Día de los Enamorados
Un amor que la volvió a poner de pie: Gisela e Iván, del coma al “sí, quiero”
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Hace dos años, Gisela Velázquez estuvo 11 días en coma por una trombosis cerebral y corrió serio riesgo de muerte. En todo ese proceso, Iván Peralta no se movió de su lado y fue quien la ayudó a volver a caminar. Hoy, mientras preparan su casamiento, celebran un amor que se fortaleció en la adversidad.
El 14 de febrero encuentra a Iván Peralta y Gisela Velázquez con una historia atravesada por el miedo, la incertidumbre y también por una certeza: el amor que eligieron construir. Hace dos años, la vida les cambió de un momento a otro. “Me había agarrado un dolor muy fuerte en la cabeza”, recuerda Gisela a LA VOZ DE SAN JUSTO. Fue a la clínica por lo que en un principio le dijeron que era una gastroenteritis. Pero todo se agravó. “Después tuve la convulsión y me internaron. Fue por una trombosis en el cerebro”, cuenta.
La situación fue crítica. Gisela estuvo en coma durante 11 días. “No recuerdo mucho, porque yo estaba dormida”, explicó. En ese momento, ni siquiera había un diagnóstico claro. “Primero dijeron dengue, hubo varias teorías y no se sabía el por qué había pasado”, agregó. Todo fue repentino.
Iván estuvo desde el primer minuto. “Él fue el que me llevó a la clínica”, dice Gisela. Vivían juntos hacía ya cuatro años cuando, en plena madrugada, comenzaron los síntomas más graves. “Se me paralizó la mitad del cuerpo. Eran como las dos de la mañana. Lo llamo y le digo: ‘No puedo mover la mano’”. Iván recuerda ese instante con claridad: “Sentí miedo, porque la veía que no tenía funcionalidad. La parte inferior derecha no la movía”. Sin dudarlo, la cambió y la llevó a la guardia. “Desde el minuto cero estuvo acompañándome”, remarca ella.
La recuperación fue larga y exigente. No fueron años fáciles. “Cuando me enfermé, él literalmente me ayudó a caminar de nuevo”, dice Gisela, con la voz quebrada. Y allí está el corazón de esta historia. No fue solo estar, fue sostener, acompañar, impulsar. “Esas cosas se valoran un montón”, agregó. Iván no lo plantea como un acto extraordinario. Para él, fue parte del compromiso asumido: “Gise es mi compañera de vida. Hoy conoce todo de mí y no sabría cómo estar sin ella. Quiero estar con ella y, a lo mejor de viejos, terminar toda la vida juntos”.
La relación tampoco fue convencional. Se conocieron en 2018, se hicieron amigos en 2021 y, como ellos mismos dicen, “primero nos fuimos a vivir juntos y después nos pusimos en pareja”. Entre propuestas tiernas —como aquel cuadro con sus manos y la fecha en que oficializaron— y una pedida de casamiento que se volvió viral, fueron consolidando el vínculo. “Él me enseñó que existe ese amor bonito, sin mentiras, sin infidelidades, sin lo tóxico”, afirmó Gisela.
El próximo 21 de noviembre darán el sí. Y este Día de los Enamorados los encuentra con una historia que va mucho más allá de los gestos románticos. Es la historia de un amor que resistió el miedo, que acompañó en el dolor y que, literalmente, volvió a poner a uno de los dos de pie. Porque cuando todo parecía incierto, Iván no se movió. Y Gisela volvió a caminar.
