Sociedad
Tras 66 años, cerró Isficana: el instituto que fue mucho más que enseñar inglés
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Durante más de seis décadas fue un punto de encuentro para aprender idiomas, acceder a becas y participar de intercambios culturales. “Es una mezcla de nostalgia y orgullo”, expresó Cristina Paulin, presidenta de la institución.
Después de más de seis décadas de actividad, el Instituto de Intercambio Cultural Argentino Norteamericano (Isficana) cerró sus puertas y puso fin a una etapa que dejó una profunda huella en San Francisco. Durante 66 años, el espacio no solo enseñó inglés, sino que también promovió intercambios culturales, becas, proyectos educativos a través de la Embajada del país del norte y una fuerte vida institucional que marcó a generaciones de estudiantes y docentes.
El origen del instituto se remonta a fines de la década de 1950, cuando un grupo de vecinos impulsó la creación de un centro binacional en la ciudad. Para concretarlo tomaron como referencia al Icana de Buenos Aires y, tras una convocatoria a interesados en aprender inglés, el instituto comenzó a funcionar formalmente en abril de 1960.
“En noviembre del 59 se tomaron los primeros exámenes a personas interesadas en estudiar inglés y en abril del 60 comenzó a funcionar formalmente el instituto”, recordó en dialogo con LA VOZ DE SAN JUSTO Cristina Paulin, presidenta de Isficana, quien además estuvo vinculada a la institución desde 1968, dedicando gran parte de su vida a su desarrollo.
A lo largo de los años, el instituto fue mudando sus sedes dentro de la ciudad, pasando por distintos espacios hasta llegar a su último edificio sobre calle España.
Un centro binacional con fuerte actividad cultural
Desde sus inicios, Isficana mantuvo una estrecha relación con la Embajada de Estados Unidos a través de la red de centros binacionales. Ese vínculo permitió impulsar múltiples actividades abiertas a la comunidad, además de los cursos de inglés.
“Además de las clases, la embajada nos ofrecía materiales y propuestas culturales para acercarnos a la comunidad”, explicó Paulin.
Entre las iniciativas que se organizaron con ese apoyo se recuerdan proyecciones de cine, exposiciones artísticas, visitas de especialistas internacionales y distintas propuestas culturales que se realizaban en espacios de la ciudad.
Uno de esos espacios más valorados fue la biblioteca bilingüe “Mark Twain”, que llegó a reunir alrededor de 2000 libros enviados desde Estados Unidos y que funcionaba como un punto de consulta y encuentro para los alumnos.
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Becas y oportunidades
Con el paso de los años, el instituto amplió su propuesta educativa con proyectos y programas de intercambio que brindaron oportunidades a numerosos estudiantes.
Uno de los programas más recordados fue el de las becas Access, financiadas por el Departamento de Estado de Estados Unidos para adolescentes de entre 14 y 18 años, que comenzaron a implementarse en 2010. Estas becas otorgaban dos años de formación gratuita en inglés para estudiantes de escuelas públicas.
Además de las clases, los participantes asumían el compromiso de cumplir con una importante carga horaria y participar en actividades comunitarias, culturales y educativas.
“Se convocaba a chicos que quizás no tenían recursos para estudiar en un instituto y que asumían ese compromiso con mucha dedicación”, explicó la docente Lucila Bertolin.
En ese sentido, destacó también el impacto que tuvieron las propuestas solidarias: “En San Francisco no era común realizar voluntariado, pero cuando llevábamos a los adolescentes a entretener o colaborar con alguna causa solidaria, salían felices. Les encantaba participar”.
Gracias a estas iniciativas, algunos estudiantes también pudieron acceder a experiencias internacionales o programas especiales vinculados a la embajada estadounidense. En 2019, por ejemplo, dos alumnos del Centro Binacional de San Francisco participaron del programa educativo “Space Camp” en Houston, vinculado a la Nasa, junto a jóvenes de distintos países.
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Mucho más que un lugar para aprender inglés
A lo largo de los años, Isficana se transformó en mucho más que un instituto de idiomas. Además de las clases de inglés, allí se desarrollaban proyectos culturales, jornadas de inmersión en el idioma y distintas actividades comunitarias que involucraban a alumnos, docentes y exalumnos.
También se realizaron producciones audiovisuales con estudiantes, como cortometrajes filmados en distintos espacios de la ciudad, además de encuentros y eventos educativos. Muchas de estas iniciativas contaron con el acompañamiento de instituciones locales como la UTN, escuelas secundarias y el propio municipio, entre otras organizaciones que colaboraron en distintas propuestas.
Pero más allá de las actividades, quienes formaron parte del instituto destacan principalmente el clima humano que se generaba puertas adentro.
“Era como una familia”, comentó Rocío López Kloster quien se recibió en el institutito y desde ahí nunca se despegó, teniendo vinculo constante con la institución cumpliendo diferentes roles.
Muchos alumnos no solo asistían a clases, sino que se quedaban en el instituto compartiendo momentos, utilizando la biblioteca o participando en actividades.
“Había chicos que pasaban antes de sus clases a tomar mates o simplemente iban a saludar. Era un lugar donde siempre se encontraban”, recurda Kloster.
Con el paso del tiempo, ese vínculo fue atravesando generaciones.
“Hubo familias enteras que pasaron por Isficana: primero los abuelos, después los padres, los hijos y hasta los nietos. Hay días que me cruzó en la calle con exalumnos y todos tienen un buen recuerdo. Eso no es fácil y me pone muy feliz”, señaló Paulin.
Un cierre con nostalgia y orgullo
El cierre del instituto responde principalmente a los cambios de contexto y decisiones personales de tomar nuevos caminos o proyectos de vida. Desde la institución sienten que fue un “ciclo cumplido para las autoridades cómo para los docentes”.
Sin embargo, quienes fueron parte de la institución destacan el legado que dejó en la ciudad y en la formación de cientos de estudiantes. “Es una mezcla de sentimientos: por un lado nostalgia y por el otro orgullo”, expresó Paulin.
Más allá del cierre de sus puertas, la historia del instituto continúa reflejada en sus alumnos. Muchos de ellos, gracias a la formación recibida, lograron desarrollar carreras vinculadas al idioma, trabajar en ámbitos donde el inglés es una herramienta clave o incluso radicarse en otros países. Algunos llegaron a vivir en Estados Unidos o participar en experiencias educativas y culturales únicas a partir del vínculo que el instituto mantenía con la Embajada.
Durante más de seis décadas, Isficana fue un espacio de aprendizaje, de encuentro y de oportunidades. Para muchos alumnos y docentes no fue solo un lugar para estudiar, sino también una segunda casa. Y aunque hoy sus puertas se hayan cerrado, el recuerdo y el impacto de lo vivido allí seguirán presentes en varias generaciones de la ciudad.
