Viole Sarra, la campeona que ahora va por su sueño más grande
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Después de años de competencias nacionales e internacionales, la gimnasta sanfrancisqueña atraviesa el mejor momento de su carrera. A los 17 años, viene de consagrarse campeona sudamericana individual y en trío y se prepara para disputar por primera vez un Mundial.
Violeta Sarra tenía apenas cinco o seis años cuando empezó con la gimnasia aeróbica. Antes había pasado por la danza, siguiendo de cerca a su hermana, que ya estaba vinculada a la actividad. Más de una década después, aquella nena que comenzó siguiendo sus pasos acaba de consagrarse campeona sudamericana y está a punto de disputar su primer Mundial.
“Siempre estuve motivada por mi hermana, porque era la que estaba más en el tema de la competencia fuerte”, recuerda Viole. Los primeros pasos fueron en torneos privados y después llegaron las competencias provinciales y federativas. De a poco fue quemando etapas y acostumbrándose desde muy chica a competir.
La pandemia apareció cuando tenía 11 años y comenzaba su primera categoría juvenil. Durante meses no hubo competencias presenciales y los entrenamientos se trasladaron a una pantalla. Hubo clases virtuales, competencias por Zoom y entrenamientos a través de Instagram con técnicos de diferentes países. Y otra vez apareció su hermana para sostenerla en un momento en el que entrenar no siempre resultaba sencillo.
“Yo era chica, entonces tampoco tenía mucha idea de quiénes eran los que me estaban dando, sino que tenía a mi hermana, que era la que me obligaba y me hacía entrenar sí o sí”, cuenta entre risas. En agosto de 2021 regresaron las competencias nacionales y, desde entonces, el crecimiento comenzó a acelerarse.
En 2022 consiguió la clasificación al Panamericano de Colombia. Fue su primera competencia internacional y logró meterse en la final individual, además de participar en trío como reemplazo de una compañera. “Era la primera competencia internacional, así que estaba chochísima”, recuerda sobre aquel torneo que terminó abriéndole una puerta completamente nueva.
A partir de allí, las competencias fuera del país comenzaron a formar parte de su calendario. En 2023 fue campeona nacional individual en Mendoza y siguió sumando participaciones en Sudamericanos y Panamericanos. Hubo finales, podios en modalidades grupales y también resultados que no siempre fueron los esperados.
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El cambio de categoría volvió a exigirle empezar prácticamente desde otro lugar. Nuevas rutinas, mayor dificultad y rivales que llevaban más tiempo dentro de la división. “El primer año es re duro, porque están las que ya se están por ir de la categoría y vos estás adaptándote a toda una nueva coreografía, que es mucho más difícil”, explica.
En 2025 volvió a dar otro paso. Fue campeona nacional en trío junto a María Emilia Oldrino y Delfina Mascherano, llegó a una nueva final sudamericana individual y en el Panamericano de Uruguay consiguió la medalla de plata en trío. Además, integró un equipo de cinco gimnastas que alcanzó el tercer puesto en el Panamericano de Clubes.
Pero todo aquello que durante años había quedado cerca terminó llegando junto en 2026. Primero apareció otro título nacional en trío, esta vez junto a María Emilia Oldrino y Alma Pastorizo. Después consiguieron la clasificación al Mundial y más tarde llegó el Sudamericano de Buenos Aires, la competencia que hasta ahora marcó el punto más alto de la carrera de Viole.
Sarra se consagró campeona sudamericana individual y también obtuvo la medalla de oro en trío junto a Oldrino y Pastorizo. Dos títulos continentales en una misma competencia para una gimnasta que durante varias temporadas había conseguido meterse entre las mejores, pero todavía buscaba ese gran resultado internacional.
“Fue divino porque después de muchos intentos, de toda la competencia... fueron muchos años que te prepararon para esto”, reconoce. Y justamente por todo lo que hubo antes, la alegría tuvo otro valor: “Uno ya siente que está preparado, que puede ser, y bueno, no se da. Así que una felicidad enorme, porque se pudo dar y se dio todo junto”.
Ese recorrido también implicó aprender a entrenar mientras su cuerpo cambiaba y las exigencias eran cada vez mayores. “Son muchos años de ir adaptándose también al cuerpo de cada uno. Vas cambiando el cuerpo, tenés que ir adaptándote, todo cansa mucho más”, explica. A eso se sumaron el colegio, los viajes y una rutina que obliga a organizar prácticamente todo alrededor de los entrenamientos.
Porque hubo días en los que también quiso parar. “Uno llega a veces y dice ‘no quiero, basta, estoy cansada’”, admite. Pero nunca terminó haciéndolo. Con el tiempo, aquella actividad que había empezado siguiendo a su hermana se convirtió definitivamente en algo propio. El desafío pasó a ser permanente: preparar una competencia, conseguir un elemento nuevo o simplemente superarse respecto del entrenamiento anterior.
En todo ese proceso aparece una figura fundamental: Daiana Nanzer, su entrenadora y una de las grandes referentes de la gimnasia aeróbica argentina. Para Viole, compartir todos los días el gimnasio con alguien de semejante trayectoria es algo que muchas veces termina dimensionando recién cuando viaja a competir.
“Nosotros creo que todavía no llegamos a dimensionar y a agradecer lo que es tener a Daiana todos los días”, asegura. Y cuenta una escena que suele repetirse en las competencias internacionales: “Vienen las chicas de Perú, vienen las chicas de Panamá y ‘hola, Dai, hola, Dai’. Nosotros la tenemos todos los días”.
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Para Sarra, el trabajo de Nanzer va bastante más allá de preparar una rutina. “Hace totalmente la diferencia de un país al otro, de un club al otro”, sostiene. Y destaca el acompañamiento tanto desde lo técnico como desde lo emocional y la formación que encuentra dentro de la disciplina.
Todo eso debe convivir además con el colegio. Viole reconoce que no siempre resulta sencillo combinar ambas cosas, aunque también siente que tantos años dentro del deporte terminaron ayudándola a organizarse. “Es duro, pero yo creo que también la disciplina del deporte te va ayudando un poco a saber organizarte y a saber usar los tiempos como los tenés”, explica.
Los viajes internacionales también significan ausentarse durante varios días. En el colegio encuentra acompañamiento para justificar esas faltas, pero después debe acomodarse para cumplir con sus obligaciones. “Uno tiene que saber que es así, que tiene que ir adaptándose como pueda y haciendo el mayor esfuerzo para llegar con las dos cosas”, cuenta.
Detrás de las medallas existe, además, una realidad mucho menos visible. La gimnasia aeróbica es una disciplina de alto rendimiento pero amateur, y los elementos, las zapatillas, la indumentaria, las músicas, las inscripciones y cada viaje representan un importante esfuerzo económico para las familias.
“Es un deporte bastante caro”, reconoce Viol. “Desde el piso hasta las zapatillas, al momento de competir la malla, el costo de la música y, una vez que tenés todo eso, el costo de todos los viajes y de las inscripciones”. Por eso vuelve a destacar el acompañamiento familiar como una pieza indispensable para sostener una carrera que ya la llevó a competir en distintos países.
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Ahora viene aquello que durante años parecía enorme incluso al nombrarlo. Del 4 al 6 de septiembre, Viole disputará junto a María Emilia Oldrino y Alma Pastorizo el Campeonato Mundial Junior de Gimnasia Aeróbica en Pamplona, España. Será su primera experiencia mundialista y llegará a ella transitando su último año dentro de la categoría Junior.
“Es un sueño que desde chica uno siempre dice: ir al Mundial. Y que por fin se pueda lograr por la clasificación, porque te apoyen, por los costos, por todo...”, cuenta Viole. Después de tantos años buscando llegar hasta allí, su expectativa no pasa solamente por una posición.
“Quiero disfrutar muchísimo la oportunidad, porque son oportunidades casi únicas”, explica. Y agrega: “Son instancias que uno no dimensiona. Ir y disfrutar y dar todo para poder quedarse satisfecha con toda la pasada y con la experiencia de haber vivido un Mundial”.
A los 17 años, Viole ya fue campeona nacional, subió al podio panamericano y acaba de conquistar dos títulos sudamericanos. Pero para entender el lugar al que llegó hay que mirar bastante más atrás: a aquella nena que empezó siguiendo a su hermana, a los entrenamientos virtuales durante la pandemia, a las primeras finales internacionales y a todas aquellas veces en las que sintió que estaba preparada pero el resultado todavía no aparecía.
Esta vez, como dice ella, “se dio todo junto”. Y en pocos días llegará el desafío que durante años estuvo del otro lado: su primer Mundial.
