Tensión que revela cuestiones no aprendidas
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Las bravuconadas del electo presidente norteamericano, los desafíos constantes del mandatario ruso, las amenazas explícitas de China a Estados Unidos y el alerta militar decretado por la Organización del Tratado del Atlántico Norte han puesto al mundo en vilo ante la posibilidad de una nueva escalada global de violencia bélica. Se suman a los múltiples conflictos regionales que conmueven al planeta, especialmente la sangrienta batalla de Siria y los constantes ataques terroristas del grupo fundamentalista Ejército Islámico.
En los últimos días, la sensación de que se está generando un nuevo período de tensión en el mundo ha crecido considerablemente debido a los movimientos militares producidos por Rusia y la Otan. "Hemos visto que Rusia está más activa en muchas formas diferentes", ha alertado el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Jens Stoltenberg, en una entrevista con el diario británico The Times. Además, ha declarado que el Gobierno de Moscú está también utilizando la "propaganda" en Europa entre los aliados de la Alianza Atlántica, por lo que insiste en la necesidad de dar una respuesta a Rusia. "Respondemos reforzando nuestra defensa colectiva a mayor nivel desde el final de la Guerra Fría", ha asegurado Stoltenberg, sin precisar el número exacto de soldados de la Otan involucrados.
En el mismo sentido, el presidente ruso, Vladimir Putin anunció que fortalecerá la capacidad defensiva rusa debido a la "retórica agresiva" de la Alianza hacía Moscú. En un discurso ante el pleno de la Duma (Cámara Baja), Putin señaló que Moscú propuso en reiteradas ocasiones la creación de un "sistema de seguridad global" sin bloques, pero que nunca vio "una reacción positiva, sino al revés, la Otan aumentó su retórica agresiva".
Estas declaraciones fueron el preámbulo de movimientos de tropas en ambos bandos, situación que generó alarma cierta en el viejo continente y derivó en la sensación de que la Guerra Fría ha vuelto para quedarse por mucho tiempo. Esta situación ya había sido anunciada en septiembre pasado por el canciller ruso en la Conferencia de Seguridad de Munich, Alemania, que se celebra cada año.
Lo cierto es que Rusia y Occidente mantienen posturas encontradas en torno al conflicto sirio. Moscú apoya al régimen autoritario de Damasco, aborrecido por los países europeos. Al mismo tiempo, Europa acusa a Rusia de apoyar a los rebeldes separatistas prorrusos del este de Ucrania en su lucha contra el poder prooccidental de Kiev. Y algo similar estaría ocurriendo en los países bálticos, territorios muy apetecidos por su estratégica ubicación geográfica, que fueron otrora parte de la ex Unión Soviética.
Si a este panorama se le agrega la incertidumbre acerca de la posición que tomará Estados Unidos cuando asuma el nuevo polémico presidente y también las incógnitas sobre la posición que adoptará China, está claro que la política mundial va hacia una nueva etapa de tensión, donde la confrontación superará a la cooperación.
Los especialistas en política internacional advierten que la escalada de tensión puede acarrear gravísimas consecuencias. "Las decisiones sobre despliegues y operaciones militares se van alimentando recíprocamente. Eso es peligroso", declaró, por ejemplo, el comisionado especial del Gobierno alemán para Rusia, Gernot Erler. Según el experto, "precisamente esta evolución desemboca en situaciones incontroladas y hasta en una guerra".
Triste resulta comprobar que la historia parece repetirse. Lo que está ocurriendo revela con claridad que no fueron aprendidas las lecciones severas de los dramas bélicos del pasado reciente.
