Viviendas: calidad y acceso
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San Francisco se ubica entre las ciudades con mejores indicadores de habitabilidad del país, aunque el acceso a la vivienda propia sigue siendo el gran desafío pendiente.
El problema habitacional en la Argentina es uno de los que más preocupación genera en la ciudadanía. La calidad de las construcciones, las debilidades en materia de infraestructura sanitaria urbana y las dificultades en el acceso a la vivienda propia continúan siendo requerimientos de gran parte de la población que no puede gozar de dignas condiciones de habitabilidad.
La inoperancia de los distintos gobiernos para mejorar las condiciones de vida y garantizar el derecho a una vivienda propia ha sido una constante durante décadas. En algunas regiones se mantienen deplorables situaciones de aglomeración y carencia de agua potable y cloacas que agreden la conciencia y obligan a la acción.
Los datos más recientes muestran que, al menos para ciudades como San Francisco, esa realidad ha cambiado de manera significativa. El Índice de Hábitat Urbano elaborado por la Fundación Tejido Urbano ubica a nuestra ciudad entre las de mejor desempeño del país en materia habitacional. Los indicadores son elocuentes: bajos niveles de hacinamiento, escasa presencia de viviendas irrecuperables, buena cobertura de servicios y un parque habitacional que, en términos generales, ofrece condiciones de habitabilidad superiores al promedio nacional.
No es un dato menor. Es el resultado de una expansión urbana relativamente ordenada, de importantes inversiones públicas y privadas, del extendido desarrollo de infraestructura básica y también de una comunidad que históricamente ha valorado la vivienda como un patrimonio familiar. Mientras muchas ciudades argentinas todavía deben enfrentar déficits estructurales muy severos, San Francisco exhibe, en este tema, fortalezas que merecen ser reconocidas.
Este dato tan auspicioso debe celebrarse, pero también obliga a mirar un problema diferente. Paradójicamente, cuanto mejores son las condiciones materiales de una ciudad, más evidente aparece una dificultad que durante muchos años permaneció en segundo plano: el acceso a la vivienda propia.
El informe citado revela que más de tres de cada diez hogares sanfrancisqueños viven en viviendas alquiladas, una proporción que ubica a la ciudad entre la parte baja de la “tabla de posiciones” de la categoría que analiza el acceso relativo a la propiedad, considerando el grupo de localidades con mejores indicadores urbanos.
En algunos países, alquilar una vivienda no es un síntoma de precariedad. Muchas son las ciudades donde ser inquilino es una opción plenamente aceptada. Sin embargo, por mandatos familiares o cuestiones culturales, la propiedad de la vivienda en la Argentina es mucho más que una aspiración. La seguridad patrimonial, la estabilidad familiar y la previsibilidad económica son activos muy valorados aquí. En nuestra ciudad también.
Por eso que un tercio de las viviendas sean alquiladas refleja las históricas dificultades para acceder al crédito hipotecario, el aumento sostenido del valor de los terrenos y el desfasaje entre los ingresos de las familias y el costo de un inmueble. La creación de condiciones para que muchas familias puedan ser propietarias es, por ello, una necesidad impostergable en la gestión de un gobierno.
Advertir sobre esta realidad pone en perspectiva los logros alcanzados en materia de habitabilidad en San Francisco. La ciudad ocupa un lugar privilegiado en un ranking que deja al descubierto realidades muy dolorosas. Es un logro que merece celebrarse. Y que permite concentrar esfuerzos en el ambicioso objetivo de generar reales oportunidades de acceso a la vivienda propia para muchas familias sanfrancisqueñas.
