Trabajar de noche para las mujeres: crecen los riesgos y también los cuidados
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Para muchas mujeres sus horarios de trabajo no suelen ser los más habituales. Y cuando el sol se despide, muchas deben salir a trabajar y también a estudiar.
"La noche es difícil. Ves cosas que durante el día no están. Es muy arriesgado", cuenta la remisera Claudia Ríos (40). "Lo peor son los chicos. Hay mucha droga y alcohol de noche y eso me da temor", agrega la trabajadora del volante.
Para muchas mujeres sus horarios de trabajo no suelen ser los más habituales. Y cuando el día se despide, muchas deben salir a trabajar y también a estudiar.

Claudia maneja un remis y toma sus recaudos cada noche
Claudia hace seis años que cumple funciones en una agencia de remises y elige trabajar durante la noche los fines de semana porque la demanda es mayor, aunque también los peligros a los que está expuesta: "Es el momento del día más complicado de todos para trabajar", asegura. Pese a ello, no pretende cambiar sino que utiliza ciertas estrategias cuando sale a trabajar: "Solo me muevo por algunos sectores y boliches de la ciudad, no levanto pasajeros en cualquier lado, no entro a todos los barrios y presto atención en cada lugar al que voy. Igual, pienso que si te tiene que pasar algo te va a pasar, pero trato de cuidarme siempre; para trabajar de noche tenés que tener coraje y saber tratar a la gente que se sube a tu auto", agrega.
Pero además, a Claudia la cuidan mucho sus compañeros de trabajo: "El operador me pregunta si terminé mi trabajo; me envían a buscar a las chicas a los boliches; mis compañeros me preguntan cómo estoy y mi marido, que también es remisero de noche, me cuida y va siguiendo mi trabajo".
En la escuela también
El Colegio Superior San Martín fue blanco de hechos de inseguridad casi a diario ¿El motivo? Principalmente la zona de acceso a la institución sobre el Pasaje Champagnat (S) al 50, que se constituye como senda peatonal que conecta a la escuela con el Jardín Botánico y el Superdomo San Francisco.
Silvana Romagnoli, directora del Colegio Superior San Martín, explicó a este diario que "decidimos que la puerta de ingreso y egreso del colegio sea la entrada principal por Bv. 25 de Mayo y fue una decisión acertada".
La disposición se tomó después de las vacaciones de julio y según la docente se redujeron notablemente los hechos de inseguridad. "De actos vandálicos y robos que teníamos casi todos los días en el Pasaje, desde hace un mes y medio, solamente lamentamos cuatro situaciones de inseguridad", afirmó.
A pesar del flujo constante de gente sobre esta arteria, durante la noche ese lugar se convierte en una boca de lobo.
Actualmente la institución educativa cuenta con una población de más de mil estudiantes en sus tres turnos (mañana, tarde y noche) y de estos, alrededor de 400 cursan desde las 19 hasta la medianoche los profesorados de nivel secundario en Matemáticas, Historia, Lengua y Literatura; y las tecnicaturas en Gestión y Administración de las Organizaciones y Desarrollo de Software. También hay que sumarle 65 docentes de ese nivel más personal no docente. De esa población nocturna, la mayoría son mujeres.
"Era tierra de nadie", asegura Romagnoli, agregando que el Pasaje "al ser interno era difícil de controlar, complicado por su conexión al Pasaje del Bicentenario donde no hay movimiento; no había control policial y se agravaba la situación con la poca iluminación de este lugar y de la playa de estacionamiento".
Para darle un principio de solución a este tema, la institución ahora tiene acceso solo por Bv. 25 de Mayo. Asimismo se sumaron luces LED para mejorar la iluminación del sector.
Estrategias y temores
Belén Bravo, alumna del tercer año del profesorado de Historia -llegó de Sastre y Ortiz para estudiar en nuestra ciudad- asistir a clases de lunes a viernes hasta la medianoche significa un riesgo: "Elegí San Francisco porque es una ciudad tranquila y porque no me gustan las grandes aglomeraciones. Sin embargo, hoy tenés que cuidarte acá también y a toda hora. Para venir a la escuela solamente traigo dinero en los bolsillos, el teléfono celular bien guardado y los libros; nada más".
Belén sabe por compañeras que fueron víctimas de robo que tiene que cuidarse: "El peor lugar es la esquina de Pasaje Champagnat y Bv. 25 de Mayo. No solo que no hay luz sino que los árboles tapan la poca iluminación. Hubo compañeras que les pegaron y robaron en pleno bulevard".
Las mujeres entrevistadas afirmaron que siempre es mejor salir con un compañero o colega para no caminar sola a altas horas de la noche.
Sofía Cohn, profesora de Economía y Matemática de la tecnicatura de Gestión y Administración de las Organizaciones, también es vecina de la escuela y toma sus recaudos para ir a trabajar: "Suelo irme del colegio a las 21 y a la medianoche. Podría cruzar el Jardín Botánico pero tengo miedo. Bordeo toda la escuela para irme", indica.
"No traigo nada a la escuela, ni las tarjetas de crédito; solo algo de dinero y una pequeña cartera prestando atención las cinco cuadras que separan la institución de mi casa", asegura la docente.
Romagnoli reconoce que "las docentes me confiesan que antes no observaban a su alrededor pero ahora, cuando ascienden o descienden de sus vehículos prestan atención y son cuidadosas con sus pertenencias".
La Policía Barrial -advierte- también está presente en la zona y es una tranquilidad para la comunidad educativa. "Soy la última que se va del colegio y junto a Raquel, la portera, la que cierra la puerta. Que esté la policía me da una tranquilidad extra", señala la directora.
