Una dosis de realismo
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Más allá de las innegables diferencias, el acceso a las vacunas depende de un trabajo serio que bien puede atenuar las falencias de la OMS y el egoísmo de los poderosos.
La Organización Mundial de la Salud pidió posponer las dosis de refuerzo de las vacunas contra el Covid 19 hasta al menos finales de septiembre "para permitir que el 10% de la población de todos los países pueda vacunarse", según dijo su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus. Para lograr ese objetivo, enfatizó, se necesita la cooperación de "todos", y "especialmente del puñado de países y empresas que controlan el suministro mundial de vacunas".
La OMS hizo además un pedido "urgente" de 7.700 millones de dólares para frenar la "oleada" de variantes peligrosas del virus y "salvar vidas en todo el mundo". Desde esa organización multilateral se indicó que hay países más ricos que han logrado implementar "la vacunación generalizada" para poder hacerle frente al coronavirus mientras que países pobres "están luchando por acceder a estas herramientas vitales" por una "falta de fondos y suministros".
La declaración de la OMS refleja dos aspectos centrales del manejo de la pandemia. Por un lado, la errática conducción que tuvo el máximo ente de salud mundial durante este año y medio. Por el otro, las diferencias y desniveles que, también en este caso, han quedado en evidencia entre los países ricos y los más pobres. Por sus indefiniciones y vaivenes, el ente de las Naciones Unidas no ha podido controlar algunas variables sensibles de la lucha contra el Covid y tampoco ha encontrado caminos para resolver problemas que aumentaron la gravedad de la pandemia. Al mismo tiempo, las naciones más poderosas -salvo excepciones- se han comportado de igual manera que en otros temas que hacen a la comunidad internacional. Aunque vale señalar que gobiernos de países pobres también han contribuido a aumentar el descalabro con posiciones políticas que develan corrupción en algunos casos o el privilegio de intereses sectoriales, ideológicos y de poder por sobre el bien común.
Es verdad que en algunas regiones la vacunación está muy atrasada. Los motivos son varios y sería largo analizarlos. En la Argentina, un porcentaje menor de la población tiene las dos dosis aplicadas en el momento en el que en otros países se está hablando de la tercera dosis de refuerzo. Es en este asunto donde se refleja el resultado de la planificación y el trabajo de los gobiernos. Es que las naciones donde ya se habla de tercera dosis no son todas desarrolladas o poderosas. Se comprueba, entonces, que -más allá de las innegables diferencias- el acceso a las vacunas depende de un trabajo serio que bien puede atenuar las falencias de la OMS y el egoísmo de los poderosos.
Es verdad que Alemania, Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Israel, Emiratos Árabes e, incluso, Rusia han anunciado que comenzarán con la administración de la tercera dosis de la vacuna con el objetivo de brindar la mejor protección posible a sus poblaciones, especialmente a las personas con comorbilidades. Pero, al mismo tiempo, otros países como Chile, República Dominicana y Uruguay (por citar casos bien cercanos) también lo han comunicado.
Así, mientras por esta geografía se aguarda que se torne masiva la aplicación de la segunda dosis, en varias naciones -no solo las potencias- se debate y se toman decisiones respecto de la tercera inoculación. La observación no puede pasarse por alto. Una dosis de realismo nunca viene mal.
