Entrevista
Alejandro Real: volver a lo analógico en tiempos de lo inmediato
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En San Francisco, abrió un espacio dedicado a vinilos, CDs y cassettes, donde la música se escucha sin apuro y desafía la era digital. “Creo que es fundamental desconectar un poco, poner una pausa e ir a lo físico”, afirma.
En una época atravesada por la inmediatez, las plataformas digitales y el consumo rápido, hay quienes eligen ir a contramano. Apostar por el objeto, por el sonido con textura, por la experiencia de escuchar música como un ritual. En San Francisco, ese camino lo tomó Alejandro Real, vecino de la ciudad, quien decidió abrir Flash Point, un espacio dedicado a la venta de CDs, vinilos y cassettes, pero también a algo más profundo: recuperar una forma distinta de vincularse con la música.
La historia del local no comenzó con una persiana que se levanta, sino con una cuenta de Instagram. “Esto nació en 2023, primero abriendo por redes, con ventas online”, comentó Alejandro a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO. Detrás de ese inicio estaba su propia historia como oyente y coleccionista: “Todo surge a partir del coleccionismo de la música, de escuchar en formato físico, ya sea en cassette, CD, vinilo”.
Ese vínculo no es nuevo. Lo acompaña desde chico. “Siempre fui de comprar mi CD, cassette, de coleccionar, de ir a recitales”, recordó. La música, en su caso, no fue solo un pasatiempo, sino una forma de estar en el mundo. Con el tiempo, esa pasión empezó a tomar otra forma: primero como venta online, luego como proyecto de vida.
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El salto llegó este año, cuando decidió dejar su trabajo como empleado de comercio y apostar de lleno al emprendimiento. “Hace dos meses tenía otro trabajo, decidí irme y así de una me picó el bicho de decir ‘voy a abrir el local’”, relató. La decisión, reconoce, no fue sencilla ni estaba en sus planes: “Sinceramente no esperaba abrir un local, y menos por la situación que está medio complicada. Fue todo muy de golpe”.
Hoy, Flash Point funciona como un punto de encuentro en Alberdi 1607, de lunes a lunes y de 17 a 20. No solo para comprar música, sino para escucharla. El espacio cuenta con bandejas de vinilo, reproductores de cassette y compacteras, disponibles para quienes quieran experimentar el sonido en su formato original. “La idea es que la gente pueda venir, escuchar música, comprar. De eso se trata”, explicó.
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En ese sentido, el diferencial no está únicamente en el producto, sino en la experiencia. En tiempos donde una canción se reproduce en segundos desde un celular, Alejandro propone frenar. “Creo que es fundamental desconectar un poco. Poner una pausa, ir a lo físico, conectar con lo analógico”, sostiene. Para él, no se trata de oponer lo digital a lo físico, sino de entender que son experiencias distintas: “El formato digital no es malo, pero es otro estilo. Acá pasa más por una cuestión de nostalgia, de tener el disco”.
La respuesta del público, según cuenta, fue inmediata y positiva. “Muy buena, la verdad que la gente la notó muy contenta con el espacio. Todo el tiempo me decían ‘hacía falta’, ‘qué bueno que haya un lugar así’”, destacó. Ese reconocimiento, asegura, es uno de los motores que lo impulsa a seguir.
Alejandro también se nutre de una lógica particular: la búsqueda constante. “Esto se trata de buscar, de moverse. Siempre aparece alguien que tiene CDs o cassettes guardados en su casa”, explicó. Ese circuito permite no solo abastecer el local, sino también darle una segunda vida a materiales que estaban olvidados.
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En cuanto a los formatos, hay una sorpresa: el cassette volvió con fuerza. “Es uno de los formatos que más sale junto con el vinilo”, afirmó. Una tendencia que dialoga con lo que sucede a nivel global: el resurgimiento de lo físico, incluso entre generaciones que no crecieron con esos dispositivos.
De hecho, uno de los fenómenos que más lo sorprenden es el interés de los más chicos. “Me pasa de mandar cassettes a chicos de 12 años, o un CD de Ramones para un nene de 8”, cuenta. La reacción, dice, es siempre la misma: asombro. “Quedan flashados, contentos. Es increíble porque podrían escucharlo por una plataforma, pero eligen esto”.
En las bateas del local conviven clásicos internacionales y discos nacionales icónicos. Desde The Beatles, Rolling Stones, Pink Floyd o Led Zeppelin, hasta joyas del rock argentino como “Clics modernos” de Charly García, “Artaud” de Luis Alberto Spinetta o “Oktubre” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. “Hay de todo un poco, para todos los gustos”, resumió.
Además, el espacio no se limita a la venta: también ofrece bandejas, walkman y distintos equipos para quienes quieren iniciarse en el mundo del formato físico. A eso se suma la posibilidad de comprar, vender o canjear material, ampliando así el circuito de intercambio.
Alejandro, que es oriundo de Mar del Plata y vive en San Francisco desde hace una década, asegura que no tiene registro de otros espacios similares en la ciudad actualmente. En ese contexto, Flash Point aparece como una propuesta singular, que te lleva al pasado.
A la hora de pensar en el futuro, su mirada es clara. Más allá de la rentabilidad, lo que busca es sostener el espíritu del lugar: “Que sea un espacio donde la gente pueda venir, desconectar de la vorágine de la tecnología y también encontrarse con lo social”. En otras palabras, un refugio frente al ritmo acelerado de lo digital.
Por otra parte, Alejandro profundizó sobre la diferencia entre el formato físico y las plataformas digitales y fue directo. “La diferencia es el sonido principalmente, es mucho mejor lo que el formato físico”, destacó. Pero también puso el acento en la experiencia completa: “El arte de tapa, el librito, o sea el disco, ponerlo, escucharlo todo”. En contraposición, observó que hoy predomina un consumo más fragmentado. “Uno con las aplicaciones salta los temas, ya no escuchan más el disco completo”, destacó.
En ese sentido, remarcó que “se perdió esa pausa, todo va muy acelerado” y definió su propuesta como una invitación a “volver a las raíces”, retomando el ritual de elegir un disco, abrirlo y escucharlo del primer tema hasta el último.
El objetivo, de algún modo, ya empezó a cumplirse. “Con la respuesta que estoy teniendo, ya me siento conforme”, reconoció. Y cierra con un mensaje simple pero sentido para quienes acompañaron el proyecto desde el inicio: “Gracias a todos los que vinieron, quiero que sepan que tienen un lugar donde pueden venir a desconectar un poco y conectar con lo analógico”.
En tiempos donde todo parece efímero, Alejandro propone quedarse. Escuchar. Y volver a girar el disco.
