Un paso necesario
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Frente a la triste actualidad de nuestro país, quizás la celebración de la Pascua pueda ser una instancia oportuna para dar el importante paso que permita sacar la cabeza a flote, salir del atolladero y romper el cerco de la división y el enfrentamiento.
Este domingo se celebra la Pascua, la fiesta más importante del calendario cristiano. La palabra proviene del término pésaj, del hebreo antiguo, y significa "paso" o "transformación". La fe de miles de millones de personas se une hoy para invocar al Cristo Resucitado. Incluso los no creyentes ven en esta celebración una oportunidad para renovar el espíritu.
Quizás, porque, más allá de la profundidad religiosa del mensaje que encarna esta conmemoración, la connotación más singular está dada por el significado de ese "paso". Es el paso que decretó el triunfo de la vida sobre la muerte. De la concordia y la compasión por sobre la guerra y el egoísmo. Es una transición que otorga la posibilidad de abandonar lo malo y tomar otro camino. Exige, por ello, una acción. Pero para dar ese paso se requiere también convicción. El convencimiento, emanado de una reflexión anterior, de que es posible darlo, de que es beneficioso avanzar en ese sentido.
El mensaje de comunión de la Pascua puede ser un buen punto de partida para ello. Para los cristianos significa el paso más relevante que devuelve al ser humano su dignidad. Lo ubica en el lugar que corresponde. Se completa así, en palabras del Papa Francisco, el "tiempo de verdad" que quita "las máscaras que llevamos cada día aparentando ser perfectos a los ojos del mundo; para luchar, contra la falsedad y la hipocresía. No las de los demás, sino las nuestras; mirarlas a la cara y luchar".
Vale una analogía. La triste actualidad de nuestro país convoca al desánimo y a la resignación. Quizás la celebración de la Pascua pueda ser una instancia oportuna para dar el importante paso que permita sacar la cabeza a flote, salir del atolladero y romper el cerco de la división y el enfrentamiento que ha destrozado familias y amistades, así como ha degradado el tejido social.
En el día en el que se recuerda el triunfo de la vida que trastocó el odio en solidaridad, el dolor en alegría y el desánimo en una fuerza que busca fervientemente el encuentro fraterno, podría la Argentina iniciar la senda para dar ese paso necesario hacia el logro de consensos mínimos en temas centrales de la vida nacional, con el objetivo de comenzar el espinoso sendero que permita revertir la cuesta.
Es un anhelo, sí. Por el momento, solo eso. Pero bien podría convertirse en realidad para enfrentar el desafío de la unidad en la diversidad y de volver a observar al otro como un hermano. Para terminar con las pretensiones altisonantes de egos superficiales, "salir del baluarte de nuestro yo cerrado, romper las cadenas del individualismo y del aislamiento y redescubrir, a través del encuentro y la escucha, quién es el que camina a nuestro lado cada día, y volver a aprender a amarlo como hermano o hermana", según expresó el Papa en su mensaje de Cuaresma.
En definitiva, Francisco lo ratifica, de "elegir lo que de verdad importa".
