Vivir, empatizar y agradecer
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La mesa de esta Nochebuena es una magnífica ocasión para dar gracias. Un gesto noble y sencillo, pero irrenunciable. Porque son tantas las cosas por agradecer que enumerarlas sería muy extenso.
La cristiandad celebra esta noche el nacimiento de Jesucristo. Millones de personas se sentarán a la mesa para cenar en familia en un ritual que desde hace siglos se repite. Plagadas de buenas intenciones, las expresiones navideñas resumen en sí mismas los anhelos de todos los hombres de buena voluntad. Establecen, de esta manera, los parámetros sobre los que teóricamente debe regirse la convivencia en una comunidad marcada por valores cuya vigencia tiene ya más de 2 mil años.
Para millones de personas, la Navidad no es un día feriado más. Tampoco una fecha histórica. Para los creyentes tiene un valor muy especial. Quienes no lo son, en su gran mayoría, comprenden esa significación que se entronca en raíces culturales añejas, reformuladas y recreadas a partir de nuevas concepciones, pero sin alterar el profundo mensaje de paz y humanidad que alberga la festividad.
Es este el marco en el que la Navidad se transforma en un presente permanente. Que las comunidades de esta región, forjadas a la luz de la profunda religiosidad de nuestros ancestros, viven intensamente. Celebrar la vida es, entonces, el primer gran argumento para que esta Nochebuena alcance la plenitud. Con la esperanza de atisbar un mejor porvenir, una más sana convivencia con la fraternidad como virtud a alcanzar.
Por otra parte, en su mensaje del año pasado para esta fecha, el Papa Francisco calificó a la Navidad como "fuente de la verdadera paz". Pero advirtió que resuenan "a nuestro alrededor y en el mundo entero, muchos conflictos, crisis y contradicciones. Parece que no terminan nunca y casi pasan desapercibidos. Nos hemos habituado de tal manera que inmensas tragedias ya se pasan por alto; corremos el riesgo de no escuchar los gritos de dolor y desesperación de muchos de nuestros hermanos y hermanas".
¿Puede haber paz en las mesas navideñas si los rencores persisten? ¿Puede haberla si la indiferencia hacia los demás es una conducta habitual? Ponerse "en los zapatos del otro" no siempre es una virtud visible. Sin embargo, de acuerdo con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, la inteligencia interpersonal es la capacidad de reconocer las emociones de los demás. Son las aptitudes que una persona pone en práctica en los vínculos que establece con otras personas. Su objetivo primordial es entender a los demás, basándose en la empatía y en la armonía con los semejantes.
Es la Navidad también una oportunidad para revincularnos con el semejante. Para tratar de entender al que piensa distinto, al que actúa de modo diferente. "La gracia de la armonía es lograrla no solo cuando tenemos ideas comunes, que resulta siempre más confortable y menos estimulante, sino también posiciones divergentes. La cualidad empática está en conseguir hacer de la diferencia una virtud", en palabras del neurólogo, devenido en político, Facundo Manes.
Finalmente, la mesa de esta Nochebuena es una magnífica ocasión para dar gracias. Un gesto noble y sencillo, pero irrenunciable. Porque son tantas las cosas por agradecer que enumerarlas sería muy extenso. Entender la otredad desde el mensaje humilde del Pesebre. Dar gracias por la salud, por la familia, por los amigos, por el trabajo, por la bendición de habitar esta tierra.
La Navidad nos invita a celebrar la vida que renace cada año en la imagen de un pesebre.
