Una pelea de fondo
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La opinión pública argentina asiste a uno más de los encontronazos que se dan entre un gobierno no peronista y algún líder gremial que dice serlo. Y muchos actores de reparto se mezclan en la trifulca con el fin de arrimar agua para su molino.
Las idas y venidas que está teniendo la anunciada marcha del gremio de Camioneros son reflejo de la pelea de fondo que la política argentina está librando por estos días, personificada en el presidente de la Nación y el líder del citado gremio, Hugo Moyano. Según sea la óptica con la que se analice la realidad, la mirada se centrará en uno u otro contendiente y la toma de partido casi es obligatoria si el observador se encuentra en alguna orilla de la grieta.
La opinión pública argentina asiste a uno más de los encontronazos que se dan entre un gobierno no peronista y algún líder gremial que dice serlo. Y muchos actores de reparto se mezclan en la trifulca con el fin de arrimar agua para su molino y sin siquiera ruborizarse frente a contradicciones evidentes que los archivos registran. Esto significa que, pese a los discursos en los que aparece la defensa de la ideología como bandera, los intereses del momento son los que predominan a la hora de adherir o no a alguna de las posturas enfrentadas.
Lo cierto es que la movilización anunciada por Camioneros tiene el apoyo de partidos de izquierda, movimientos sociales y grandes fracciones del kirchnerismo. Hasta hace pocos meses, estas agrupaciones eran acérrimas rivales de la figura del líder del gremio convocante y de todo lo que simboliza la presencia de la corporación sindical en la vida política argentina, con sus tintes cuasimafiosos en algunos casos.
En el mismo sentido, defensores del gobierno denuestan al polémico dirigente, lo acusan de actos corruptos que merecerían la cárcel, aunque antes pactaban con esta sospechada dirigencia para alcanzar sus objetivos políticos.
Así reseñó la actual situación una nota de opinión de El País de España: "Los macristas creen que esta vez es posible acabar con Moyano porque, dicen, está más solo que nunca y los indicios que maneja la justicia, proporcionados por el Gobierno y sus responsables de Hacienda, son mucho más sólidos que otras veces. Los jueces ya han encarcelado a varios sindicalistas, algo inusual en Argentina, pero Moyano es la pieza mayor, y verlo entre rejas sería una conmoción para todos de consecuencias imprevisibles. Nadie descarta un pacto de última hora entre los dos, habitual en Argentina, pero el tono no parece conciliador. "Si voy preso, que sea en la celda de al lado de padre de Macri", clama Moyano. "Creo que les queda poco tiempo. La gente ya está convencida de que este gobierno está fracasando y no tiene respuesta", remata.
"Es la línea de una amenaza mafiosa, es un accionar que repudiamos profundamente como demócratas y como deberían repudiar todos los sectores políticos de este país", le contesta Marcos Peña, mano derecha de Macri. A ninguno de los dos se les puede reprochar que no hablen claro".
En medio de este zigzagueo de declaraciones y veladas amenazas, asoman voces desestabilizadoras como las del ex miembro de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, quien volvió a señalar que es mejor que se vaya antes el gobierno nacional. Algunos defensores de estos conceptos, que no encierran una verdadera vocación democrática, apelaron a varios argumentos, incluso a un artículo publicado en The Wall Street Journal, un diario que está en las antípodas de su pensamiento ideológico y cuyos conceptos lejos están de propiciar una salida anticipada del poder. El prestigioso medio norteamericano sostuvo algo que es una realidad: "La inflación acecha a Macri" e hizo hincapié en que el mayor logro de su gestión sería terminar el mandato en 2019, puesto que la inestabilidad política argentina no permitió a ningún gobernante no peronista culminar su período constitucional.
Es en este marco conflictivo, con variables económicas no controladas como corresponde por el gobierno y con aprovechamientos varios de la coyuntura actual, en el que se libra esta pelea cuya expresión más visible se verá en la marcha del próximo miércoles 21 de febrero. Es un combate de fondo, sin medias tintas, con consecuencias imprevisibles para la ciudadanía, como casi siempre viene ocurriendo en la Argentina de las últimas décadas.
