Un vino para brindar por los 100 años de La Palma
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La tradicional confitería sanfrancisqueña presentó un Malbec especialmente elegido para celebrar su centenario. La propuesta combina tradición y arte, con una etiqueta creada por Anahí Venica que homenajea a la familia Colombatti y a la historia de la firma.
A pocas semanas de cumplir 100 años, La Palma presentó su propio vino, un Malbec que busca representar aquello que la tradicional confitería de San Francisco construyó durante un siglo: calidad, trabajo familiar y un vínculo con generaciones de sanfrancisqueños.
La presentación reunió a familiares, amigos e invitados en una noche especial, como parte de las celebraciones por el aniversario que llegará en noviembre.
“Cuando empezamos a planear los cien años, pensamos en hacer algo característico de cada parte de La Palma. Por la vinoteca se nos ocurrió hacer un vino con nuestro nombre, conmemorando este aniversario”, explicó Cristina Colombatti, una de las propietarias de la firma.
La familia recurrió a la bodega Lui Wines, con la que ya mantenía un vínculo comercial. La propuesta tomó forma en un Malbec de altura, pensado para tener cuerpo, carácter y capacidad de guarda.
“Le pedimos que tuviera tradición, importancia, cuerpo. Que reuniera las características que sentimos que tiene La Palma y que tuvo durante todos estos años”, señaló Cristina.
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Mauricio Begetti, enólogo de Lui Wines, explicó que el objetivo fue crear un producto que expresara los valores de la confitería. “Nos encargaron que diseñáramos un vino que hablara de lo que habla La Palma en estos 100 años: de innovación y tradición”.
Para lograrlo, eligieron un Malbec de Gualtallary, una región de altura, que combina potencia con material genético proveniente de viñedos centenarios. Una unión entre innovación y tradición que refleja el espíritu de esta edición especial.
El resultado es un vino de alta gama que la firma buscó ofrecer a un precio accesible. Estará disponible en la vinoteca y en el bar, además de poder llevarse a los hogares.
“Es mesa compartida, es momento, es familia. Queremos que sea el vino que se vende en la vinoteca, que se toma en el bar y que la gente lleva a su casa”, resumió Colombatti.
Una etiqueta que cuenta una historia
Para darle identidad a esta edición, la familia convocó a Anahí Venica, reconocida artista plástica sanfrancisqueña con más de cinco décadas de trayectoria, quien recibió el desafío de representar los cien años de La Palma en una etiqueta.
Aunque inicialmente surgieron ideas vinculadas a la fachada histórica y los productos tradicionales, la artista eligió otro camino.
“Pensé que lo que se celebraba eran cien años de perseverancia, de constancia y de respeto por la historia. Entonces me aparecieron las personas, porque detrás de todo esto hay una familia que ha trabajado”, contó.
Así nacieron cinco personajes con los brazos levantados, que representan a los hermanos Colombatti, celebrando el camino recorrido. Todos llevan delantales, símbolo del trabajo de quienes elaboraron los primeros productos y de quienes hoy forman parte de la empresa.
Sobre ellos vuelan dos pájaros que representan a Roberto e Irma, los padres de los hermanos, como homenaje a quienes continuaron la historia familiar.
“El delantal es el que se puso aquel pastelero en 1926, pero también el que usan quienes están detrás del mostrador, los mozos y quienes trabajan todos los días”, explicó Venica.
Para la artista, la obra representa también a la comunidad sanfrancisqueña, que acompañó a La Palma durante generaciones.
“Apenas nos mostró la propuesta nos encantó. Sentimos que simbolizaba todo lo que queríamos: la familia, la tradición y el trabajo. No le hicimos cambiar nada”, recordó Cristina.
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Un siglo compartido con San Francisco
El centenario encuentra a La Palma en una etapa de renovación. La firma actualizó su identidad visual y realizó cambios en sus espacios, manteniendo los valores que, según sus responsables, explican su permanencia.
“Siempre estamos innovando y mejorando. Pero lo primero es la calidad, tanto en la materia prima como en el servicio. Escuchar al cliente y tratar de ofrecer cosas nuevas sin perder esa calidad”, sostuvo Colombatti.
También destacó el papel de los trabajadores que llevan años formando parte de la empresa, muchos de los cuales conocen a distintas generaciones de la familia y mantienen un vínculo cercano con los clientes.
Para Anahí, La Palma ocupa un lugar especial en la memoria de San Francisco. Su propia historia tiene una coincidencia: su madre nació en 1926, el mismo año en que comenzó la confitería.
“Cuando vemos una caja de La Palma nos ilusionamos todos, porque ha acompañado nuestros festejos”, expresó.
Ese vínculo también se refleja en quienes viven lejos y siguen eligiendo sus productos para compartir con familiares y amigos.
“Es un honor y una felicidad. Hay quienes viven en el exterior o en otras ciudades y se hacen llevar nuestros productos. Para nosotros es un orgullo”, afirmó Cristina.
El nuevo Malbec se suma ahora a esa historia compartida. Una botella que lleva el nombre de La Palma, una etiqueta que homenajea a su familia y un brindis que anticipa la celebración de sus primeros cien años.
