Sincretismo y recreación de la propia cultura
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Aún puede observarse este rasgo cultural entre nosotros. Pero practicado casi con exclusividad por las personas de mayor edad, lo que viene demostrando el declive de una norma cultural que históricamente estuvo arraigada en el sentimiento popular y que se consolidó por la acción de los inmigrantes.
Durante décadas, el Día de los Fieles Difuntos que se celebra cada 2 de noviembre, fue una de las efemérides más trascendentes de la cristiandad. En nuestras poblaciones, en las que el sentimiento y la religiosidad se vieron arraigadas desde sus orígenes, esta celebración -como el día de Todos los Santos- eran manifestaciones en las que se evidenciaba la fe de un pueblo y se ponían en práctica tradiciones culturales.
Demostraciones de una identidad propia que se fueron diluyendo con el tiempo, por diversos factores. Y que terminan hoy habilitando "fiestas" ajenas a nuestra cultura como Halloween. Una festividad "impuesta" por la cultura dominante cuyo significado no es conocido. Solo sus rasgos visibles son los que pululan por los medios electrónicos de comunicación. Evidencias que tienen origen en una cultura muy distinta, la celta, que finalizaba con la celebración de los muertos.
No obstante, nada de malo tiene celebrar la Noche de Brujas, situación que parece ya instalada en algunos sectores de las distintas comunidades y es propiciada por la comunicación masiva. Además, aquella misteriosa celebración pagana ha venido mutando en su significado a lo largo del tiempo, sumando otras interpretaciones, aun cuando siga siendo ajena a las pautas culturales de nuestra sociedad. Hoy Halloweense parece más al Carnaval que a lo que verdaderamente significó en sus comienzos. Vale admitir que elsincretismo es una cualidad que también ha conformado las prácticas religiosas de la cristiandad.Pero que Halloween se haya esparcido a otras culturas exige un ejercicio de reflexión para conocer, al menos, qué se está celebrando.
Años atrás, el Día de los Fieles Difuntos era una jornada de recogimiento en el que los cementerios se poblaban de personas que rendían homenaje a sus seres queridos fallecidos. Aún puede observarse este rasgo cultural entre nosotros. Pero practicado casi con exclusividad por las personas de mayor edad, lo que viene demostrando el declive de una norma cultural que históricamente estuvo arraigada en el sentimiento popular y que se consolidó por la acción de los inmigrantes que se asentaron en este suelo.
Sin ingresar en el terreno específico de los dogmas y creencias religiosas y reconociendo que la cultura es un hecho dinámico, sería preciso, de todos modos, repasar la noción de la necesidad de preservar rasgos característicos de determinadas celebraciones anuales. No es cuestión de ponerse en contra de la aparición de estas situaciones vinculadas con culturas foráneas, sí de comprender los valores que encierran todas y cada una de las manifestaciones culturales. Recrear el pensamiento crítico es una actitud imprescindible para que lo socialmente compartido se manifieste y solidifique la identidad propia.
