Entrevista
Angélica Cabrera: cuando los otros llaman
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La vecina, exdocente y actual periodista, fue distinguida con el premio “Luna de la mujer” del Proyecto Arquitectos Sociales. Una mujer inquieta, que en silencio y cuando alguien necesita, aparece para estar y ayudar.
Angélica Lucinda del Carmen Cabrera tiene 63 años. Es periodista egresada del Cres y fue docente de enseñanza primaria. Es hija, esposa, madre de 7 hijos y abuela de 10 nietos. Fue catequista y es, una de las vecinas históricas de barrio Jardín. Angélica o, la Angélica.
La semana que pasó fue distinguida por el Proyecto Arquitectos Sociales con el premio “Luna de la mujer”, un reconocimiento que se alcanza tras recibir la votación de otros vecinos y que sirve para conmemorar la trayectoria de vida de alguien que en el caso de Angélica ha construido un camino de servicio y de solidaridad hacia causas y personas por el solo hecho de conmoverse con la necesidad o la falta que ese alguien puede estar atravesando, “Te nace”, va a decir en el transcurso de la charla con La Voz de San Justo, con la simpleza de alguien que corporiza el altruismo con una mirada que abraza.
“No sé explicarlo. Estoy contenta. Hay una frase que me gusta y que quizás me defina un poco que es cuando hay una necesidad nace un derecho. Me gusta definirme por ahí. Yo amo todo lo que sea social. Donde hay una necesidad, yo trato de estar. Siempre fue así. Vos venís y me decís, Negra, vos sabes que estos chicos están necesitando algo, le está faltando esto o aquello. Y yo trato de acercarme y buscar la forma para ayudar”, va a responder Cabrera ante la consulta de porque considera que se quedó con el reconocimiento, y agrega ¨Y no me quedo quieta. No te puedo explicar por qué.
Pero te viene, te viene, la necesidad de estar ahí y poder dar una mano”.
“Una vez mientras estaba de vacaciones en las Sierras con mi familia, recuerdo que se desata el motín en el penal de barrio San Martín en Córdoba, y recuerdo que mientras miraba las imágenes en la tele pensaba ¿Pero por qué sucede todo esto? ¿Qué pasa dentro de las cárceles? ¿Cómo viven estos muchachos? ¿Cómo es el clima ahí adentro? Y un día voy a misa, y el padre Mingo, dice, que estaban buscando gente para trabajar en la pastoral penitenciaria, que íbamos a conocer la sociedad que está del otro lado de la reja. Y acepté estar ¿Entendés? Me vienen, me aparecer las cosas”, cuenta desde su casa a la hora de ilustrar con palabras eso que para ella ha sido y sigue siendo tan natural, pero que conlleva una dedicación que a veces es muy difícil de compatibilizar con la cotidianidad y sostener en el tiempo, por las horas que involucra estar y la carga emocional que significa intervenir lugares que se desconocen para ver como se puede dar una mano. Las dos, el cuerpo entero.
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Mientras tanto
Angélica trabajó hace treinta años como docente de enseñanza primaria en escuelas de Castelar y Frontera. Lo hizo hasta que la crianza de sus hijos le puso un limite a sus plenas capacidades como docente. En ese período que se dedicó a acompañar y educar a sus cuatro varones y sus tres mujeres. Una vez que cada uno de los siete culminó sus estudios secundarios, Angélica volvió a tener tiempo más tiempo para ella. Y claro, no se quedó quieta. Veinticuatro años más tarde volvió a las aulas, pero esta vez del otro lado para estudiar la -ahora extinta- Licenciatura en Comunicación Social en el Centro Regional de Estudios Superiores, el Cres, de nuestra ciudad. Tenía 50 años.
“Yo me tuve que bajar del caballo. Yo venía con mi librito de catequista, mi librito de la iglesia, de un montón de cosas, de costumbres. Y los chicos me abrieron el panorama. Yo no me cuestionaba ¿Te das cuenta? No me cuestionaba cosas. La idea de tener un criterio propio… mis compañeros de facultad, los jóvenes, mis hijos me abrieron muchísimo la cabeza. Me permitieron eso. Y yo también me lo permití, yo también decidí abrirme a eso”.
Y luego de un años después de recibida, el compromiso para con los otros, por una causa más grande que ella, la volvería a encontrar con esa pasión que encontró de grande.
Hace unos años, empezó a colaborar y a participar del colectivo de Jubilados y Pensionados Autoconvocados de nuestra ciudad, un grupo que brega y trabaja para darle facilidades y que se cumplan los derechos de esas personas que gozan del retiro luego de una vida de trabajo. En una de las rondas de notas y entrevistas que el grupo hizo por los medios de Sn Francisco, un periodista de la ciudad la invitó a ser parte del programa matinal de una FM local. Angelica encontró el apoyo de su compañero José, como cuando decidió estudiar periodismo, y llena de miedos dijo que sí. Y ya hace un año que se despierta todos los días a las cinco de la mañana para preparar sus intervenciones en el programa y hacer radio, hasta cerca del mediodía.
Ante las dudas, ir. Estar y hacer. Hasta que no se haga más.
Con esa especie de máxima, Cabrera se ha manejado toda la vida. Desde su trabajo en la iglesia, como catequista, siempre tuvo acceso a un sinfín de problemáticas que la conmovieron y la hicieron acercarse para ayudar pero nunca fue por tiempo indefinido. Le pregunto porqué: “Yo estuve en el momento justo, hice lo que tenía que hacer, y si hay otra persona que lo quiera hacer o lo quiere continuar mejor que yo, listo, hago un paso al costado. No me enraicé en nada. No me até a nada.
¿Y por qué? Porque creo que hay un tiempo, un tiempo donde estoy, y después me aparece otra cosa, y a lo mejor esto ya está, ya lo hice, ya funciona, ya se encaminó, y si surge otra cosa, voy por la otra. Una vez que ya está todo organizado, me retiro. Quizás no está bien, a lo mejor, no sé. Pero gasto mi vida en el servicio”.
Para ella un gasto, para el resto una inversión imperecedera que hizo que haya reconocida por gente como ella a través de Arquitectos Sociales “Lo que yo quiero con este premio es que más allá de los logros, se pueda entender que las cosas ordinarias que yo hago, las hace cualquiera. Es más, a lo mejor hay otras personas que hacen mucho mejor y que no son visibilizadas, y las hacen en silencio. Y las hacen porque hay que hacerlas. Si tenés las herramientas, ¿por qué no las vas a poder hacer? Entonces yo lo que quiero es que la gente se contagie. Que lean esto y digan: che, puedo hacer las cosas. Si yo lo puedo hacer con siete hijos, sin plata…Entonces lo que yo quiero es que se contagien y que puedan trabajar en el refugio, en los merenderos, porque yo creo que todos tenemos esas cualidades adentro”.
