formato muy diferente al actual. Cada entrevista duraba apenas tres minutos. Cada mes se elegían cinco personas. Y durante cuatro semanas consecutivas se emitía un fragmento distinto de cada historia.
El primer programa salió al aire el 27 de septiembre de 2010. "Arrancamos pensando que si lográbamos entrevistar a diez personas ya éramos los tipos más felices del mundo”, añadió. Nada hacía pensar que dieciséis años después superarían los 460 entrevistados.
El origen del nombre
Una vez definido el proyecto, quedaba resolver una cuestión fundamental: cómo llamarlo. La respuesta volvió a aparecer entre lecturas y conversaciones. Muratore recuerda que tiempo antes había leído documentos de Juan Pablo II, figura a la que siempre admiró. En uno de esos textos encontró una expresión que le quedó dando vueltas durante varios días. Arquitectura social.
"Él hablaba de participar, de comprometerse con la comunidad, de embarrarse, de construir junto con los demás”, destacó. Aquella idea regresó durante una charla en el taller. "Les dije: ¿qué les parece si pensamos que cada persona puede ser un arquitecto social?", manifestó. La respuesta fue inmediata. El nombre quedó para siempre. Años después, Muratore encontró similitudes entre ese mensaje y el que impulsaría el papa Francisco al convocar a los jóvenes a involucrarse activamente en la realidad.
Cuando aparecieron los premios
Con el correr de los meses, las entrevistas comenzaron a despertar un fuerte interés entre los vecinos. Fue entonces cuando surgió una nueva propuesta. Durante una reunión realizada en julio de 2011, Muratore y su equipo comenzaron a preguntarse por qué no reconocer públicamente a quienes estaban entrevistando.
"Veíamos personas extraordinarias en todos los ámbitos”, señaló. Así nació la gala anual de Arquitectos Sociales. Desde el comienzo se organizaron distintas categorías. "Había historias durísimas. Sentíamos que esas personas eran un ejemplo para toda la comunidad”, agregó.
Una gala que ya es parte de la ciudad
Durante años la ceremonia se realizó en el Teatrillo Municipal. Después de la pandemia pasó al Centro Empresarial y de Servicios. Muratore asegura que, desde la primera edición, la respuesta del público siempre fue la misma. "Siempre estuvo lleno”, indicó.
Además de familiares y vecinos, suelen participar representantes de distintas instituciones y autoridades. Para Muratore, sin embargo, el verdadero protagonismo siempre pertenece a quienes son reconocidos.
Mucho más que entrevistas
Con el paso de los años Arquitectos Sociales dejó de limitarse a las entrevistas y a la gala anual. Actualmente el grupo impulsa distintos proyectos vinculados con el patrimonio y la memoria. Entre ellos se encuentran la recuperación de plazas, el mantenimiento de espacios y la organización de actos patrios. También incorporaron recientemente la Guardia de Honor a las Glorias del Norte, integrada mayoritariamente por mujeres.
Después de la pandemia nació además la distinción Luna de la Mujer, mediante la cual la comunidad postula vecinas destacadas en distintas categorías.
El taller sigue siendo el punto de partida
Aunque Arquitectos Sociales demanda buena parte de su tiempo, Muratore continúa vinculado al emprendimiento familiar. Hoy sus hijos trabajan activamente en el taller.
La empresa, explica, lleva 34 años dedicada al arte funerario, aunque durante décadas también realizó mecanizado de piezas industriales y fundición de aluminio y bronce. Actualmente él concentra buena parte de su tiempo en el local comercial y en el desarrollo de esculturas para distintos proyectos comunitarios. "Las esculturas me hacen bien. Son una manera de distraerme”, manifestó. Entre los trabajos que realiza actualmente mencionó una gran luna metálica y distintos elementos destinados a la Guardia de Honor.
"San Francisco es mi patria chica"
Sobre el final de la entrevista, Muratore deja de hablar del proyecto para hablar de la ciudad. Y lo hace con la misma convicción con la que recuerda a su hermano. A los 16 años dejó San Francisco para estudiar en el Colegio Militar. Más tarde fue destinado al extremo sur del país y recorrió gran parte de la Patagonia y Tierra del Fuego. Sin embargo, nunca dejó de pensar en regresar. "Cuando llegaban las licencias yo ya empezaba a preparar la valija una semana antes”, remarcó.
Todavía recuerda la emoción que sentía cuando el colectivo se acercaba a San Francisco. "Yo venía parado esperando ver aparecer la ciudad”, indicó. Esa sensación, asegura, continúa intacta.
Puede viajar, conocer otros lugares y disfrutar de nuevas experiencias, pero siempre aparece el mismo deseo. "Después de dos o tres días ya quiero volver”, indicó. Para Muratore, la ciudad explica buena parte de todo lo que hizo durante estos años. "La gente de San Francisco es maravillosa. Es emprendedora, solidaria y siempre está dispuesta a acompañar”, detalló.
Por eso sostiene que Arquitectos Sociales nunca fue solamente un proyecto de entrevistas. Fue, desde el primer día, una manera de devolverle a la ciudad parte de lo que la ciudad le dio a él.
Y cada vez que recuerda el origen de la iniciativa, vuelve inevitablemente a la misma imagen: la de su hermano Daniel hablando de aquellos vecinos anónimos que, sin buscar reconocimiento, dedicaban su tiempo a mejorar la vida de los demás. Sin saberlo, fueron ellos quienes inspiraron una historia que dieciséis años después sigue escribiéndose.
:format(webp):quality(60)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/ariel_muratore.webp)
