Siria: el mundo no cambió
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Un total de 86 personas perdieron la vida en un instante -30 de ellas niños-, generando una escena de horror que hace tiempo no se observaba.
Conmovió al mundo el ataque con armas químicas que se produjo días atrás en Siria, en el marco de la sangrienta guerra civil que afronta desde hace años ese país. Un total de 86 personas perdieron la vida en un instante -30 de ellas niños-, generando una escena de horror que hace tiempo no se observaba y también la repulsa mundial, encabezada por el Papa Francisco quien dedicó un amplio tramo de uno de sus discursos para condenar el hecho.
La catástrofe de la guerra tiene su expresión más bárbara -en el estricto sentido de la palabra- en Siria. Más de 10 millones de personas debieron emigrar generando uno de los fenómenos de desplazamiento de masas más dramáticos de la historia de la humanidad. Más de 320 mil muertos, millones de heridos. Y, además, ningún atisbo de que la matanza pueda cesar.
El fanatismo religioso del Ejército Islámico se entrometió entre los rebeldes al régimen autoritario de Damasco y, así, las cosas sólo empeoraron. El ataque con armas químicas realizado por fuerzas leales al gobierno en una de las provincias sirias pareció ser la gota que rebalsaría el vaso. La prensa internacional dio cuenta de que Estados Unidos, Francia y el Reino Unido identificaron como agresor al régimen de Bachar el Asad. "El ataque químico perpetrado contra inocentes, entre ellos mujeres, niños y bebés, no puede ser ignorado por el mundo civilizado, lo condenamos", declaró el polémico presidente norteamericano Donald Trump. Su secretario de Estado, Rex Tillerson, se sumó: "Así opera El Asad, con brutalidad y barbarie. El uso de armas químicas contra su propio pueblo revela un desprecio fundamental contra la decencia humana".
Sin embargo, cuando el doloroso suceso se trató días atrás en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Rusia salió en defensa del régimen sirio y bloqueó la condena a través del uso de su poder de veto. Desde Moscú se sostuvo que el gobierno de Siria es inocente y que el material químico había sido ocultado por rebeldes en un almacén terrestre que estalló con las bombas aéreas. De nada sirvió que los observadores en la zona lo desmintieran.
Como desde hace décadas viene ocurriendo, una potencia se ve amenazada en sus intereses políticos, estratégicos o económicos y ejerce su poder de veto en el Consejo de Seguridad, apelando a una supuesta superioridad moral derivada de la victoria contra el nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Como en tantos otros casos similares, la resolución por el terrible ataque quedó estancada, no se votó y la matanza ni siquiera ha sido condenada oficialmente por el organismo de la ONU que debería velar por la seguridad en el mundo.
Las matanzas continúan a la sombra de la impunidad. La Guerra Fría parece reverdecer. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es un ente anquilosado que nunca podrá actuar de manera positiva mientras las grandes potencias sigan con su derecho al veto. Los regímenes dictatoriales siguen apelando a todas las estratagemas para mantenerse en el poder, aun las más sangrientas. El fanatismo religioso impera en regiones y sume a millones de personas en el horror. La libertad es una utopía en determinadas zonas. El discurso que afirma que éste es el tiempo del desarrollo y el progreso queda abatido de un plumazo con episodios como el que generó esta columna. Todo lleva a pensar que, en realidad, el mundo no cambió.
