[VIDEO] La historia de la sanfrancisqueña que inspiró un documental
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Se trata de Olga Zalazar. La filmación del documental revolucionó un sector de barrio Sarmiento el lunes y martes pasados.
Por Cecilia Castagno
La sanfrancisqueña Olga Zalazar es la protagonista de un documental cuya filmación revolucionó un sector de barrio Sarmiento el lunes y martes pasados.
En calle Liniers, la casa de esta mujer -de 58 años- que nació con una patología congénita que se ensañó con sus manos, se convirtió en todo un set cinematográfico para capturar momentos y testimonios de una historia de resiliencia y coraje que en los próximos meses podrá verse por primera vez en la televisión, o quizás, en una sala de cine, ¿por qué no? Si así, como en la vida de Olga, todo puede suceder, hasta lo más impensado: que un aparato imprima manos 3D.
Como un reality, la cámaras de la producción de Atomic Lab, emprendimiento a través del cual se realizan prótesis gratuitas en impresión tridimensional, entre otros proyectos, acompañaron a Olga y a su familia en la cotidianeidad para luego reflejar en imágenes cómo la existencia de quienes tienen limitaciones físicas puede mejorar gracias al avance de la tecnología, en este caso, puesta al servicio de la salud.
Detrás de todo este trabajo está Gino Tubaro, el joven inventor argentino que hace prótesis a medida y recorre el país entregándolas de manera gratuita a quienes las necesitan y no podrían pagarlas, iniciativa que hasta le valió el elogio de Barack Obama, en su última visita a nuestro país.
Un encuentro esperado
"Con Gino me contacté hace varios años atrás, a través de su página atomiclab.org", recordó Olga en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO. "Trabajamos en equipo para crear soluciones que cambien la vida de millones de personas en el mundo mediante las últimas tecnologías". Con esa presentación, el proyecto solidario impulsado por Tubaro despierta esperanzas.
"Llené un formulario para recibir una de las prótesis que Gino confecciona, pero la distancia imposibilitaba un encuentro inmediato -continuó la mujer-. Por suerte en su gira por la Argentina, con su equipo y a bordo de una camioneta, Gino pudo visitar San Francisco y aquí entregar las prótesis a Abril Gálvez (la niña de 4 años a la que una enfermedad le impidió desarrollar una de sus manos) y a mí".
Todavía asombrada, Olga comentó que el vehículo en el que se transportan Tubaro y sus colaboradores "tiene hasta paneles solares" para generar la energía necesaria para ir imprimiendo, incluso, en pleno viaje.
Gino de niño ya desarmaba lavarropas y planchas con un cuchillo o destornillador. Mientras chicos de su edad se entretenían con juguetes, su fascinación era desarmar objetos y crear nuevos.
En 2014 entregó la primera mano, cuando todavía iba al colegio; en la actualidad tiene más de 4.000 pedidos.

Como una película. La mujer fue protagonista de largas horas de grabación en su casa y el centro de rehabilitación al que acude. Gino Tubaro le entregó personalmente su "regalo".
Las primeras "manos" de Olga
La fuerza de voluntad es la herramienta primaria para comenzar otra vez, pero no es la única. El apoyo familiar y la contención social son necesarios para que las personas con discapacidad venzan los obstáculos hasta la integración.
Por ello, Manuel es otro de los protagonistas de esta historia. Mucho antes de que Gino Tubaro llegara a este mundo para mejorar la vida de mucha gente, Manuel, otro autodidacta, se las ingeniaba para que a su hija Olga no le faltaran herramientas para desenvolverse como cualquier niña de su edad, y como mujer, ama de casa, madre y trabajadora después.
Así fue que este exempleado del ferrocarril, que hoy tiene 90 años, pasaba sus ratos libres creando objetos para que Olga pudiera cambiar pañales, cocinar, peinarse, coser e incluso conducir un auto.
"Mi papá quería darme mayor independencia, por ello siempre pensó qué cosas crear con sus propias manos y sus conocimientos en herrería que pudieran facilitarme la vida", contó la entrevistada.

Olga junto a sus nuevas prótesis 3D y los elementos que con hierros su padre creó para facilitar su vida
Manuel lo sigue haciendo y aprendiendo hoy, cada día, ante cada nueva necesidad de su hija.
Este padre dio más que "una mano", le dio a Olga las primeras armas para enfrentarse a lo que sentía, al miedo social y al miedo propio, por ser "diferente".
Que sus manos no se hayan desarrollado fue producto de una droga, la talidomida, un medicamento que el médico le había recetado a su madre durante el embarazo para calmar las náuseas, pero su efecto es el desarrollo anormal del feto. "El doctor le dio esta droga como muestra gratis. Tras el parto, mis padres descubrieron lo que la misma había provocado en mí, cuando estaba en su vientre".
Todo esto compartido por Olga formará parte del documental audiovisual que ya se anticipa duro, emocionante y revelador, algunos de los calificativos que puedan darse a la "película" de la vida de esta mujer que hoy no hace falta más que verla para comprender la felicidad que le ha traído Gino.
"Estas prótesis representan una nueva oportunidad de incrementar mi independencia", aseguró. Sin embargo, su condición no le impidió llevar una vida casi normal. Olga cursó sus estudios primario y secundario, se puso de novia, se casó con Alberto, fue madre (tiene 3 hijos) y abuela. Le gusta la cocina, la costura y también escribir y pintar.
Pero, no todo es color de rosas: "Uno siempre sufre. Cuando era chica no tenía conciencia de que era diferente. Después, de adulta, comencé a entenderlo, porque son los demás los que te hacen sentirlo. Pero eso nunca me impidió tener una vida feliz, como cualquier mujer", agregó.
Además del trabajo de ama de casa, Olga se desempeñó durante muchos años en el ámbito de la municipalidad de San Francisco hasta acogerse a los beneficios de la jubilación.
Cursó sus estudios en el entonces Instituto Inmaculada Concepción y luego continuó el secundario en el Colegio San Martín.
Una anécdota de la infancia no se borra de su memoria. En la primaria, le bajaron la nota porque había cambiado su letra al comenzar a utilizar un dispositivo que le facilitaba la escritura. Y parece que esa letra no les gustaba a los docentes de la época, cuando hablar de educación más inclusiva era una utopía.
Una agradecida
Si bien Olga afirma que no existe hasta ahora una cirugía que cambie su condición física, se aferra a las oportunidades que se le presentan, como esta vez, la tecnología 3D que suma áreas de aplicación y la generosidad de quienes las utilizan para el bienestar de otros.
"Estaré siempre agradecida a Gino, por su iniciativa solidaria, su ingenio para con las personas que necesitamos herramientas para mejorar nuestra calidad de vida", confesó.
Ahora vendrá un período de adaptación para fortalecer los brazos, los músculos y afianzar el movimiento de muñecas, para ello recurre a las profesionales del Instituto Ambar en nuestra ciudad.
Olga dejó un mensaje final: "Siempre hay que mirar para adelante, buscar la forma de realizarse uno como persona. Tal vez esa forma no sea la misma que utiliza el resto de la gente, pero vale todo esfuerzo y deseo de superación".
