UTN: el esfuerzo se hizo oro
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El equipo femenino de la UTN San Francisco conquistó la Copa de Oro en los Juegos Deportivos Tecnológicos. Las jugadoras, la profesora Sol Caset y Lucía Araya contaron cómo hicieron posible el viaje y por qué el deporte ocupa un lugar fundamental en la vida universitaria.
Durante su primer año de facultad, una de las jugadoras decidió no sumarse al vóley. Tenía que conocer el ritmo de la carrera, acomodarse a las clases y descubrir cuánto tiempo necesitaba para estudiar. Pensó que agregar entrenamientos podía complicarla. Al año siguiente se animó y encontró algo que no había previsto: esa hora y media fuera de los apuntes también la ayudaba a seguir.
“Al principio dije: ‘No me voy a meter en el deporte porque no sé cómo voy a llevar la carrera, si me va a dar el tiempo’. Después llegás y decís: ‘Es una hora y media, o a lo mejor una sola hora, que te sirve para despejarte un montón’”, contó durante la charla con LA VOZ DE SAN JUSTO.
Hace unos días, junto a sus compañeras de la UTN Facultad Regional San Francisco, ganó la Copa de Oro de vóley femenino en los Juegos Deportivos Tecnológicos de Santa Fe. El título fue el premio a una preparación que sostuvieron incluso cuando todavía no sabían si tendrían la posibilidad de competir.
El encuentro se desarrolló del 6 a 12 de octubre, reunió a unos 2.000 estudiantes de las 30 facultades regionales de la UTN y volvió a realizarse después de dos años. San Francisco estuvo representada por 56 deportistas de distintas carreras.
Para las voleibolistas, el recorrido comenzó con una fase de grupos que les permitió acomodarse y ganar confianza. Después llegaron los compromisos más exigentes, ante Villa María, Buenos Aires en semifinales y Resistencia en la final.
“Los primeros partidos eran un poco más accesibles e íbamos entrando en confianza con las compañeras. Después se incrementó la dificultad. Lo bueno es que pudimos ir evolucionando nuestro nivel de juego para estar a la altura y ganar el torneo”, explicaron.
El equipo combinó jugadoras que llevan cuatro o cinco años en el vóley universitario con otras que se incorporaron esta temporada. Las de mayor recorrido ayudaron a transmitir una forma de entrenar y de compartir el espacio. Mientras tanto, todas continuaron preparándose sin tener asegurado el viaje.
“La idea siempre fue ir a entrenar. Si se daba, se daba, y si no, capaz había otras competencias”, recordaron. Durante los dos años sin Juegos, los amistosos con otras regionales permitieron mantener la actividad y encontrar objetivos.
Sol Caset, profesora del equipo, lleva 24 años trabajando con estudiantes. En ese tiempo vio cómo un entrenamiento, un grupo de compañeros y un lugar de pertenencia pueden ayudar a atravesar las dificultades de una carrera.
“Me ha pasado que hemos sostenido gente a través del deporte para que se mantenga en las ingenierías, en la facultad, y después gratamente se han recibido. Eso para mí es el rol de la facultad con el deporte: sostener, contener, sociabilizar y guiar cuando aflojes”, expresó.
Las jugadoras reconocen ese acompañamiento en situaciones concretas. Para algunas, el entrenamiento es el momento de despejarse después de varias horas de estudio. Para otras, especialmente las que llegaron desde distintas localidades, también es una oportunidad de conocer gente fuera del aula.
Una de las integrantes, próxima a recibirse, destacó los vínculos construidos durante sus años en el equipo. Hoy tiene amigos de Entre Ríos, Villa María y Córdoba con quienes compartió partidos y mates, y a quienes también podrá recurrir en su vida profesional.
“Hay algo muy importante que me llevo: la red de contactos que hacés. Cuando ya estás trabajando y surge un inconveniente, tenés a quién llamar, alguien con quien quizás compartiste un mate o competiste en estos torneos”, señaló.
Para seguir jugando mientras estudian, necesitan una propuesta que contemple sus horarios. Varias intentaron entrenar en clubes, pero encontraron que las prácticas coincidían con las clases. A esa dificultad se suman los costos, especialmente para quienes deben afrontar un alquiler y los gastos de vivir fuera de su casa.
“Si no fuera por la facultad, estos cinco años de cursada yo no hubiera podido jugar”, resumió una de las jugadoras.
Lucía Araya, integrante de la Secretaría de Coordinación y Políticas Universitarias, explicó que la UTN organiza una propuesta deportiva gratuita para sus estudiantes. Las disciplinas que requieren instalaciones externas se desarrollan mediante alquileres y convenios con clubes de la ciudad. El vóley, por ejemplo, entrena en El Ceibo.
El acompañamiento también incluye las licencias deportivas. La participación en los Juegos se coordina con las autoridades académicas y se comunica a los docentes para que el viaje esté contemplado en la asistencia a clases.
Hacer posible esta edición requirió un esfuerzo compartido. Araya explicó que, en el contexto de incumplimiento de la ley de financiamiento universitario, estas actividades se vieron muy comprometidas y vinculó esas dificultades con la imposibilidad de realizar los Juegos durante los dos años anteriores.
Según detalló, las gestiones del Rectorado junto al Gobierno de Santa Fe y la posibilidad de disponer de la Villa Sudamericana permitieron organizar nuevamente el encuentro. Participaron de ese esfuerzo la universidad, el gobierno provincial, la ciudad de Santa Fe, las facultades regionales y los propios estudiantes.
Las ventas de pastas y alfajores fueron parte de la preparación para viajar. Hubo que organizar pedidos, envasar salsa, rallar queso y entregar los combos. Lo recaudado ayudó a aminorar los gastos del traslado y de la indumentaria.
“Fue un gran esfuerzo colectivo que incluyó fundamentalmente a los estudiantes, que se organizaron y realizaron distintas ventas para recaudar fondos, demostrando su compromiso y sus ganas de representar a la Facultad”, destacó Araya.
Caset también pone el acento en ese recorrido: “Estamos acá por lo que ellas hicieron para lograr lo que lograron”.
La profesora recordó una situación de las últimas semanas de preparación. Una jugadora había entrenado todo el año para desempeñarse en una posición que esperaba ocupar en el torneo. Una baja obligó a modificar el equipo y le pidió que cambiara de función. La decisión le dolió, se frustró y lloró. Después aceptó cubrir el lugar que sus compañeras necesitaban.
“Eso es ponerse en la piel de un equipo que necesita esa función, aunque a mí no me guste. Fue una pieza fundamental”, explicó Caset. Ceder, adaptarse y asumir una responsabilidad compartida también formaron parte del aprendizaje.
En Santa Fe tuvieron seis días para conocerse más. Al salir del comedor encontraban estudiantes jugando al truco, tomando mate en las veredas o improvisando partidos de vóley. Fuera de la competencia, compartían la vida en la Villa Sudamericana.
“Es como volver a la infancia a través del deporte. Vos vas con un objetivo de ganar, pero te hacés un amigo, conocés más a tu amiga, desarrollás un sentido de pertenencia mayor”, describió la profesora.
El plantel campeón estuvo integrado por Luciana Álvarez, Gimena Beccaria, Lucía Castellano, Aylen del Mar Diaz, Lucía Gioino, Angeles Pastore, Melania Rios, Candela Rosmari, Antonella Scarpello y Avril Villarreal.
Ahora vuelven a compartir los entrenamientos entre parciales y finales, con la intención de organizar nuevos encuentros. Algunas recién empiezan sus carreras; otras están cerca de recibirse. Una de ellas pasó su primer año convencida de que no tendría tiempo para jugar. Hoy, después de ganar una Copa de Oro con sus compañeras, sabe por qué vale la pena hacerse ese lugar.
