Sociedad
Susana y sus 40 años de almacenera: “Lo más importante es la cercanía con la gente”
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Cada 16 de septiembre se celebra en Argentina el Día del Almacenero, y Susana Passoni es un ejemplo de dedicación y vocación. Con cuarenta años de experiencia como almacenera, Susana ha visto crecer barrios, generaciones de clientes y su propio negocio, siempre con una sonrisa y atención personalizada. “Toda mi vida voy a ser almacenera”, destacó.
Cada 16 de septiembre se celebra en Argentina el Día del Almacenero, una fecha que busca reconocer a quienes, desde cada barrio, sostienen la tradición de los pequeños comercios de cercanía. Son ellos los que, con trato familiar, confianza y constancia, acompañan a los vecinos en la vida cotidiana. En este marco, LA VOZ DE SAN JUSTO dialogó con Susana Passoni, una mujer de 65 años que lleva cuatro décadas dedicada al oficio y que hoy comparte su trabajo junto a sus hijas en barrio Consolata.
“Toda mi vida fui almacenera. No creo que pueda hacer otra cosa”, aseguró Susana, con una sonrisa que refleja orgullo por un camino hecho de esfuerzo, de madrugones y de vínculos humanos que se renuevan todos los días detrás del mostrador.
La historia de Susana en el mundo de los almacenes comenzó hace mucho tiempo. “Hace como 40 años que empecé. Tenía apenas a mi hija más chiquita de dos meses cuando comencé a trabajar en almacén”, recordó. Sus inicios fueron como empleada en distintos comercios de San Francisco: primero en un local grande sobre Juan B. Justo, luego en Boulevard Buenos Aires, más tarde en la zona de Primero de Mayo, entre otros lugares.
Con el tiempo, la experiencia la fue empujando a dar el gran salto. “Después me puse yo mi propio almacén, al lado de una panadería. Ahí estuve como once años. Y así fui trabajando en distintos lugares: en las 800, y ahora acá, en calle Ameghino, donde lo tengo junto a mi hija”, indicó.
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Ese recorrido de cambios y nuevas oportunidades muestra la esencia de un oficio que nunca se quedó quieto: siempre hubo que adaptarse, volver a empezar, abrir las puertas en otro lugar y ganarse la confianza de una clientela distinta.
Para Susana, ser almacenera no es solo un trabajo: es un estilo de vida. “Toda mi vida estuve en el almacén, es la costumbre de siempre, es algo muy importante para mí. Me gusta, lo hago con gusto, no por obligación”, aseguró.
Con respecto a lo que más le gusta de su día a día, la almacenera destacó: “Lo que más me gusta es estar con la gente, me siento muy activa y útil. Me gusta atender, responder, conversar. Lo más importante es la cercanía con la gente”.
Con los años, además, el negocio se transformó en un espacio de encuentro familiar. “Ahora que ya estoy más grande, lo trabajo con mis hijas. Una está todo el día conmigo en el negocio y la otra, que trabaja en otro lado, viene a la tarde a darnos una mano. Así que estamos las tres. Y me encanta tenerlas conmigo todo el tiempo, es tiempo de calidad que pasamos en familia”, señaló.
El barrio como sostén
Hace dos años y medio, Susana abrió el almacén actual en su propia casa, en Ameghino 650, barrio Consolata. “En el barrio de las 800 no nos estaba yendo muy bien con las ventas, y entonces decidimos empezar acá, en mi garaje. Comenzamos con nada, pero gracias a Dios ahora tenemos un negocio completito. La gente respondió muy bien, el barrio nos acompañó mucho”, indicó.
La relación con los vecinos es uno de los aspectos que más valora. “La gente es muy buena, muy atenta. Empiezan a venir, siguen viniendo. Hay clientes de paso, gente nueva, pero también muchos que se quedan charlando, que te cuentan cosas. Se generan amistades. Eso me gusta mucho”, agregó.
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El almacén, en definitiva, se convierte en un punto de encuentro: un lugar donde no solo se compran productos, sino donde se refuerzan lazos y se comparten historias.
El oficio de almacenera también fue cambiando con los años. A la venta de los productos de siempre, Susana le fue sumando otras propuestas: “Hacemos un poquito de todo, como sándwiches y comidas caseras. Eso también se vende bien”.
Frente al contexto económico actual, reconoce que, si bien las ventas a veces se resienten, ella mantiene una mirada positiva. “Gracias a Dios trabajamos muy bien. Hay días en los que baja un poco, pero dentro de todo no nos podemos quejar”, añadió.
Un oficio que trasciende generaciones
El testimonio de Susana Passoni refleja lo que significa ser almacenero en Argentina: sostener un negocio con constancia, darle vida a la economía familiar y, sobre todo, mantener el contacto cercano con la comunidad.
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En el Día del Almacenero, su historia sirve como homenaje a quienes siguen abriendo la persiana o la puerta cada mañana en los barrios de la ciudad, con el mismo espíritu de servicio que hace que los vecinos vuelvan una y otra vez.
“Para mí, el almacén es toda mi vida. No me imagino haciendo otra cosa. Es lo que sé hacer, lo que me gusta, y lo que me dio tantas satisfacciones, no lo voy a abandonar”, concluyó Susana.
