Trabajar toda la vida: cuando el esfuerzo no se jubila
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No hay registros oficiales de los pasivos que trabajan, pero tres testimonios como el de Luis y Rosita revelan que deben salir a trabajar otra vez porque la jubilación que cobran no les alcanza para vivir.
Trabajar después de la edad de jubilación es una opción para muchos, por distintos motivos. Algunos buscan mantenerse activos; otros, simplemente subsistir, porque la pensión mínima que perciben no les alcanza; deben generar otra fuente de ingresos.
LA VOZ DE SAN JUSTO recogió el testimonio de Luis Medina, Rosita Bauri y Ramón Peralta, todos mayores de 65 años. Con el cansancio lógico de una vida de sacrificios y altibajos, los hombres se levantan todos los días para seguir haciendo lo que siempre hicieron: trabajar. Y en el caso de Rosita, a buscar empleo.
Luis, fletero
En barrio Vélez Sarsfield, una antigua camioneta Ford modelo 77 luce algo despintada, pero deja leer la palabra "Fletes" y un número de teléfono. Es la "chata" de don Luis Medina, de 70 años, jubilado, que percibe $5.300 pesos por mes de jubilación entre descuentos y una moratoria que tiene que pagar. "Llego con suerte a fin de mes. Vivo con lo justo", contó a LA VOZ DE SAN JUSTO.
Este vecino tiene algunos trabajos fijos como el transporte del Paseo de los Artesanos de la ciudad cada domingo y en el medio, algunas mudanzas que le piden los vecinos o lleva y trae paquetes.
"Vivo el día a día. Si se me rompe algo de la camioneta, saco al fiado; con la comida, lo mismo. Voy a una carnicería amiga que confía en mí y también tengo un amigo farmacéutico que conozco desde que vivo en San Francisco, que si necesito algo, me lo da y después se lo pago", agregó.

Pasado que es presente
Pese a su avanzada edad, Luis se mantiene vital y con una sonrisa. Se levanta a las 4.30, prepara el mate y toma su pastilla para la presión arterial. A las 8 compra ya su comida para el mediodía y espera el llamado para un posible flete.
Va y viene, pero su pasado como trabajador en una cantera le dejó huellas y un año atrás, los médicos le detectaron artrosis, lo que le impide moverse con facilidad. "El médico me prohibió hacer fuerza. Si la gente me pide una mudanza a las 8 de la mañana, a las 7.30 estoy en el lugar, pero no puedo exigirme demasiado. Hay días de humedad que el dolor de hueso me tira a la cama, pero tengo que seguir porque hay que vivir. Con esta humedad, me levanté con la mano hinchada, con dolor de espalda, duele todo", reconoció.
"El problema es que hay fleteros que hacen el trabajo por chirolas y yo no puedo. Tengo que mantener mi medio de trabajo, pagar el combustible y comer. Se hace difícil hacerlo por nada y todo cuesta", se lamentó.
Vivir con "la mínima" y sin TV
Desde el 1º de marzo de este año, los jubilados que perciben la mínima, reciben $6.377 por mes. Los números no cierran para llegar a fin de mes. "No me gusta deberle a nadie; más vale, no como y la plata la guardo para pagar. Por suerte, tengo los tres servicios - gas, agua y luz- pero no llego para pagar el cable, así que no miro televisión", indicó Luis.
Vive en San Francisco desde hace 17 años tras conocer a la mujer que lo enamoró. Alquiló una casa durante un tiempo mientras buscaba trabajo hasta que compró la casona que hoy habita, luego de que vendiera su parte del campo en el que se crió en la zona rural de Marull.
"Cuando era joven, trabajé en el campo y después en la cantera. La gente no me cree que en verano y en invierno me la pasaba con el cuerpo metido en el río", recordó entre risas.

"Es un incordio que los jubilados vivamos
de esta manera. No puede ser que tanta plata que derrochan, roban, no puedan
dársela a los jubilados. ¿Cómo puede ser que algunos cobren tanto y otros una
miseria?. Eso es lo que más me duele e indigna", afirma Luis.
Luis no tuvo suerte en algunos negocios y su pareja no prosperó. "Estoy solo hoy, pero aún tengo el cariño de mi exmujer y de sus hijos que los quiero como si fueran míos. Tengo una familia hermosa y unos nietos divinos", aseguró.
"Tengo mi casita armada. Muchas cosas las compré usadas y otras no. Pero tengo todo lo que necesito".
Sobre la realidad, Luis se mostró poco esperanzado. "No creo que esto cambie y va a ser cada vez peor. No pido vivir con $30.000 al mes, pero al menos $8.000 para estar más tranquilo", exhortó.
"Es un incordio que los jubilados vivamos de esta manera. No puede ser que tanta plata que derrochan, roban, no puedan dársela a los jubilados. ¿Cómo puede ser que algunos cobren tanto y otros una miseria?. Eso es lo que más me duele e indigna", concluyó.
Rosita: volver al trabajo
Rosita Bauri trabajó durante 20
años y hoy tiene que volver a hacerlo porque la jubilación no alcanza
"Acabo publicar un aviso ofreciéndome para cuidado de personas mayores o enfermas. Tengo experiencia", indicó Rosita Bauri, una vecina de barrio Catedral. "Dejé de trabajar por dos años porque estaba muy agotada. Llevo más de 20 haciendo este trabajo".
Durante gran parte de su vida Rosita se dedicó al cuidado de personas mayores o enfermas y se formó en distintas instituciones como clínicas, y de manera privada.
Rosita tiene la jubilación mínima, peo no le alcanza. "Me preocupa mucho la situación del país y con lo poco que gana un jubilado, no se vive", reclamó.
"Hay muchas cosas que pagar. Las facturas llegan todo el tiempo; la de agua, la de la luz, la del gas. Por suerte no tomamos medicación con mi marido", dijo con resignación.
Ella vive con su esposo Eduardo, quien trabaja en la construcción y está llevando adelante sus trámites jubilatorios.
"Sé que voy a tener suerte porque tengo mucha experiencia y cuidar a una persona es algo delicado, que hay que hacer con respeto", dijo optimista.
"Hay cosas que no puedo hacer como por ejemplo limpiezas generales de casas, o mucho esfuerzo, pero la experiencia me enseñó a tratar con las personas, a higienizarlas, alimentarlas. Puedo mantener un ambiente para una persona que lo necesite", aseguró la jubilada.
"Vivimos en un país con incertidumbre. Me gustaría poder quedarme en casa pero salir a trabajar me hace sentir bien, que estoy activa", concluyó Rosita.
