“Una bocina es un café, dos bocinas un cortado”
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En San Francisco hay una fuerte cultura de reunirse en el bar, pero la pandemia ya no lo permite. Para mantener la clientela, los locales se reinventaron y cambiaron las mesas y sillas por la barra y ahora, el café se toma parado, caminando o en el auto.
La presencia del covid - 19 modificó sustancialmente los comportamientos de las personas. Cuando la pandemia termine, buena parte de la sociedad seguramente tendrá otra manera de manejarse en su cotidianidad; tal vez sostenga hábitos sociales, pero con algunas modificaciones. Nadie lo puede asegurar aún.
En San Francisco hay una fuerte cultura de reunirse en el bar, pero con el aislamiento éstos se vieron imposibilitados de atender a sus clientes, lo que significó un duro golpe a su facturación.
Mientras espera volver al ruedo, el sector gastronómico, herido gravemente, se aferra con gran esfuerzo económico a la creatividad para implementar delivery y take away de menúes y hasta de café y otras infusiones calientes.
En algunos casos, sus propietarios decidieron alternar su mobiliario y convertir sus mesas y sillas en improvisadas barras en lo ancho de la puerta sobre la que se pueden observar sobrecitos de azúcar y servilletas que habitualmente se encuentran en otro sector.
Con el aislamiento, los bares
fueron de los comercios más golpeados por el cierre obligatorio. El rubro con
fuerte arraigo social y cultural buscó durante la cuarentena recuperar ventas a
través del delivery y también, el café al paso, dos servicios que, sobre todo los locales del centro sanfrancisqueño, adoptaron como un recurso de emergencia para no
desaparecer por el ahogamiento económico que provocó el coronavirus.
Javier Carballo, más conocido solo como Javier, tiene una experiencia de 45 años en la cafetería de la ciudad. Actualmente tiene un local en España 82. Esta actividad fue heredada por su hijo Gonzalo, quien dirige un café bar en pasaje Madre Teresa de Calcuta 44, a metros del Juzgado Federal de San Francisco.
Es precisamente allí, donde Gonzalo se atrevió a dar un paso a favor de recuperar la posibilidad de trabajar, instalando un café al paso.
Para ello debió hacer algunos cambios significativos. Entre otras cosas, el café no se despacha en la tradicional vajilla de porcelana sino que ahora ganaron terreno los vasos descartables.
Sin mesas y con la imposibilidad de que los clientes ingresen al local, igualmente se las ingenia para satisfacer la demanda de aquellos que, desafiando las bajas temperaturas, se atreven a llegarse hasta allí y esperar pacientemente hasta que finalmente reciben su cafecito humeante que luego lo consumen en la calle o en sus respectivos vehículos, ya que la vereda no se puede utilizar para consumir.

Una improvisada barra en la puerta recibe a los clientes.
No alcanza pero ayuda
Para algunos desprevenidos, el local luce un cartel sobre el frente que advierte que "por disposición de la municipalidad no se puede ingresar ni permanecer en la vereda ni utilizar el sanitario. Gracias".
Javier destacó el emprendimiento que puso en marcha su hijo Gonzalo quien reconoció que "le encontramos la vuelta para mantener la actividad pese a la cuarentena".
No obstante, explicó que con esta modalidad "no tenemos la misma cantidad de clientes" lo que lo lleva a reconocer que "no cubrimos los gastos pero nos alcanza para subsistir".

Por el covid -19 los locales expenden café "para llevar".
Nuevos códigos para pedir
Con esta nueva modalidad, las modificaciones adoptadas incluyeron la adopción de ciertos códigos de comunicación entre los clientes y Gonzalo quien se encarga de preparar los cafés en el lugar.
De acuerdo a lo que indicó Javier, "el cliente llega y hace su pedido desde la puerta y nosotros lo preparamos y luego se lo llevamos, ya que permanece en la calle".
En caso de que las condiciones del tiempo no sean las ideales, el vehículo se transforma en el lugar adecuado para saborear un rico café, aprovechando la cercanía existente entre el local y el estacionamiento.
"Si llega a llover, le llevamos el pedido al auto", dijo para luego explicar que para evitar que el cliente se moje para hacer el pedido, "nosotros sabemos que una bocina es un café, dos bocinas un cortado".
Además de aquellos que toman el café al paso, el establecimiento continúa brindando un servicio delivery. Para ello los clientes más frecuentes son los comerciantes que se encuentran en las inmediaciones así como también los empleados judiciales.

La pandemia no pudo con la tradición del cafecito.
Una parada obligada en la galería
En estos tiempos donde la pandemia impone ciertas limitaciones al rubro gastronómico, el barista Emiliano Pérez encontró la manera de trabajar "como siempre quise".
Sin mesas a la vista, Emiliano sirve su variada gama de café a aquellos que pasan por el interior de la galería Bucco y hacen una pausa en su bar, ubicado a metros de calle Iturraspe.
Como en las grandes ciudades
"Con la emergencia surgió esta modalidad en San Francisco pese a que es algo que se utiliza mucho en Buenos Aires o bien en otros países donde, en poco espacio, con vista a la calle la gente hace su pedido por una ventana y continúa su marcha tomándose su café", explicó Pérez trazando la comparación con la moda de los bares de café que se replica en las grandes urbes argentinas y del mundo.

La modalidad se repite desde que los locales gastronómicos fueron habilitados a trabajar con delivery y entrega en puerta. "La gente viene y pide su café detrás de la barra, lo recibe y sigue su camino. Muchos esperaban el momento de tomarse uncafé y disfrutar", dijo el entrevistado.
Por último, reconoció que esta modalidad de trabajo "siempre fue mi idea. Lo mío se adapta para hacer algo así, con un espacio muy pequeño donde se puedan degustar diferentes café".
