Vóley
Sofi Baldo: una historia que recién empieza
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Con 15 años y toda una vida ligada al vóley en su Sastre natal, la punta receptora vive en San Francisco su primera experiencia en la élite con San Isidro, entre aprendizaje acelerado, respaldo colectivo y sueños que empiezan a tomar forma.
A los cinco años, Sofía Baldo empezó a jugar al vóley casi sin darse cuenta de que ese juego iba a marcarle el camino. En el Club Atlético Sastre, su lugar de pertenencia, probó distintos deportes, bailó, hizo telas y se permitió explorar. Pero siempre volvía a lo mismo: la pelota, la red y ese espacio colectivo donde sentía que todo le resultaba natural. Con el paso del tiempo, el vóley dejó de ser una actividad más y pasó a ocupar el centro de su rutina.
Nacida y criada en Sastre, Sofi hizo toda su formación en el club de su ciudad. Allí no existe competencia oficial de primera división: el recorrido se detiene en Sub 18 y luego aparecen las categorías de maxi vóley. Aun así, el club sostiene una dinámica competitiva regional, con torneos tipo Grand Prix frente a equipos como El Trébol o San Jorge, en jornadas intensas donde se juega todo en pocas horas. En ese contexto, Sofi creció con continuidad, sin urgencias, pero con una base sólida.
La posibilidad de dar un salto apareció de la mano de alguien que ya conocía su recorrido. El entrenador que hoy dirige el plantel profesional de San Isidro también trabaja en la Selección Santafesina y la había visto competir en distintas instancias. La propuesta fue clara: sumarse a la Liga Argentina, vivir su primera experiencia en una primera división y empezar a transitar un camino distinto. “Me pareció una experiencia re linda para arrancar, para aprender un montón, tanto en lo técnico como en lo personal”, cuenta.
Con 15 años, Sofi dejó su casa, su rutina y su entorno para instalarse en un departamento en San Francisco. La experiencia implicó aprender a organizarse, a manejar tiempos, responsabilidades y decisiones cotidianas. “Toca aprender un montón de cosas, pero es parte del proceso”, resume con naturalidad, como si el cambio hubiese llegado en el momento justo.
Su recorrido en selecciones juveniles explica, en parte, esa adaptación. Representó a Santa Fe en cinco Campeonatos Argentinos y tuvo varias concentraciones con la Selección Argentina. En 2025 disputó un Mundial en Serbia y un Sudamericano en Perú, experiencias que la enfrentaron a otros ritmos, otros estilos de juego y otro nivel de exigencia. Ese bagaje fue clave para afrontar el salto a la Liga.
La llegada a un plantel profesional, rodeada de jugadoras con varias temporadas en primera, no fue un obstáculo. “Las chicas son re buenas personas, te ayudan un montón y siempre están alentando”, explica. En un equipo que combina experiencia y juventud, Sofi encontró un grupo unido, donde el acompañamiento permanente acelera los procesos de crecimiento.
El debut en la Liga Argentina fue una mezcla de nervios y disfrute. El primer partido, ante Estudiantes, significó el estreno absoluto en la categoría y también una actuación destacada. “Estaba muy nerviosa al principio porque nunca había jugado a este nivel, pero las chicas me ayudaron a soltarme. Gritar los puntos te libera mucho y te mete en partido”, recuerda. El triunfo fue un envión anímico para un equipo que empieza a escribir su historia.
Luego llegó el cruce con Gimnasia, el campeón vigente. San Isidro cayó, pero compitió durante todo el encuentro. “Tenían un bloqueo muy alto y defendían muy bien, se nos complicó. Igual nunca dejamos de intentarlo”, analiza. El balance del primer fin de semana fue positivo: el objetivo era ganar uno de los dos partidos en La Plata y se cumplió.
Más allá de los resultados inmediatos, el plantel tiene claro el horizonte. La prioridad es mantenerse en la categoría y sostener el proyecto en el tiempo. “El objetivo principal es quedarnos en A1, pero también tenemos otro más ambicioso, que es intentar meternos entre los ocho. Es difícil, pero hay que proponérselo”, explica Sofi, consciente del desafío que implica competir en la élite.
El respaldo institucional es uno de los aspectos que más destaca. Desde la logística hasta la infraestructura, todo está pensado para que las jugadoras se enfoquen en competir. El Superdomo, acondicionado como escenario principal, es parte de esa apuesta. “Está todo muy lindo, muy ordenado, siempre están a disposición nuestra. Eso se nota y se agradece”, afirma.
La figura de la manager también ocupa un lugar central en el día a día. Con una extensa trayectoria como jugadora, hoy acompaña desde otro rol. “Vale González siempre está, nos pregunta si necesitamos algo, nos consigue lugares cómodos para vivir y en los viajes cuida cada detalle”, cuenta Sofi, que valora ese respaldo silencioso.
Detrás de cada paso, la familia aparece como sostén incondicional. Padres, tíos y allegados la acompañan siempre que pueden, incluso en partidos lejos de casa. “Siempre están para mí. A veces no se los digo, pero se los tengo que agradecer muchísimo”, confiesa.
En medio de esa exigencia temprana, también hay espacio para los rituales propios de su edad. En los próximos días, Sofi hará una pausa en la competencia para cumplir uno de esos sueños que marcan una etapa: viajar a Disney para celebrar sus 15 años. El viaje, planificado desde mucho antes de que apareciera la propuesta de San Isidro, la obligará a perderse solo un partido de la Liga, ante San Lorenzo, antes de regresar el 4 de febrero y retomar los entrenamientos de cara al cruce con Villa Dora. “Primero fue el viaje y después llegó lo de San Isidro. Por suerte, justo coincide con una fecha libre y solo me pierdo un partido”, cuenta. Entre valijas, parques y camisetas, la experiencia resume el momento exacto que atraviesa: la convivencia entre la adolescente que celebra sus quince y la jugadora que empieza a escribir su lugar en la élite del vóley argentino.
Punta receptora por elección y convicción, Sofi se siente cómoda en el puesto que ocupa desde hace años. Escucha, aprende y responde. Sabe que el camino recién empieza y que la exigencia es alta, pero también que está donde quiere estar. A los 15 años, lejos de casa y con la Liga Argentina como escenario, Sofi Baldo construye, punto a punto, una historia que recién comienza.
