Verduras a la carta
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Rubén García conduce una camioneta que en la ciudad todos conocen. Es un verdulero ambulante de los pocos que hay en San Francisco y con mercadería fresca, música y un atuendo llamativo conquista a todos los clientes yendo casa por casa.
Por Ivana Acosta | LVSJ
Una canción de cuarteto suena desde el estéreo de la camioneta que tiene verduras exhibidas y bien conservadas. Los colores son estridentes e invitan a preguntar cuánto sale tal o cual cosa. Esa traffic es de Rubén García (56) que trabaja como verdulero ambulante.
Es uno de los pocos vecinos de la ciudad que todavía venden verduras de esta manera porque la gran mayoría trabaja con un comercio abierto. Eso no lo exime de cumplir con los impuestos, ni tener el carné sanitario o la habilitación municipal para trabajar y tampoco del monotributo.
Rubén nos atiende después que una de sus clientas le dice hasta dentro de unos días y se va a su casa con la bolsa de las verduras. Debe tener la olla lista para cocinar y, entonces, este hombre se apresta para avanzar unos metros a la casa de otra persona.
Los días de este señor son así, tocando timbre con personas que esperan por su llegada puntual determinados días de la semana.
"Soy verdulero ambulante y comencé hace más o menos 30 años en la calle, tenía negocio fijo pero empezó a aflojar la venta y salí a la calle. Hasta ahora estoy trabajando así y gracias a Dios me va muy bien - precisó - Me gusta porque no estoy encerrado, tuve experiencia en una fábrica pero no aguanté, esto es lo mejor estar libre en la calle".

Los colores y la sonrisa nunca le faltan en la verdulería móvil.
Primeros pasos
Así a ojo Rubén calcula que lleva casi 30 años trabajando de esta manera. Hubo una época en que tuvo la verdulería como cualquier otro compañero de oficio pero cuando empezó a aflojar la venta decidió salir a la calle.
Empecé con un Jeep, tuve otra camioneta y ahora esta, son casi 30 años. Cuando empecé me dio vergüenza, tenía un altoparlante pero una señora dijo que iba a hacer mucho ruido y empecé a ir casa por casa", recordó mientras charlaba en un breve descanso con LA VOZ DE SAN JUSTO.
El consejo de la señora funcionó. Abandonó el altoparlante y decidió empezar a tocar los timbres de todas las casas. De a poco fue formando la clientela que tiene ahora y de la cual está muy orgulloso. La mayoría son personas grandes que muchas veces no pueden caminar mucho, a cambio, Rubén les ofrece dos veces por semana verdura fresca y recién comprada.
Claro. Él no viaja como otros vendedores, al contrario, cada día concurre a comprar a un mayorista y después va a repartir. La calidad viene a ser su sello y su camioneta lo prueba ya que invita a la gente a consumir cosas sanas como las frutas y verduras.

Rubén tiene una camioneta bien equipada con verdura fresca.
El señor del sombrero
Cuando encontramos a Rubén no tenía puesto su famoso sombrero pero estaba dentro de la camioneta, y eso que el sol de la mañana se hacía cada vez más fuerte. Encima llevaba una chaqueta celeste pero él contó que tiene de muchos colores, incluso "una floreada que le regaló una clienta".
Esas son las señas clásicas para reconocerlo aunque es muy fácil eso porque siempre está en las calles cuidando de su mercadería y los clientes, con la balanza atrás esperando pesar algo nuevo.
Este señor que cuando deja el reparto y descansa en su casa también cuida de sus plantas ubicadas en los terrenos del ferrocarril frente a su casa, no pudo evitar emocionarse al decir de donde heredó o aprendió todo en la vida.
"Todo lo aprendí de mi padre y madre que gracias a Dios los tengo, ellos fueron verduleros y ahora están jubilados pero me enseñaron y dieron todo lo que tengo. Mi papá siempre tuvo varios salones, en un momento salió a la calle y yo lo acompañaba. Después de muchos años yo heredé el oficio", finalizó.
Rubén aparenta ser una persona cálida y muy sencilla, las lágrimas en su rostro al recordar lo que aprendió de sus papás lo dicen todo.
También es muy patriota suele poner banderitas cuando llegan las fechas históricas que los argentinos celebramos y siempre tiene una sonrisa para todos. Las vueltas de la vida hicieron que Rubén siguiera el mismo camino que su papá, uno que traza con orgullo y del que disfruta todos los días.

Este sanfrancisqueño tiene una amplia clientela fiel.
