Tras 127 días internada, Irene venció al Covid: “Fue una experiencia espantosa”
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Como un "renacer". A los 69 años, esta médica podría decirse que es una sobreviviente, una guerrera que nunca se dio por vencida ante la pandemia que le arrebató su vida tal como era antes del 15 de noviembre, cumpleaños y la posibilidad de estar cuando su octavo nieto llegaba a este nuevo mundo, pero hoy tiene su revancha y mientras se recupera y gana fuerza para volver a caminar, disfruta de los suyos y de las cosas sencillas que aprendió a valorar más.
Por Mauricio Argenti | LVSJ
Desde el pasado 9 de noviembre el nombre de Irene Di Monte empezó a circular por las redes sociales como destinatario de cadenas de oración y buenos deseos de parte de cientos de personas que se interesaron por su estado de salud al haber contraído Covid -19 de una manera severa que incluso la puso en varias ocasiones al borde de la muerte.
Más conocida como "la doctora Irene", de sonrisa dibujada en el rostro, acostumbrada a regalar amabilidad y buen trato a sus pacientes, supo ganarse el cariño de propios y extraños tras haber sido una más de tantas personas víctimas de esta pandemia.
Irene contrajo el coronavirus en ejercicio de su tarea médica que últimamente ejercía en el dispensario de Josefina. Estaba en la primera línea de batalla contra el virus hasta que este enemigo invisible logró penetrar su sistema inmunológico y le planteó una lucha desigual con una neumonía bilateral que, sin embargo y gracias a una inquebrantable fuerza de voluntad, logró vencer.
Luego de permanecer durante cuatro meses y medio internada en el Hospital Rawson de Córdoba, donde los médicos que la atendieron la definieron como "la mejor alumna", finalmente el pasado 22 de marzo salió de alta para encarar un proceso de recuperación acompañada por su familia.
Entre los síntomas más evidentes que le dejó el virus, Irene lucha para restablecer la fortaleza de sus piernas y recuperar, de a poco, la energía que la enfermedad intentó arrebatarle en su totalidad hasta que, por una inquebrantable fe y fuerza de voluntad, ella ganó la batalla.

Irene ya en casa, junto a su hija y su nieto.
Con 40 años de ejercicio de la profesión, esta médica generalista dispone de una dilatada experiencia en el trato con los pacientes, que la llevó a cosechar muchas amistades que durante estos 127 días de internación -muchos de ellos, conectada a un respirador artificial- estuvieron de alguna manera junto con ella dándole la fortaleza necesaria para resistir.
Irene recibió a LA VOZ DE SAN JUSTO para relatar en primera persona lo que significó para ella haber ganado esta lucha en sus 69 años y cómo el virus puso su vida "patas para arriba".
-¿Cómo se siente en este momento?
Hoy estoy contenta porque estoy acá. No obstante, estoy un poco angustiada por no poder caminar. A veces me siento desesperada por levantarme de esta silla de ruedas y salir corriendo como lo hacía antes. Pero soy consciente que la recuperación es paso a paso.
Ahora estoy bien, fuerte. Tratando de caminar y juntar fuerzas para salir adelante. Sin embargo, todo cuesta mucho porque los músculos están débiles y hay que rehabilitarlos para que vuelvan a estar fuertes de nuevo.
-Por su profesión, estuvo en riesgo constante. ¿Sospecha cuándo se pudo haber contagiado?
En realidad, no sé bien cuándo me pude haber contagiado. Quizá fue el último paciente que atendí con Covid que estaba mal. En todo este tiempo de pandemia no me fijaba dónde iba, ya que mi deber es atender a los pacientes. Todo empezó el 9 de noviembre cuando comencé a sentirme desganada, sin fuerzas. Ahí comencé a sospechar que podía ser positiva de coronavirus. En seguida empecé a sentir mucho dolor de cuerpo y llamé a Cruz Verde para que me buscara porque no aguantaba más y ese fue el momento que empezó la odisea.
-¿Qué vino después?
Me llevaron al Hospital (Iturraspe) y allí empecé a sentirme mal. Después me derivaron a la Clínica Regional del Este hasta que mi hermano Antonio y mi hijo querían derivarme a Córdoba. Así fue que la hija de Antonio, Estefanía, que hizo la residencia en el Hospital Rawson, solicitó mi ingreso y se lo otorgaron. Yo llegué a Córdoba el 15 de noviembre y permanecí internada hasta el 22 de marzo, día en que me dieron el alta. Durante todo ese tiempo pasaron muchas cosas, el 16 de diciembre fue mi cumpleaños y lo pasé internada y a los pocos días nació mi nieto mientras yo estaba en coma luchando por mi vida.
-¿Qué recuerdos tiene de toda esta experiencia de internación en el Hospital Rawson, lejos de su casa y de los suyos?
Una vez que me internaron perdí el conocimiento y no me acuerdo nada. No sé cuándo fui a parar a Terapia Intensiva y tampoco recuerdo que me hayan puesto el respirador. Recién cuando fui trasladada a la Unidad de Terapia Intermedia me desperté y me sentí con mucho miedo. Si bien no estaba más entubada, tenía una traqueotomía y no podía hablar. Además, no podía moverme y veía que pasaba la gente, quería pedirle auxilio y no podía. Fue una experiencia espantosa. Con el tiempo empecé a recuperar de a poco los movimientos y después de muchos días, con la ayuda de una cánula empecé a hablar. Todo este proceso fue muy duro.

Describe lo que
vivió como un renacimiento: "Siento que volví a nacer. En realidad, yo nací el
16 de diciembre de 1951 y cumplí años estando internada, pero a la vez siento
que cuando recobré la conciencia volví a nacer".
-¿Qué fue lo primero que pensó cuando recobró la conciencia y vio que estaba internada?
Cuando desperté y vi que no podía hablar me parecía que estaba dentro de una película de terror y me preguntaba cuándo iba a terminar esa pesadilla. Al principio no entendía nada, no se me cruzaba ninguna razón que justifique por qué estaba así.
-¿Sintió miedo?
Al principio tenía miedo que me pasara algo mientras estaba ahí, pero a medida que iba pasando el tiempo veía que me estaba alejando del peligro. De todas maneras, siempre tuve mentalidad positiva, desde que recobré la conciencia empecé a pensar que iba a poder salir de todo esto. Además, cada día que pasaba me sentía un poco mejor y eso me daba esperanzas de que todo iba a estar bien.
Desde ese 15 de
noviembre hasta el 22 de marzo que recibió el alta, pasaron muchas cosas, de
algunas ni se dio cuenta, porque estuvo inconsciente. En el medio de una lucha
incansable por vivir, Irene cumplió 69 años, nació su nieto y cientos de
mensajes de aliento, buenas energías y rezos se multiplicaban en las redes
sociales, incluso de gente que no la conocía, pero entendía que a todos les
puede tocar estar en esos "zapatos".
-¿Cómo es usted como paciente siendo médica?
Creo que buena. Siempre respeto lo que dice el médico que me está atendiendo. No soy de las que se meten y dan su opinión. En todo el tiempo que estuve internada me he portado muy bien, no protesté por nada porque sabía que lo que los médicos estaban haciendo era para que yo me recuperara y pueda salir de allí viva y con buena salud. Pese a que yo soy médica, siempre supe que era una más de todas las personas que estaban internadas allí y había que respetar el tratamiento. Yo sabía que tenía que tener paciencia en todo momento.
-El equipo médico del Hospital Rawson la declaró "mejor alumna"...
Sí, al menos eso me dijeron. En verdad, tengo que agradecer mucho el trato que me dio todo el equipo médico del Hospital Rawson. Todos los médicos, las enfermeras, mucamas y personal en general han sido maravillosos conmigo. La dedicación y el trato con el paciente ha sido excelente.
"Aprendí que hay que cuidarse mucho"
-¿Qué enseñanzas le dejó el Covid?
Aprendí sobre todas las cosas que hay que tener mucho cuidado con esto, no hay que ser tan confiado ni pensar que no se van a contagiar. Como paciente la pasé muy mal, pero aprendí que hay que cuidarse mucho, no hay otra forma.
-¿Qué tiene ganas de hacer una vez que se recupere
plenamente?
Tengo ganas de estar en mi casa disfrutando de mis plantas. Ya no voy a ejercer porque tengo una edad que me sobrepasa y viví una experiencia límite que me hizo replantear muchas cosas. Voy a aprovechar para hacer eso que antes no hacía y que me provoca mucha satisfacción.
-Mucha gente que atraviesa por situaciones límites como esta siente que volvió a nacer...
Sí, por supuesto. Yo siento que volví a nacer. En realidad, yo nací el 16 de diciembre de 1951 y cumplí 69 años estando internada, pero a la vez siento que cuando recobré la conciencia volví a nacer. Durante mi recuperación, que no fue fácil, no solo atravesé por el Covid sino que pasé por una neumonía, estuve dializada, me alimentaban por medio de una sonda nasogástrica, tuve un sonda vesical, una traqueotomía y cuando estaba repuntando, parecía que siempre faltaba algo más y recaía hasta que finalmente la recuperación se hizo constante y eso me permitió irme de alta.
Voy a aprovechar para hacer eso que antes no hacía y que me provoca mucha satisfacción", reflexionó como un aprendizaje que le dejó esta pandemia sufrió en carne propia.
-En torno al virus hay muchas posturas. Están aquellos que relativizan su poder de daño; están los que le tienen respeto; otros miedo y finalmente están aquellos que murieron. ¿Qué mensaje le dejaría a la sociedad?
Que hay que cuidarse, hay que respetar mucho a esta enfermedad y seguir al pie de la letra todas las normas de seguridad. Esto no es una gripecita, es una enfermedad muy poderosa que deja secuelas, algunas de ellas muy graves. Sin dudas a mí me va a dejar algunas, pero lo importante es que lo pude vencer, estoy acá viva y me alegro mucho por eso.

En el Hospital Rawson permaneció 127 días, muchos de ellos conectada a un respirador artificial.
-Durante todo este tiempo en que estuvo internada hubo mucha gente que expresaba buenos deseos para su pronta recuperación, que rezaba. ¿Usted cree que eso ayudó?
Seguramente que sí. Pienso que hay un ser allá arriba que nos protege y la oración ayuda, sin dudas que sí. Tengo que agradecerles a todos los que rezaron o expresaron sus buenos deseos. Eso sin dudas me ayudó a que hoy esté acá con ustedes.

