Vecinos rehenes del patoterismo sindical
Prácticas patoteras del sindicalismo hoy ya no tienen cabida en una Argentina que pretende mirar hacia adelante, porque en reclamo de derechos se violan sistemáticamente los derechos de los demás.
Los conflictos laborales son habituales en cualquier actividad productiva o de servicios. Para resolverlos existen normativas explícitas y conocidas por todos los actores -sean empresarios o trabajadores agrupados en sindicatos-. Sin embargo, también se manifiestan situaciones en las que se alteran el principio básico de la convivencia que es el imperio de la ley. Así, en reclamo de derechos se violan sistemáticamente los derechos de los demás.
La contradicción de esta última expresión es evidente. Porque si bien puede existir colisión, es necesario que los problemas de la convivencia se resuelvan mediante la lógica del diálogo y la negociación, algo que -al parecer- ocurre en dosis homeopáticas en el recurrente conflicto protagonizado por un par de gremios que tienen trabajadores en la empresa concesionaria del servicio de recolección de residuos en nuestra ciudad.
Los vecinos de San Francisco amanecieron durante un par de jornadas esta semana con la triste novedad de que la basura seguía depositada en los canastos domiciliarios. Y con la noticia de que activistas de un gremio llegaron desde otros puntos de la provincia para presionar a la empresa ante la circunstancia originada por un par de despidos de personal. En lo que ya fue calificado en esta columna -en agosto de 2015- como una metodología gremial inadmisible, impidieron la salida de los camiones recolectores.
Primero lo hicieron en la sede de la firma en barrio San Martín. Luego, cuando se entablaron negociaciones en el Ministerio de Trabajo, cortaron la circulación en la intersección de 9 de Julio y Libertador Sur, frente a la sede del gobierno de Córdoba. Utilizando bombas de estruendo -prohibidas por la legislación vigente- y con cánticos agresivos hacia el Sindicato de Camioneros y otros más propios de barrabravas de fútbol que de trabajadores, irrumpieron en la ciudad generando trastornos evidentes.
Más de un centenar de estos activistas permaneció bastante tiempo en la ciudad originando el interrogante acerca de cuáles son sus verdaderas actividades, puesto que se los vio "pasear" por el centro de la ciudad y ser asistidos con bebidas y alimentos que bajaban de las camionetas del gremio en cuestión.
Este tipo de prácticas patoteras del sindicalismo hoy ya no tienen cabida en una Argentina que pretende mirar hacia adelante. Personajes que afirman ser representantes de los trabajadores pero pujan tan solo para conseguir beneficios personales o mantener el poder en una estructura gremial distan mucho de ser el ejemplo a seguir. Quedó demostrado con la presencia de estos barrabravas que poco importan las opiniones de los verdaderos trabajadores así como tampoco los problemas que pueden ocasionar a los vecinos en materia de higiene urbana.
Tanto es así que quienes habitan en las inmediaciones del predio de Ashira en barrio San Martín han comenzado a reclamar a la empresa y al municipio el traslado de estas instalaciones. Ello, debido a los múltiples inconvenientes que deben padecer frecuentemente cuando la disputa entre dos gremios se recalienta y cuando aparecen conflictos laborales en la empresa concesionaria que debieran ser solucionados a través de la aplicación de las leyes y no por medio del accionar de patotas rentadas.
