Vacunadores: una tarea esperanzadora en palabras de sus protagonistas
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San Francisco, unas 25 personas no solo inmunizan, además escuchan, contienen, aconsejan y calman la ansiedad. En su mayoría son enfermeros, pero se sienten un poquito psicólogos. Cuentan cómo es su tarea en una campaña de vacunación histórica que marcará su carrera, hoy atravesada por la emoción y el orgullo.
Unos 25 vacunadores, en su mayoría enfermeros, participan de la campaña municipal de inmunización contra la Covid-19 en San Francisco, mientras que en todo el país la cifra alcanza a los 20 mil y se reparte entre estudiantes de enfermería, enfermeros recibidos, odontólogos, farmacéuticos, médicos, entre otros.
Su tarea no se agota en tomar el brazo, desinfectar una parte de él con alcohol, intercambiar unas palabras, aplicarle la dosis indicada, pasar un dedo sobre el pinchazo, proteger a este con gasa y cinta adhesiva e invitarlo a esperar unos 15 minutos en otro sector para atender eventuales reacciones inmediatas. En ese rito, las vacunadoras y vacunadores toman contacto con las esperanzas, angustias, inquietudes, alegrías y tristezas, con las historias al fin de cuentas, de quienes son convocados por el Estado para ser protegidos contra una de las peores pandemias de la historia de la humanidad.

En el auto. Una vocación
a toda prueba.
Sin dudas, su labor se convirtió en trascendente para luchar contra el virus y continuar con la campaña de inmunización; constituyen una pieza clave del éxito que alcanza cada uno de los operativos realizados en el Superdomo y la Rural de nuestra ciudad.
"Hay mucha ansiedad", dijo un enfermero que contó a LA VOZ DE SAN JUSTO. "La gente viene con felicidad y mucha esperanza", agregó una colega suya. Y ambos coincidieron en resaltar que esta vacunación es "distinta" a todas de las que participaron durante sus años de carrera en la Salud en los que no solo aprendieron aspectos técnicos de aplicación, sino además otros datos como los efectos adversos de las vacunas, su conservación y transporte.
Rito de pinchazos y contención
Cecilia María Yuán es una licenciada en Enfermería de 36 años, con 14 de trabajo en la municipalidad, y en todo ese tiempo se viene especializando como vacunadora.
"En 2015 hicimos un curso que dictó la provincia que me permitió reforzar todos los conocimientos que ya habíamos adquirido en el ejercicio de la profesión a través de las campañas anuales de vacunación y con la práctica diaria", contó.
Más allá de su experiencia como vacunadora, reconoció que el hecho de participar en la campaña de vacunación contra el coronavirus "es distinto" por lo que significa la llegada de esta vacuna para empezar a pensar en dejar atrás esta pandemia.
"Para mí es un orgullo enorme poder participar de algo como esto", expresó con emoción ya que "somos parte de un acontecimiento histórico".

Los vacunadores no solo inmunizan, sino que también escuchan, contienen y aconsejan.
Al tomar contacto con la gente, no puede evitar sentirse muy contenta ya que en esos pocos segundos en los que interactúa con cada uno dice que "nos transmite su enorme gratitud" por vacunarlos. "Ellos están muy conformes con todo este operativo. Siempre nos felicitan, así como también a todo el personal que nos acompaña en este trabajo".
Ante esto se encargó de destacar que "nosotros colocamos las vacunas, pero detrás de esto hay mucha gente que está trabajando, muchos que lo hacen fuera de su horario y para que esto sea efectivo se debe a todos los que están colaborando".
Pedro Cejas tiene 53 años y como enfermero profesional realiza un constante recorrido llevando las dosis de vacunas que son aplicadas entre quienes esperan pacientemente ser vacunados.
Pedro corazón
"Las personas vienen con felicidad y sobre todo con mucha esperanza. También hay mucha ansiedad", manifiesta Pedro Cejas, quien a los 53 años es protagonista de un acontecimiento que quedará marcado a fuego en su carrera de enfermero.
"Poder participar de una experiencia como esta es algo maravilloso para mí porque me permite hacer el bien y me reconforta el alma", afirma para referirse a su labor en el centro de vacunación en el que se trasformó el Superdomo.
"Me siento muy reconfortado por ser parte de este operativo donde le ponemos mucha energía para que esto tenga un final feliz", expresa.
La alegría es transformadora, dicen los especialistas. Reír ayuda a mejorar las defensas de cualquier organismo, sana. El optimismo también. A simple vista, se puede percibir que Pedro es de esas personas que siempre están viendo el "vaso medio lleno" de la situación, por más terrible que sea, aún cuando un virus implacable se propague por el mundo. El siempre tendrá una sonrisa en su rostro y "el corazón" en sus manos.

Aliento de vida. Al igual que Pedro, 20 mil argentinos participan de la campaña de inmunización más importante de la historia.
En sus palabras, Cejas señaló que "es importante que la gente tome conciencia sobre la importancia que tiene la vacunación, pero también de las medidas de prevención que a diario tenemos que tener para cuidarnos de esta enfermedad".
Al tomar contacto con la gente a la que luego va a vacunar dijo que "nos reciben con mucha alegría, disfrutan de una jornada amena donde se ponen muy contentos por lo que están viviendo".
