Tras el accidente que destruyó su kiosco se reconstruyeron gracias a la solidaridad
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La resiliencia implica aprender a afrontar las dificultades y fortalecerse ante situaciones difíciles. Eso hicieron Gabriela Marchissio y su familia, que lograron sacar la fuerza necesaria para ponerse de pie y avanzar luego que de la noche a la mañana perdieran su fuente de trabajo. Tuvieron la voluntad y el ánimo suficiente, pero sobre todo, mucha ayuda, para seguir adelante.
"¿Cómo se sigue después de esto?". Esta es la pregunta inevitable que se hicieron Gabriela Marchissio y su familia aquel martes 16 de marzo difícil de olvidar, cuando vieron que la realidad puede superar la ficción.
Esa mañana Gabriela literalmente vio cómo se venía abajo el fruto de su trabajo como consecuencia de un accidente que destruyó el kiosco "Juli-Lau" que atendía sobre la avenida 9 de Septiembre, a metros de calle Echeverría, en barrio La Milka de San Francisco.
El chofer de un ómnibus del servicio de transporte urbano de pasajeros, luego de haber realizado una compra en el kiosco, realizó una mala maniobra que terminó en la destrucción total de la estructura de chapa.

Gabriela atiende feliz a los clientes en su nuevo kiosco.
A partir de allí, con mucho esfuerzo y una gran dosis de solidaridad de parte de familiares, amigos y otros comerciantes, Gabriela y su familia pudieron reconstruir lo perdido y volver a empezar, en el mismo lugar, y con muchas esperanzas por salir adelante.
A fines de abril reabrió el renovado local, y con ello dejaron atrás esa mala experiencia pensando que todo lo que venga en adelante "tiene que resultar muy bien".
En diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO, Gabriela recordó como si fuera hoy esa mañana del accidente. "Eran las 8.40 cuando el colectivero pasó a hacer una compra. En ese momento me contó que estaba por aquí luego de hacer una buena acción ya que había llevado a su casa a una nena que se había dormido en el interior del colectivo. Luego de comprar unas rosquitas se subió al colectivo y yo me puse a acomodar los productos de panificación. De pronto, me explotaron los vidrios y tenía destruido todo el kiosco".
"Ese fue el día más triste", confesó, aunque a partir de allí reconoció que comenzó a surgir una interminable muestra de manifestaciones solidarias de parte de muchas personas "a las que les vamos a estar eternamente agradecidos".

En marzo, un colectivo impactó contra la estructura de chapa amarilla causando daños totales. Dos meses después, sus propietarios vuelven a empezar.

"No paramos nunca de trabajar. Aún con el kiosco destrozado estuvimos repartiendo mercadería como yerba, azúcar, etc." Explicó y contó que "Mariano González, quien tiene el carrito de hamburguesas acá al lado fue el que nos salvó. Si no fuera por él nosotros no hubiéramos podido seguir trabajando. Cuando él vio lo que nos había sucedido de inmediato se ofreció a prestarnos su carrito".
De esa manera, el kiosco atendía a diario entre las 5 y las 18.30 y a partir de ese horario era el turno de Mariano, con sus clásicas hamburguesas.
Una vez que pudieron cobrar el dinero de la póliza de seguro que ellos mismos pagaban por el kiosco, contaron con dinero suficiente para hacer frente al inicio de la reconstrucción. "Con lo que recibimos del seguro apenas pudimos financiar el costo de la estructura de chapa. El resto fue gracias a la ayuda de la gente y de nuestros clientes que nunca nos dejaron de comprar".
Hace 13 años el kiosco forma parte del paisaje urbano del sector y con él, muchos vecinos y transeúntes que pasan por el lugar paran por unos minutos a realizar sus compras.
La necesidad de reconstruir la estructura sirvió además como impulso para incorporar algunos otros elementos que comercializan con mucho éxito entre sus clientes. "Ya vendíamos azúcar y yerba pero también pudimos incorporar algunos elementos de almacén" aprovechando el espacio disponible.

Por más. "Pudimos incorporar algunos elementos de almacén", contó la kiosquera.
Gabriela: "Fue
una desgracia con suerte"
En su explicación, la entrevistada no dejó de reconocer que lo ocurrido "fue una desgracia con suerte" a partir de lo cual, en base al esfuerzo y la solidaridad "nos permitió reconstruir todo y mirar las cosas con mucho optimismo".
Gabriela no quiso dejar pasar la oportunidad para agradecer "a toda la gente que nos ayudó ese día y en especial a Mariano (González) por habernos prestado el carro. Además, tenemos que reconocer el apoyo de nuestros familiares y amigos que estuvieron con nosotros desde el primer momento".

Una historia de resiliencia en barrio La Milka.
Entre los múltiples gestos de apoyo Gabriela recordó "lo que hizo mi grupo de amigas, llamado 'Las Venenosas' que juntaron dinero para comprar las góndolas".
Además, dijo que su marido, Juan Carlos Allegranza, "tiene muchos amigos que también nos apoyaron y por sobre todas las cosas, tenemos que agradecer a nuestros clientes que, si no fuera por ellos y su aporte, esto no hubiera podido ser posible".
Por último, expresó que esta experiencia "nos ha dado mucha fuerza para trabajar mucho más fuerte que antes, no paramos y eso se da por el apoyo de toda esta gente que nos ayudó y a la que le vamos a estar eternamente agradecidos".

