Un Xmen con corazón de fuego
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Luis Silvestrelli se fue de la actividad bomberil hace casi 7 años con todas las loas por su dedicación a la institución de Av. Garibaldi. Hubo un antes y un después de aquel día en que un jefe le abrió paso en el cuartel al que llegó a dirigir.
Por Ivana Acosta | LVSJ
Hace muchos años, en un cómic de los Xmen apareció un mutante que podía defenderse o atacar manipulando el fuego, se llama Sunfire o Fuego Solar. Luis Silvestrelli no tiene esos poderes, en realidad dedicó su vida a apagarlos pero su corazón por tener el coraje de enfrentarse a todo para ayudar ante una emergencia evoca parcialmente a ese personaje.
En el año 1981 un joven Luis ingresó al cuartel de Bomberos Voluntarios de la ciudad emprendiendo un nuevo camino en su destino. Está retirado desde hace casi 7 años y hoy abocado a otras labores, pero esos días donde fue parte del cuerpo activo los vivió con pasión y devoción. Entrega absoluta le dicen.
El joven bombero fue escalando en la carrera y llegó a convertirse en Comisario General, rango con el que se retiró el 21 de octubre de 2013 después de 32 años de actividad ininterrumpida.
Se hizo desde abajo y llegó a lo más alto, se convirtió en un referente para todos por su dedicación, responsabilidad, un verdadero loco (no como agravio sino como halago) de la actividad bomberil a la que le dedicó su vida hasta que dijo "hasta acá llegué" cuando ya tenía 58 años.
Cada bombero tiene motivos diferentes para elegir este camino, cuando Luis era voluntario en la iglesia Nuestra Señora de la Consolata charlando con un amigo que ya lo era decidió probar.
Ser bombero no solo fue una decisión porque su interior ya se lo demandaba ya que siempre que veía una autobomba rumbo a una emergencia "sentía una cosquillita y un escalofrío en la espalda".
"El primer día me recibió (Raúl) Dosanto (que por entonces era el jefe) y me presentó al personal, fue un 15 de agosto del '81, tuve unos meses de adaptación y luego obtuve el alta", recordó en la sala donde su retrato está a la misma altura de quien le dio la bienvenida porque ostentaron el mismo cargo.
En ese momento las cosas eran muy diferentes, sin tanta tecnología y en una etapa de crecimiento Silvestrelli disfrutó esa época donde tenía no mucho más que un casco, el mameluco igual que el de un mecánico, saco de cuero y botas Pampero. Sin embargo, así salvó muchas vidas, de esa manera se enfrentó a los incendios y con esa actitud rescató a tantas otras personas. Por eso él dice que tiene la suerte de ir creciendo personalmente junto con la institución que incorporó mucha tecnología.
Cambió todo
"¿Qué cosas que uno mantiene? Por ahí que tenía más pelo", respondió en tono de broma, pero algo de cierto hay en eso más allá del físico porque en ese momento dijo que "tenía más juventud" y agregó: "Hace 38 años atrás tenía más ... cómo puedo decir, éramos menos pensantes, los riesgos son diferentes".
Antes un incendio era papel, madera y tela en cambio hoy ante las emergencias se encuentran con elementos tóxicos, químicos o plásticos que elevan el riesgo, por eso sostuvo que el bombero necesita capacitaciones para estar al día, no solo en incendios, materiales y residuos peligrosos, también en el rescate de personas.
"Las búsquedas de personas salíamos caminando con un palito y hoy ponemos un drone, rastreamos y tenemos los perros", indicó.

"Hace 38 años atrás tenía más ... cómo puedo decir, éramos menos pensantes, los riesgos son diferentes".
Ascenso
Fue jefe del cuerpo activo 15 años, lo cual no es poco y desde ese lugar siendo ya un hombre grande y padre de familia ve todo desde otro punto de vista, no obstante, hay cosas que no cambian.
"Si vuelvo a nacer me gustaría quedarme como bombero porque cuanto más subís son más responsabilidades y tenés menos oportunidades de salir ... todos saben que los generales no van a la guerra", comentó.
Aunque él quisiera no podía estar en todos lados porque ser jefe le insumía estar también "apagando" otros incendios. No reniega de nada de eso: "Bomberos me dio muchísimo, otra forma de vida. Yo llegué a jefe del cuartel más viejo de la provincia, era todo apurado y uno va creciendo ¿En qué momento fui cambiando? Cuando vas creciendo en cargos y la edad te van cambiando".
Ser bombero lo llevó a capacitarse en Estados Unidos, Chile, Uruguay, estar presente en conferencias internacionales y "crecer en lo espiritual también".

Casco en mano cuando se retiró se llevó el que usó y así se despidió como jefe de la actividad.
Archivador
De toda su carrera por supuesto que tiene recuerdos felices y otros tristes. Es como una computadora donde hay cientos de archivos, pero él no vuelve a abrirlos. Si vuelven no lo hacen por la voluntad de recordarlos sino porque "vinieron solos".
"Un hecho feliz siempre era lograr el objetivo de salvar vidas. Hemos salvado a personas atrapadas y hoy los veo y nos dicen gracias - contó emocionado - y lo triste cuando encontrábamos criaturas muertas que ahí decíamos que teníamos que seguir, pero llegábamos y llorábamos".
Como jefe aprendió a ser otro tipo de bombero, si no podía ir a la emergencia su espíritu iba con los muchachos. Se ponía feliz de ver llegar una dotación "porque habían cumplido su misión donde había un problema y se pudo resolver".
"El bombero no atiende solo incendios, sino que hay vidas de por medio. Personas mayores que se caen o quedan atrapadas y no pueden salir, personas en situación de riesgo por medidas drásticas para lo personal, o quizás... - hizo una pausa - Siempre recuerdo cuando en un accidente grave la única persona que quedó viva un día entró en silla de ruedas preguntando por Luis y me llamaron, dijo que era fulana de tal y nos alegramos de verla".
Ya retirado disfruta de saber que toda esa pasión se transmitió a sus tres hijos: Luis Alberto, Gianfranco y Rosana que está en Mina Clavero. Siempre será el Luis que entró ese día y le dio la mano a un jefe tal como otro se la extendió a él aquella jornada de octubre en que se retiró.
