Tres generaciones, un oficio y el sueño de una verdulería
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Sin desconocer la realidad y con el empuje de su padre y el abuelo, tres hermanos se hicieron cargo de una verdulería en tiempos difíciles. A ellos "la situación no les dio miedo, sino que los empujó" a desafiar sus propios límites.
Por Ivana Acosta | LVSJ
La camioneta del último verdulero ambulante de la ciudad está estacionada vacía en la esquina de Independencia Sur y Av. Trigueros. El que lo conoce se pregunta ¿"Qué hace Rubén García ahí"?
La mirada se dirige al frente y aparece una verdulería ante los ojos, agudizando la vista por el vidrio se ve que Rubén (ese hombre al que conocen en toda la ciudad por su simpatía y servicio para con los clientes), está ordenando cajones de verdura fresca, con colores llamativos y naturales.
Al otro lado hace lo propio uno de sus hijos y cuando se cruza la puerta adentro del negocio el cuarteto tiene vigencia y hace que la siesta sea menos gris. Esa alegría que impone la música en el negocio es algo heredado de Rubén porque en su camioneta donde tiene su verdulería propia al estilo móvil el "tunga - tunga" nunca falta.

Pablo, Manuel y Cintia, tres de sus cuatro hijos, eligieron seguir los pasos de su papá y son los encargados de hacer su sueño realidad: tener un local propio, una verdulería a la que llamaron "¿Qué locura!". Ese anhelo Rubén lo tenía hace mucho, pero eligió no ser él quien esté al frente sino pasar la posta a sus descendientes.
En aquella primera charla donde lo conocimos había contado que está en el oficio hace más de 30 años, una rutina que aprendió de su propio padre y que "cuando el negocio aflojó" lo motivó a ingeniárselas trabajando en la calle.
Ahora está grande para volver a la etapa anterior y realmente disfruta de ir casa por casa y no que el trabajo lo hagan a la inversa sus clientes de años. Esa labor se la dejó a los chicos que entusiasmados el 2 de junio abrieron un negocio que irradia luz y da esperanzas a la economía.

Primeros pasos
Los hermanos están contentos dentro de su negocio con las máscaras relucientes, tienen un gran empuje y si no están consultando a su papá están acomodando la verdura o atendiendo a un cliente.
Adentro y afuera los cajones exhiben toda la mercadería de la tradicional y la que es menos conocida pero que puede enganchar a la gente, aunque eso dependerá de ellos como un verdulero que no solo vende sino aconseja.
Pablo tomó la posta y contó cómo les llegó la propuesta: "Mi viejo tenía ganas hace mucho de abrir un local, gracias a Dios se dio y nos llamó a nosotros. Nos fue bien estos primeros días hay que tener paciencia". Él antes era delivery y cuando le contó su papá del proyecto dijo que sí de entrada.

Su hermano Manuel trabajaba en un taller metalúrgico y dejó ese lugar por el nuevo emprendimiento, en su interior "siempre había querido seguir sus pasos" antes de trabajar ahí, por eso cuando comentó de poner el local le dio para adelante.
Los dos varones coincidieron que "el oficio - de verdulero - es muy lindo" y dejaron entrever el orgullo que sienten por su padre a quien crecieron viéndolo ejercerlo, lo mismo que su abuelo Josué que inició a la familia en el mundo de la verdura.

Siempre en equipo
Rubén siguió todo el tiempo acomodando, de a ratos miraba de reojo a sus tres hijos y de repente dijo al pasar: "Les estoy enseñando porque desde mañana yo sigo con lo mío y ellos quedan solos".
Las primeras armas las tendrán con su padre y la semana entrante todas las riendas del negocio recaerán en sus manos aunque ya agarraron la mano y se divierten en su rutina que involucra descargar mercadería, acomodarla, atender a los clientes y mantenerse unidos como grupo siempre con una sonrisa para contagiarle esa energía al que entra.
Mi viejo nos habló a los 3 junto con Cintia, dijimos que sí y formamos este grupo como siempre estuvo. Nos reímos todo el día acá, trabajamos de corrido desde las 7 de la mañana hasta las 18.
Cintia que tiene otro trabajo está feliz de trabajar junto a sus hermanos, es como ser niños de nuevo pero con responsabilidades de adulto.

La última verdulería móvil de la ciudad.
Ella comentó que no cambió mucho la relación porque entre los tres se divierten mucho: "Eso es lo lindo de compartir en familia y con mi papá. Nos llevamos muy bien, además charlamos lo que tenemos que mejorar y nos decimos lo que tenemos que hacer".
De su papá al que miran con un amor inconmensurable reconocieron que heredaron las enseñanzas acerca de cómo tratar a la gente siempre con una sonrisa, las bromas.
"Es algo que uno no lo actúa, sale natural. Mi viejo nos enseñó a ser así y ser honestos con la gente. No se aprende en la escuela sino en casa", resumieron Cintia y Pablo.
Al otro lado, Rubén no puede hablar, se emociona... y lagrimea. "Eso sacamos de él, nos emocionamos rápido también", sonrieron al verlo los chicos. Y ahí se quedaron atendiendo un cliente que entraba, con la música alegrando la tarde y aprendiendo más de su papá.

Rubén (papá), Cintia,Manuel y Pablo.
