Una cuestión de identidad
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Fuerte repercusión tuvo la iniciativa de un sanfrancisqueño para que en el DNI figure expresamente el lugar de nacimiento de la persona y no solo la provincia. Sería una transformación sencilla desde lo técnico, pero importante desde lo simbólico.
Un vecino de nuestra ciudad se ha lanzado a una campaña para que en el Documento Nacional de Identidad figure expresamente el lugar de nacimiento de la persona y no solo la provincia, como ocurre en la actualidad. En una nota dirigida al titular del Registro Nacional de las Personas, el autor de esta iniciativa le pregunta al funcionario: ¿Usted me podría explicar porque en mi DNI -como en los cientos que puede ver- en su reverso, en el renglón donde dice "Lugar de Nacimiento" está impresa la palabra "Córdoba" cuando en realidad yo nací en San Francisco, provincia de Córdoba?"
El interrogante planteado es de una lógica incontrastable. Si bien se nace en un territorio nacional y provincial, el sitio en el que se llega a la vida es un pueblo, una ciudad, un paraje que marca la existencia de una persona, le otorga una característica propia, le permite ser identificado con un gentilicio mucho más acotado que otros, lo que imprime un sello particular.
Aquello del terruño no forma parte de la nostalgia barata. Es un concepto que engloba valores e idiosincrasia propios. Es un "lugar en el mundo" que alimenta la identidad individual y colectiva, que diferencia unos de otros, que particulariza en medio de la globalización y que otorga información precisa a los semejantes acerca de una persona. Porque se nace en una localidad que está inserta en una provincia. Y quien ha venido al mundo en San Francisco es cordobés, por cierto. Pero su lugar de nacimiento no es Córdoba como expresa el Documento Nacional de Identidad.
Es posible que la legislación que dio origen al DNI en formato tarjeta no haya tenido en cuenta este aspecto. Y la omisión solo tenga ese origen. Sin embargo, constituye un error que no se precise el lugar de nacimiento en el principal documento con el que los argentinos acreditamos nuestra identidad. En la partida inicial del Registro Civil, en los certificados que se obtienen al terminar cada etapa del sistema educativo y en tantos otros instrumentos en los que figuran los datos personales, el sitio donde nacimos aparece nítido.
El vecino de nuestra ciudad que hizo el reclamo al Registro Nacional de las Personas ofrece además varios otros argumentos que contemplan distintas situaciones a las que se enfrentan algunos ciudadanos cuando tienen que acreditar el lugar donde nacieron y no lo pueden hacer porque no figura en su DNI. Por la extensión de esta columna no viene al caso desmenuzar cada concepto porque, de todos modos, el sentido común de la petición está claro.
En tiempos en los que, con total justicia y desde la plena vigencia de los derechos humanos, el Documento Nacional de Identidad se modifica para respetar a determinados grupos de personas en cuestiones como género, por ejemplo, convendría, asimismo, analizar la posibilidad de cambiar esta parte de la tarjeta y brindar la posibilidad para que el Registro Civil inserte el sitio preciso del nacimiento de una persona y la provincia que corresponde. Sería una transformación sencilla desde lo técnico, pero importante desde lo simbólico.
