Una tumba de escombros para el fundador
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José Bernardo Iturraspe, había donado un solar para que se construyera la futura catedral. Y a su muerte, allí estarían sus restos. A mediados de los '60, se demolió el templo y de esa tumba de escombros tuvieron luego que rescatar los restos olvidados del fundador.
Por Manuel Montali | LVSJ
Al día de hoy, los testigos y memoriosos no terminan de estar seguros sobre las verdaderas causas que llevaron a la decisión de demoler la vieja catedral.
Las razones edilicias no terminaron nunca de convencer. Decían que los cimientos estaban vencidos y que el edificio se caía. Tenía daños, es cierto, muy visibles. Grietas que recorrían sus paredes, pintura que saltaba, etc.
Cuentan que una vez incluso cayó un pedazo de rosetón en medio de un casamiento y casi mata al novio... Pero, ¿ello justificaba demolerla y hacer una nueva, desde cero? ¿O se podía reparar?
Una reliquia para San Francisco
Era una reliquia. Se la llamó Iglesia San Francisco de Asís. Como la ciudad, que en realidad siempre se pensó que se llama así por el hermano del fundador José Iturraspe.
El templo lo habían empezado a hacer en 1896, cuando el poblado seguía el tren y recién se estaba mudando de su lugar de fundación original, en Plaza San Francisco. Allí ya se había erigido una primera iglesia, que sin embargo quedaba demasiado lejos para los vecinos de la "Estación", por lo que el fundador había luego donado un predio en el sector sur para la nueva construcción.
La obra la conducía Basilio Delzoppo. Pero cuando alcanzó tres metros de altura, tuvieron que parar un tiempo porque no había más plata.
Al morir el fundador, en 1906, decidieron depositar ahí los restos. Y fueron sus familiares los que donaron dinero para terminar de hacer naves laterales, torres, campanario y atrio.
La continuación fue dirigida por Antonio Pelganti. Se la inauguró en 1913 y, a mediados de la década del veinte, un italiano de apellido Fasce culminó todo lo que era pintura y frescos.
Era una reliquia...
De grietas a ruinas
Para mediados de los sesenta, las autoridades religiosas del momento, observando los daños edilicios, decidieron que había que tumbar uno de los mayores patrimonios arquitectónicos de la ciudad. Casi nadie se opuso. Solamente desde el diario cuestionaron la decisión.
El mayor opositor a una demolición, en realidad, había sido un sacerdote, Carlos Borello. Él había estado al frente de la Catedral cuando el deterioro edilicio era cada vez más visible y se temía que los feligreses corrieran peligro. El párroco, ante ese panorama, había mandado a hacer estudios, cuya conclusión era que no había riesgo de que los cimientos cedieran. También advertían que los daños se podían reparar.
No obstante, al morir Borello, la decisión de tumbarla fue inapelable. Del Concilio Vaticano II surgían nuevas exigencias para acondicionar los templos y, con el nuevo párroco a cargo desde principios de los sesenta, monseñor José Des López, ya se hablaba de una nueva iglesia. Así, después de saludar a todos los santos y todos los muertos, el 3 de noviembre de 1966, a las 8, sonaron las primeras dinamitas.
La gente se amontonaba para ver el espectáculo como si fuera un show de fuegos artificiales. Se levantaba una nube de polvo que lo cubría todo. Las explosiones tuvieron que prolongarse unos dos días para poder tumbar el templo. Incluso, hasta dañaron edificios vecinos, como la Escuela del Trabajo, por lo que se tuvo que dejar de usar dinamita para pasar a demoliciones manuales.
Los
restos de Iturraspe fueron rescatados de las ruinas y reposan actualmente junto
a su monumento
Mudanza de reliquias y restos
De las reliquias internas, el párroco repartió imágenes sacras a familias de la ciudad, para que las "cuidaran". Reliquias que no en todos los casos volvieron cuando se hizo el nuevo templo.
Eso no fue lo peor: a la familia de Iturraspe, que había donado la plata para terminar esa iglesia, les pagaron detonando el templo encima del fundador. Sus restos tuvieron que ser rescatados de los escombros, en ese predio que él había donado. Un periodista de LA VOZ DE SAN JUSTO, Knut Fisher Johansenn y el fotógrafo Julio Walter Genero ayudaron a localizarlos cuando se los daba por perdidos, aunque son varios más los que se siguieron disputando el hallazgo arqueológico.
La
vieja Catedral fue demolida en 1966 mediante dinamitas, hasta que se afectó
edificios vecinos y se debió seguir de forma manual.
La nueva Catedral
La nueva iglesia, proyecto de un equipo integrado por los profesionales Iris Blanca Gorosito de García, Omar Boscatto, Carlos Magistrello, Oclir Badino y Rafael Macchieraldo (a la postre, único continuador) comenzó por etapas poco después de la demolición, teniendo una primera habilitación en 1969. Pero recién estuvo terminada en octubre de 1982. Época infame, época de dictadura, se inauguró con una misa presidida, nada más y nada menos, que por el cardenal Raúl Primatesta.
Los restos de Iturraspe no volvieron a la Catedral. Por las dudas, les buscaron nuevo destino, y permanecen junto a Miguel Borgarello en el imponente monumento que le erigió este escultor, en la Plaza Vélez Sarsfield.

