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Tumpara: “La Buena Mesa es una vidriera enorme y queremos estar a la altura”
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Hace un año celebraban su primera presentación en la Peatonal San Francisco. Hoy, la banda cuartetera local Tumpara dará un paso decisivo en su crecimiento al subir al escenario de la noche cuartetera del Festival del Humor, la Buena Mesa y la Canción. Guido Carossio y Matías Farías repasaron un año de consolidación, emoción y trabajo autogestionado.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
Hace apenas un año, Guido Carossio y Matías Farías hablaban con entusiasmo de lo que significaba para Tumpara presentarse por primera vez en la Peatonal San Francisco. Aquella noche representaba una meta cumplida y, al mismo tiempo, el inicio de un camino que todavía no imaginaban tan vertiginoso. Doce meses después, la realidad los encuentra en otro escenario: el domingo 22 de febrero serán parte de la noche cuartetera del Festival del Humor, la Buena Mesa y la Canción, uno de los eventos más convocantes de la región.
El salto, coinciden, fue tan rápido como inesperado. “Si te digo que lo teníamos calculado, te mentiría. Uno trabaja para que las cosas pasen, pero pensé que iba a llegar más adelante. Hace un año hablábamos de la peatonal y hoy estamos a dos semanas de la Buena Mesa. Es un montón para nosotros”, reconoce Farías.
La emoción se mezcla con una fuerte sensación de compromiso. La convocatoria no solo representa una oportunidad artística, sino también una responsabilidad frente al público y frente a quienes apostaron por el proyecto desde sus comienzos. “Que nos hayan convocado nos llena de orgullo. Es mérito de todo el grupo, de todos los que vienen trabajando y ensayando hasta tarde después de sus trabajos. Ahora tenemos que estar a la altura y devolver esa confianza arriba del escenario”, agrega Carossio.
Segundo trabajo
Tumpara nació en 2020, en plena pandemia, a partir del reencuentro casi casual entre Carossio y Farías, quienes habían sido compañeros de escuela primaria. Lo que comenzó como una idea compartida fue creciendo hasta convertirse en una banda estable, hoy integrada por alrededor de doce músicos en escena y un equipo técnico propio.
Desde el inicio, el proyecto tuvo una característica que aún conservan: la autogestión. Los propios integrantes se encargan de la producción, las redes sociales, el sonido, la logística y la administración. “Somos nuestros propios representantes, community managers, choferes… hacemos un poco de todo. Es un proyecto autogestionado al cien por ciento”, explican entre risas.
Con el tiempo, aquella pasión empezó a ocupar cada vez más espacio en sus vidas. “Al principio era un hobby, pero hoy ya no puedo llamarlo así. Es mi segundo trabajo. Por el tiempo que demanda, por la responsabilidad y por el respeto que le tenemos al proyecto”, sostiene Guido. Esa profesionalización también implicó un cambio de mentalidad: ensayos más intensos, condiciones técnicas claras y una búsqueda permanente de mejorar el espectáculo.
La experiencia previa de Farías en bandas de Córdoba, donde trabajó durante años junto a figuras reconocidas del cuarteto como Jean Carlos y Lisandro Márquez, fue clave para acelerar ese proceso. “Toda esa experiencia la volqué acá. Tiré toda la carne al asador porque sentía que era el momento”, resume.
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“Cabulero y cuartetero”
El nombre de la banda surgió tras cuatro años de debate donde participaron todos los integrantes de la banda. “Tumpara es la onomatopeya que genera el instrumento de las tumbadoras, que es lo que hace bailar”, explicó Matías.
Pero también hay un sentido cabulero en esta decisión. “Hace cuatro años que en la selección salió el campeona del mundo, el 7 era el número amuleto de ellos. Las bandas consagradas de Córdoba como Trulalá, Sabroso, La Barra, tienen siete letras los nombres. Tumpara también tiene siete letras y no hubo nada que discutir”, finalizó el cantante más cabulero del grupo.
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Crecimiento sostenido
Durante el último año, Tumpara logró consolidarse en el circuito local y regional. La banda pasó por los principales boliches, restobares y eventos de San Francisco, repitiendo presentaciones y generando un público propio que comenzó a seguirlos show tras show.
“Nos pasó algo raro. Empezamos a notar que había gente que no era amiga ni conocida, que venía a vernos igual. Ahí te das cuenta de que algo está pasando”, cuenta Guido Carossio. Para los músicos, llenar espacios y ver al público responder fue una señal clara de que el proyecto había dado un paso adelante.
En ese recorrido, también hubo respaldos que marcaron un antes y un después. Farías —con años de experiencia en el circuito cuartetero provincial— destacó el gesto de dos figuras de peso: Jean Carlos y Lisandro Márquez. “Nosotros les tocamos la puerta, no me avergüenza decirlo. Les pedimos una mano… y sin ningún interés nos dijeron: ‘Vengan, chicos’”, recordó. Ese reconocimiento se tradujo en invitaciones concretas: poder participar de shows en la ciudad, compartir escenario y sumar rodaje en contextos masivos, con la posibilidad de proyectar el nombre de Tumpara más allá de lo local.
“Nos invitaron a Brinkmann, a Bomberos… después de nuestro debut, a los meses, nos subimos a Bomberos con 4.000 personas al frente. Son cosas que te quedan grabadas siempre”, señaló. Y sumó que esa red de vínculos también les abrió puertas para mirar hacia la capital provincial: “Nos invitaron a ir a Córdoba. Es como que nunca tocás el techo: se van abriendo puertas, aparece una sala, un escenario, un lugar nuevo… y eso te empuja a seguir”.
Sin embargo, el crecimiento también trajo aprendizajes. En una presentación reciente en María Juana, por ejemplo, el público escuchó atento pero sin bailar, algo que inicialmente interpretaron como un fracaso. “Fue un cachetazo emocional. Después entendimos que a la gente le había encantado, que simplemente era otro tipo de público. Ahí aprendimos que no siempre la respuesta es la misma”, reflexiona Farías.
Ese proceso los llevó a definir mejor su identidad musical. Aunque el cuarteto es la base, Tumpara apuesta a un repertorio más melódico, con versiones propias y arreglos que buscan diferenciarse del tradicional “tunga tunga”. “No somos solo una banda para bailar. También buscamos que la gente escuche, que disfrute el show”, explican.
La Buena Mesa: emoción y desafío
La llegada al Festival del Humor, la Buena Mesa y la Canción representa un punto de inflexión. Compartirán escenario con bandas de gran convocatoria provincial, algo que los entusiasma tanto como los desafía.
“Es una vidriera enorme. No solo para nosotros, sino para todos los artistas locales. Estos eventos son fundamentales porque te permiten mostrarte y pensar que podés estar en otros escenarios”, señala Carossio.
La preparación para esa noche fue intensa. La banda duplicó las horas de ensayo y trabajó especialmente en la puesta en escena, sabiendo que el tiempo del show será limitado y que cada minuto cuenta. Entre las novedades, se destaca la incorporación de una fila de vientos que le dará una nueva impronta al sonido del grupo.
“Sumamos músicos de muchísima trayectoria y eso nos obliga a dar un salto de calidad. Queremos mostrar una banda consolidada, dinámica, con un show que tenga energía de principio a fin”, adelanta Farías.
El repertorio incluirá clásicos infaltables del cuarteto —con homenajes a La Mona Jiménez y Rodrigo— junto a versiones propias y algunas sorpresas instrumentales pensadas especialmente para el festival.
Impulso cultural
Ambos músicos coinciden en que el crecimiento de Tumpara también está ligado al impulso cultural que viene teniendo la ciudad en los últimos años. La peatonal, los eventos en el Superdomo y las propuestas culturales abiertas generaron espacios de visibilidad para artistas emergentes.
“Si estos escenarios no existieran, probablemente nosotros no hubiéramos tenido esta oportunidad. Que una ciudad genere eventos es clave para que los chicos vean que pueden estar arriba de un escenario”, sostiene Farías.
En ese sentido, destacan que la música cumple un rol social importante, especialmente para las nuevas generaciones. “Está bueno que los chicos vean que no hace falta ser una banda gigante para empezar. Que se animen. Nosotros somos un ejemplo de eso”, agrega Guido.
Soñar sin techo
A pesar del presente auspicioso, los integrantes de Tumpara aseguran que el objetivo sigue siendo el mismo: crecer paso a paso sin perder la esencia. El Festival de Peñas de Villa María o los grandes escenarios cuarteteros aparecen como sueños posibles, pero todavía lejanos.
“Nunca tocás el techo. El año pasado fue la peatonal, ahora la Buena Mesa… mañana quién sabe. Ojalá podamos seguir creciendo y llegar a otros festivales”, dice Farías.
El mensaje final, coinciden, trasciende la música. Tiene que ver con animarse a intentar. “Que hagan lo que les gusta. No hace falta que sea perfecto. Nosotros le erramos y vamos a seguir errando, pero estamos haciendo lo que nos gusta. Y eso ya es una forma de éxito”, concluye Carossio.
Con un año que los encontró madurando como banda y un escenario importante por delante, Tumpara se prepara para vivir una de las noches más significativas de su historia reciente. Una historia que comenzó casi como un juego y que hoy, entre ensayos, sacrificios y sueños compartidos, sigue escribiéndose al ritmo del cuarteto.
