Un encuentro con el pasado
Alrededor de cuarenta personas, integrantes de instituciones, murgas y establecimientos educativos visitaron a mediados de semana los excentros clandestinos de detención en la dictadura La Perla y D2, ubicados en Córdoba, y convertidos hoy en espacios para la memoria.
Nicolás Albera
Un cristal donde se dibuja una huella dactilar formada por una inmensa cantidad de nombres se ubica a ambos lados de la puerta de entrada a un viejo edificio del Pasaje Santa Catalina 66, en la ciudad de Córdoba. El inmueble está ubicado en pleno casco histórico cordobés, entre el Cabildo y la Catedral, a metros de plaza San Martín; y fue antiguamente el departamento de informaciones D2 de la Policía, también un centro clandestino de detención y tortura durante la última dictadura cívico-militar en nuestro país.
Ahí en frente está Roberto, quien lee los nombres del gigantesco cristal. La lista hace mención a los desaparecidos y muertos cordobeses del Terrorismo de Estado, quienes fueron secuestrados en un momento de su vida y no pudieron regresar. Ni siquiera se conoce dónde fueron a parar sus restos.
Roberto Pissani (68) es un sanfrancisqueño que pese a todo lo sufrido hoy lo puede contar. Estuvo detenido durante cinco años, un tiempo allí dentro, en la D2.
Mientras el sol de la siesta del miércoles propone una tregua a la ola polar vivida en los últimos días, el hombre de cabellera blanca espera por entrar -esta vez por decisión propia- al lugar donde fue torturado. Recorrerá sus angostos pasillos y tratará de recordar, si es que puede, o simplemente "mirar con el corazón", como dijo en la previa.
Martín Gallado y Edelveis Almada también son víctimas de la cruenta dictadura que se inició el 24 de marzo de 1976. No sufrieron los dolores de la tortura, no vieron como otras personas morían a su lado, sin embargo, les arrancaron una parte de su vida y no se la devolvieron jamás.
El primero perdió a sus padres, Nora Peretti y Rodolfo Gallardo, quienes compartieron militancia política y la carrera de Abogacía. A la pareja, los militares los relacionaron con su participación en el Tampierazo de 1973, en San Francisco. Los secuestraron una noche de su domicilio mientras dormían, y a Martín, de tan solo 3 años, se lo entregaron a unas tías. En el caso de Edelveis, perdió a su hermano Elvio Almada.
Son personas diferentes, con historias personales marcadas por el sufrimiento que a mediados de la semana pasada recorrieron dos lugares emblemáticos de la historia negra de nuestro país: la ex D2 y el excentro clandestino La Perla, hoy convertidos en espacios para la memoria.
Un viaje colectivo
La Comisión Memoria, Verdad, y Justicia de San Francisco venía organizando desde el año pasado un viaje a la ciudad de Córdoba para visitar ambos lugares. La idea era que no solo viajen víctimas directas o indirectas del Terrorismo de Estado en nuestro país sino integrantes de distintos espacios e instituciones de San Francisco. Por ello fue que además de los integrantes de la comisión local participaron de la actividad representantes de las murgas La Estación y Los Innombrables del Parque; del Archivo Gráfico y Museo Histórico (AGM); del Espacio por la Memoria y los derechos Humanos; de los centros de estudiantes de la escuela Normal "Dr. Nicolás Avellaneda", la escuela superior de Bellas Artes "Dr. Raúl G. Villafañe" y del ConservatorioProvincial de Música "Arturo Berutti". Además, la municipalidad no solo prestó apoyo para la realización del viaje sino que acompañaron a la delegación en su visita a La Perla el intendente, Ignacio García Aresca, y el secretario de Gobierno, Gustavo Piscitello.

En el final
del recorrido, Diego, el guía en La Perla, hizo un balance sobre el recorrido
junto al contingente sanfrancisqueño
La Perla, un viaje de ida
La Perla fue el mayor campo de detención, tortura y exterminio que tuvo la Provincia de Córdoba. El predio del ex centro clandestino se encuentra ubicado a la vera de la autopista Córdoba-Villa Carlos Paz y funcionó bajo la órbita del Tercer Cuerpo del Ejército. Se calcula que 2.500 detenidos pasaron por allí y que sobrevivieron solo 180 de ellos.
Se trata de un predio de tres hectáreas que estaba dentro de otro de 16 mil, perteneciente al ejército. Este centro clandestino estaba ubicado en la parte de atrás.
De 1975 a 1978, "La Perla" se ganó el apodo de "La Universidad" porque los represores "aprendían" allí los métodos de tortura que luego se aplicarían en distintos puntos del país. El campo de concentración más grande del interior era el orgullo del Comando Libertadores de América, que integraban el ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez; los capitanes Guillermo Ernesto Barreiro, Héctor Pedro Vergez y Jorge Ezequiel Acosta y el sargento Luis Manzanelli, entre otros más.
El complejo cuenta con cuatro edificios de ladrillos (dos eran utilizados por los oficiales y suboficiales) y un tercero llamado "La Cuadra", donde estaban todos los detenidos. No muy lejos de allí, se hallaba la "sala de terapia intensiva", que no era otra cosa que la sala de tortura para los interrogatorios.
Diego Barrionuevo es el guía que recibió al contingente sanfrancisqueño en el lugar. Luce despeinado, lleva anteojos y se presenta como un "trabajador de la memoria". Son las 10 y el frío empieza a calmarse. El sol se presenta ante un cielo despejado y debajo de él se contempla una arboleda frondosa con las sierras de fondo. El cuadro provoca la sensación de un día de campo perfecto. Pareciera mentira que cuatro décadas atrás este lugar haya sido escenario del horror.
"Hablar de La Perla es hablar de lo que ocurrió acá pero sin obviar el contexto nacional. Además es pensar en lo que somos hoy", le dice Diego a sus escuchas, mientras recorre una línea de tiempo posada en una pared. "Acá no se nombraba a las personas por su nombre, sino que por un número", agrega.
Diego interpela al público, escucha y trata de responder inquietudes. Cuenta que La Perla era el "egreso de la vida" porque el destino final de quienes llegaban a ese lugar era la muerte.

"La Cuadra",
donde eran llevados los detenidos tras sesiones inacabables de tortura. Los
vendaban y maniataban, y así permanecían a merced de los torturadores
Los represores no tenían límite alguno y los secuestrados eran sometidos a violaciones sexuales y vejaciones, se los "picaneaba" con voltaje directo sobre el cuerpo golpeado y, en algunos casos, mojado, entre otras prácticas más. El fin era obtener información.
Las camas donde dormían eran de paja y se encontraban todos juntos en un espacio denominado "La Cuadra", donde eran llevados tras sesiones inacabables de tortura. Los vendaban y maniataban, y así permanecían a merced de los torturadores.
Cuando les llegaba la hora eran trasladados en un camión y fusilados en un campo cercano al centro. Antes de descender del vehículo, se los hacía arrodillar adelante un pozo y se les disparaba a quemarropa. Los cadáveres eran colocados en fosas comunes o quemados en los hornos que se encontraban dentro del predio.
Martín Gallardo recorre el lugar y habla con los demás. Es la quinta vez que lo visita, pero sus sensaciones siempre son diferentes: "Son distintas sensaciones las que tengo en cada oportunidad que vengo; no solo me fijo en lo que me pasa a mí que es muy duro y trágico, sino me emociona saber lo que le pasa a los demás", explicó a LA VOZ DE SAN JUSTO.
Según contó, en este lugar "pasaron sus últimas horas mis padres y muchos desaparecidos de San Francisco y la región. Si bien fue importante la sentencia del juicio (megacausa La Perla) y los genocidas juzgados, los familiares pedimos saber en qué lugares están sus restos que todavía no pudimos recuperar. Llegar a este lugar y mirar al horizonte y quizás saber que por este lado están sus restos es muy movilizante", afirmó.
Edelveis Almada, por su parte, participó de estas visitas con su esposo, su hija y su nieta. Contó que a La Perla había ido sólo una vez invitada a una exposición de retratos y que no ingresó a los edificios porque no se sentía preparada: "Ahora realmente me movilizó venir y mucho, a pesar de que pasó tanto tiempo. La vez que fui a La Perla participé de una exposición de retratos de desaparecidos, me invitaron especialmente pero fui solo a ello y no recorrí las galerías ni los lugares donde cabe la posibilidad de que hubiese estado mi hermano", indicó.El terror, a metros de la plaza y la Catedral
El Archivo Provincial de la Memoria se encuentra ubicado en pleno microcentro de la ciudad de Córdoba, en el Pasaje Santa Catalina que divide la Iglesia Catedral del Cabildo Histórico, en el radio de la tradicional Plaza San Martín. Este lugar se inauguró el 11 de diciembre del año 2006 y se ubica en el edificio donde funcionó el Departamento de Inteligencia D2, Departamento de Informaciones de la Policía de la Provincia de Córdoba, que fue uno de los centros clandestinos de detención en la dictadura.
En ese lugar estuvo un tiempo detenido Roberto Pissani, quien se preparaba para volver a ingresar. Lo detuvieron en enero del ´76. Era delegado de una fábrica metalúrgica y militaba en el PRT.
"Pensé que iba a ser más difícil la situación en cuanto a la emoción. Haber entrado acá de una manera y ahora venir de visita no fue fácil. Tenía dudas de cómo me iba a sentir. Lo soporté medianamente bien", afirmó al salir de la visita guiada que duró unas dos horas.

"Me llevo la
satisfacción de que este lugar se recuperó para que los chicos, que he visto
muchos por acá, sepan que esto no debe volver a ocurrir", dijo Pissani sobre el
Archivo Provincial de la Memoria
Al ser consultado sobre si pudo reconocer algo del interior del lugar, respondió: "Los fantasmas no desaparecen nunca en la vida de los seres humanos, en este caso se vienen todos los sufrimientos, las torturas, no fue sencillo". Enseguida recordó "El Tranvía", una habitación rectangular con dos bancos de cemento que ya no existen, donde los presos podían pasar días sentados con sus ojos vendados: "Ahí nos sentaban por mucho tiempo, pasaban los torturadores a cualquier hora y te golpeaban, escupían y manoseaban a las mujeres. Me da la impresión que el centro de tortura era continuo porque uno escuchaba los gemidos de dolor desde muy cerca", explicó. Y en la visita pudo corroborar este dato, ya que "El tranvía" era un espacio previo a las sala de tortura.
Por otra parte, uno de los sitios emblemáticos que persisten son las dos celdas, donde los detenidos escribían las paredes como expresando prueba del cautiverio. A dos metros de ellas, en el patio, hay una puerta y escaleras que llevan al derruido y húmedo sótano con un ventiluz, otro lugar donde los presos eran depositados. A un metro del ingreso al sótano, sigue estando el "altillo", un lugar de vigilancia, desde donde a través de una ventana se puede ver todavía el patio y las celdas.
¿Qué se lleva de esta visita?, le preguntó LA VOZ DE SAN JUSTO a Pissani: "Me llevo la satisfacción de que este lugar se recuperó para que los chicos, que he visto muchos por acá, sepan que esto no debe volver a ocurrir". "Este lugar -continuó- sirve para contar lo que pasó. Yo no tengo rencor, lo que sí pido es no olvidar y que haya justicia, y que ésta que no venga a cuentagotas; hay gente que hoy todavía no comprende el terror de esos hechos. No hay derecho a que otra persona decida sobre la vida y la muerte de un ser humano", concluyó.
