Temporales, desastres y falta de prevención
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La prevención de los riesgos es una tarea impostergable, mientras que las medidas para mitigar los efectos del cambio climático no pueden seguir ocupando el último vagón en el tren de las prioridades de cualquier gobierno.
Los títulos periodísticos por lo general se refieren más a sucesos que a procesos. Esto significa que el hecho puntual transformado en noticia no permite observar más allá de él. Entonces, no aparece nítido el contexto que revela causas profundas y permite inferir consecuencias. Pero si se los agrupa en un párrafo, quizás pueda tomarse dimensión de la catástrofe ambiental que sacude a la mitad del territorio nacional.
Tres titulares bastan para ello. "Más de un año necesitará Comodoro Rivadavia para recuperarse del desastre". "Una verdadera catástrofe para los productores del norte de La Pampa". "Las lluvias y el desborde de ríos dejaron más de 12.000 damnificados en Tucumán". Pueden agregarse otros similares cambiando el nombre de las provincias. Porque todo el noroeste, Córdoba, Santiago del Estero, Santa Fe, algunas regiones de Buenos Aires y otros distritos de la Patagonia están sufriendo calamidades climáticas cuyas derivaciones sociales y económicas serán muy onerosas.
Las imágenes de las correntadas que se llevaban todo a su paso en Comodoro Rivadavia o las de las expresiones de abatimiento de miles de evacuados tucumanos son impactantes. Porque permiten tomar dimensión de una situación para muchos dramática que no siempre es visualizada en grandes ciudades, provistas de buena infraestructura y mejor nivel de vida.
Hay, dentro de quienes estudian estos fenómenos, visiones si no opuestas, por lo menos encontradas. Algunos, los atribuyen de manera directa al cambio climático, a la elevación de la temperatura de la Tierra y a la escasa respuesta que el mundo está dando a esta amenaza. Otros, si bien no descartan el impacto de, por ejemplo, el efecto invernadero, estiman que estos eventos debieran repetirse con asiduidad en los mismos territorios para calificarlos como efectos del cambio climático.
Sin embargo, existe una coincidencia en todas las visiones que se preocupan por este asunto y por las consecuencias tristes que generan los temporales en varias provincias argentinas. Culpando al clima y a sus variaciones quienes tienen poder de decisión y responsabilidades en el manejo de la cosa pública se escudan para esconder su ineficiencia en materia de generación de condiciones para proteger el ambiente y también en la construcción y planificación de infraestructura básica que permita aliviar el daño de las lluvias, aludes y vientos, entre otros fenómenos.
Por eso, la prevención de los riesgos se asume como una tarea impostergable, mientras que las medidas para mitigar los efectos del cambio climático no pueden seguir ocupando el último vagón en el tren de las prioridades de cualquier gobierno en cualquier nivel del Estado.
