Una choppera que se reseca y el café que ya no humea
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Las picadas, el chopp y los cafés del típico bar Mis amigos en nuestra ciudad están pausados desde hace 80 días. En 42 años no había existido una pausa tan larga para abrir las puertas y que lleguen los clientes, muchos ya adultos mayores que extrañan su vuelta clásica por la esquina de Av. Libertador Sur y Paraguay.
Por Ivana Acosta | LVSJ
Es shockeante la imagen de un bar tan emblemático como Mis amigos vacío, sin el ruido de los pocillos con café yendo a las mesas, la gente jugando al dominó o las cartas y las minutas que se le entregaban a la gente, o a la tarde con picadas en la mesa, conversaciones largas y lamentaciones por el fútbol.
Ya nada es como antes y lamentablemente la pandemia robó esa postal del otoño - invierno donde la gente prefería por el fresco estar adentro y que es la misma que en el verano hace vibrar a la esquina más popular de la ciudad, la de Av. Libertador Sur y Paraguay, frente a uno de los laterales de la plaza General Paz.
Es cierto que la situación actual robó la imagen, pero no el empuje de la familia Gamo que lleva adelante este emblemático negocio ícono de la cultura choppera sanfrancisqueña desde hace 42 años, un poco como herencia de vida y otro tanto con el propósito de mantener el legado.
De los 42 años de vida que tiene este bar abierto el 1 de junio de 1978 en esa esquina, nunca se atravesó una época como esta donde tuvieron que bajar las persianas cuando la cosa con la pandemia comenzó a complejizarse.
Cuando la década del '80 comenzaba a estar cerca en el horizonte, en aquel momento el matrimonio compuesto por Roberto Gamo y su esposa Josefa "Fina" Rossi se abrieron camino solos en el rubro de los bares y llegaron a esta esquina que se transformó en un ícono de parada habitual para muchas personas de la ciudad.
"Estamos en el bar de Gamo, en la esquina más tradicional de la ciudad", esa es la frase usó Roberto Gamo, el hijo de los fundadores para definir la casona donde trabaja. Ese lugar que ahora lo encuentra solo en la inmensidad junto a su hermana y algún que otro vecino que de lejos pasa a saludar.
Si la pandemia no hubiera robado tantas cosas, el 1 de junio puntual habrían estado no menos de 100 personas en la gran fiesta para conmemorar el aniversario número 42 del bar, ese que sus papás abrieron y que en este 2020 "fue muy triste".

"Estamos esperando, la gente llama preguntando si atendemos. Cuando se pueda volver va a ser rápido. Cuando nos dejen... la gente va a venir".
La esencia, hoy adulterada
El bar Mis amigos, tal es el nombre original desde los inicios, se caracterizó siempre por el chopp, las picadas en las mesas, la comida preparada allí mismo y el servicio de cafetería todas las mañanas donde muchos aprovechaban para jugar a las cartas o charlar de la cotidianeidad en la ciudad.
Clientela nunca les hizo falta porque llegaron solos cuando se mudaron primero del negocio ubicado en Pellegrini y Larrea y más adelante del local de Dante Alighieri y General Paz donde funcionó "Santa Rosa".
Eso le dio un buen empujón al inicio al negocio ya ubicado en esta mítica esquina y sobre todo les dio un motivo para darle el nombre exacto al lugar. Mis amigos, nació como un homenaje a aquella gente que acompañó a Roberto y la Fina en esta nueva empresa.
El chopp y la picada es lo más tradicional y pedido en cualquier época del año, en las mañanas el café infaltable y a gusto de cada cliente a los que conocen de memoria. Por eso dice Roberto que "hablar de chopp es pasar por esta esquina".
"Tenemos clientes que hace 40 años que vienen acá y que ahora son grandes de 80 o 90 años pero vienen siempre. Creo que nos eligen por la atención y por la amistad que hay con la clientela", relató el más chico de los hermanos emocionado.
En todo este tiempo que estuvo cerrado y ellos sin poder trabajar muchos de esos clientes se fueron con la Fina y don Roberto (padre), y es tan entrañable la relación entre los dueños y ellos que el actual propietario lamenta mucho no haberlos podido despedir y hasta hacer un brindis en su honor.
Cuando volvieron a abrir el negocio no fue para recibir pedidos sino atender pedidos de delivery algo que nunca en la historia del bar habían hecho pero que por lo menos les sirve para esta época angustiosa y triste a nivel gastronómico. Roberto lo sintetizó bien al decir que "debieron modernizarse", un poco a la fuerza para sobrellevar la situación "peleándola como se puede".

La historia familiar detrás de un clásico de barrio Catedral.
"Tenemos clientes que hace 40 años que vienen acá y que ahora son grandes de 80 o 90 años pero vienen siempre"
El chopp y el café esperan
Una de las cosas que más extraña Roberto es "charlar con la gente, estar con los clientes" algo que ni el delivery podría reemplazar a pesar que los siguen acompañando.
El bar es tan fuerte que ni una crisis económica podría privar a la gente y aunque sea pasar a tomar su cafecito diario, sin embargo, la pandemia se llevó todo eso y dejó solo grises y angusticas como la que siente Roberto y se traduce en emoción en sus ojos.
"La vuelta a la normalidad no se ve fácil, será paulatino. Estamos esperando, la gente llama preguntando si atendemos. Cuando se pueda volver va a ser rápido. Cuando nos dejen... la gente va a venir, están esperando que se abran las puertas no solo de acá sino de todos los bares y restaurantes de la ciudad", resumió.
En la tenacidad de Roberto y sus hermanas está la obligación de seguir peleándola en nombre de lo más valioso que les dejaron sus padres: "Tenemos un legado que no podemos tirar para atrás"; por eso les dice a sus clientes que "los esperen y sigan acompañando".
Les pide paciencia que "en cualquier momento vuelven" y cuando eso suceda "se los seguirá acompañando y atendiendo como siempre con un buen chopp".
