Día de los Enamorados
Un amor que no se suelta: Pancho y Rita, 62 años caminando juntos de la mano
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Rita Boretti y Francisco “Pancho” Allasino celebran 62 años de matrimonio y una vida construida sobre el respeto, la fe y la compañía. “Hay discusiones, pero nunca irnos a dormir enojados”, sostienen los protagonistas de esta historia de amor que atraviesa generaciones.
En tiempos donde las relaciones parecen más frágiles y vertiginosas, la historia de Rita Boretti y Francisco “Pancho” Allasino se sostiene como un testimonio sereno del amor construido día a día. Este 14 de febrero, Día de los Enamorados, celebran 62 años de matrimonio y una vida compartida que comenzó cuando bien de jóvenes.
Se conocieron en el barrio, a una cuadra de distancia. Rita vivía cerca del club El Ceibo y Pancho solía pasar por allí. “Eran las pasaditas”, recuerda ella con una sonrisa. De tanto ir y venir, llegó el noviazgo.
Eran otros tiempos. Para visitar a la novia había que pedir permiso y los encuentros estaban pautados: martes y jueves. “Nada de besos en la calle, porque la gente hablaba mucho”, detalló Rita a LA VOZ DE SAN JUSTO. Dos años y medio después de comenzar la relación, Pancho le propuso casamiento. “Temblando”, resume él, tímido, al recordar el momento en que tuvo que hablar con el tío que la había criado.
Se casaron en la parroquia Cristo Rey. No hubo cursillos ni demasiadas formalidades: decisión propia, aceptación de la familia y adelante. Después de un tiempo, llegaron los hijos, Walter y luego Adalberto. Y con ellos, el desafío de sostener el hogar en épocas que no siempre fueron fáciles. “Hubo tiempos de trabajo y tiempos sin trabajo. La falta de dinero fue dura, pero siempre tuvimos a la familia acompañando”, señalaron.
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Hoy tienen dos hijos, dos nueras, seis nietos —uno aún sin pareja— y tres bisnietas. La mayor tiene ocho años; la más pequeña, cinco meses. “Es el don más grande que podemos decir. Es la alegría de la extensión de la familia”, expresó Rita. Cuando se reúnen, son muchos alrededor de la mesa, y esa imagen resume el fruto de más de seis décadas juntos.
Como toda pareja, tuvieron discusiones. “Hubo sí, hubo no, un montón. Pero nunca irnos a dormir enojados”, afirma Rita. El respeto fue y es la base.
Pancho, hombre de pocas palabras y un poco tímido, lo sintetiza con sencillez cuando le preguntan qué significa Rita en su vida: “Es lo mejor de mi vida”. Ella, sin dudar, responde que él es “el todo”. Han atravesado momentos difíciles de salud, pero siempre acompañándose y apoyados en la fe. Durante años trabajaron en la parroquia Santa Rita, donde encontraron una fortaleza que aún hoy los sostiene.
Hay una imagen que en la ciudad se repite y llama la atención: Rita y Pancho caminando de la mano. A veces tomados del brazo, otras del hombro. “Siempre tuvimos la costumbre”, dice ella. Ahora, además del cariño, se ayudan a mantener el equilibrio en veredas desparejas. “Nos tenemos que agarrar los dos”, explican. Pero no es solo apoyo físico: es símbolo de una historia compartida.
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¿Y qué significa para ellos el 14 de febrero? “Es como todos los días”, responden casi al unísono. Lo sienten como un recordatorio, pero sostienen que el amor se construye en lo cotidiano.
En una época distinta a la actual, donde primero se formalizaba y luego se aprendía a convivir, su consejo es claro: quererse, amarse y respetarse. Recordar siempre que hay una pareja, una familia que se construye y que los hijos aprenden del ejemplo.
Rita, de 81 años, y Pancho, de 87, siguen recorriendo la ciudad de la mano. No por costumbre solamente, sino por elección y amor. Después de 62 años, el gesto simple de entrelazar los dedos continúa diciendo lo mismo que aquellas “pasaditas” juveniles: que el amor, cuando se cuida, puede durar toda la vida.
