Silvia Ruffino, la “cuidadora” de los alimentos se retira
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La jefa de Control Alimentario de la municipalidad se jubiló dejando atrás más de tres décadas de trabajo. Anécdotas, recuerdos y el esfuerzo por cuidar la salud de todos los sanfrancisqueños.
Por Stefanía Musso | LVSJ
Doblar la chaquetilla y guardarla en el bolso. Juntar las pertenencias y saludar a las compañeras del laboratorio que estuvieron con ella tantos años. Silvia Noemí Cometti de Ruffino se jubiló y dejó la División Control Alimentario de la municipalidad de San Francisco, lugar donde trabajó durante 35 años y desarrolló la mayoría de sus 38 de profesión.
La química industrial oriunda de Berrotarán que llegó a nuestra ciudad por cuestiones personales, logró que comerciantes, elaboradores y consumidores se adapten a los cambios constantes en materia de elaboración y consumo de alimentos priorizando siempre la salud por sobre todas las cosas.
Aunque no considera que fue "policía de alimentos", la mujer supo fiscalizar, acompañar y asesorar desde la función pública. "Uno conocía el trabajo de la gente por sus delantales, pero ahora todo cambió y es muy difícil el trabajo. Tenemos que pensar que en un control bromatológico se ven varios puntos. La cuestión de los costos y los precios son los que hoy condicionan el proceso de los alimentos y no siempre se puede cumplir con los que indica el Código Alimentario Argentino", dijo Ruffino.
Hoy la realidad es otra y supera los locales comerciales o fábricas de elaboración de alimentos. "Muchos venden por Facebook, pero a veces tienen hasta mejores condiciones que algunos locales. Eso es lo importante. En la actualidad hay mayores exigencias y uno tiene que tener muy claro cuándo va a fiscalizar. Hay que tomar decisiones que no son fáciles, pero siempre hay que lograr que se cumpla la ley", afirmó.
"La bromatología es fundamental porque no es solo sacar alimentos y decomisarlos; es acompañar al elaborador, al consumidor o el comerciante para obtener productos sanos que no nos enfermen, porque una cosa es un accidente y otra, la imprudencia, y no podemos dejar que nada malo suceda".
Cuidar la salud
Silvia no solo se retiró del laboratorio sino también de las calles de San Francisco. Ella recorrió y actuó en muchos lugares para que se cumplan las reglas y nunca le templó el pulso. "No considero que fui policía pero sí fiscalizadora, porque esa es nuestra tarea, ya que estamos hablando de la prevención en la salud del consumidor".
Silvia vivió momentos movilizantes durante estos largos años de trabajo. Entre aquello que prefiere dejar en el olvido, están el encierro junto a una compañera en un depósito de huevos que no estaba habilitado y la persecución de los perros de un comerciante que se negaba a entregar papeles. "Recuerdo la visita a un hombre que elaboraba panificación en su casa. Cuando le pregunté si trabajaba en el rubro, me respondió que no, pero estaba todo cubierto de harina. En la discusión, me dio su nombre y le dije, `míreme a los ojos y dígame que no está haciendo panificación´ y él se emocionó y me respondió que sí. Entramos al lugar, le dimos indicaciones para acondicionar el lugar y le aseguramos que volveríamos para controlar. Regresamos al día siguiente a la hora pautada, el hombre me esperó en la puerta y cuando entramos, nos encontramos con otro establecimiento diferente. Ahí me comentó que me dijo a la verdad porque lo miré a los ojos. Esa es la manera para salir adelante, siempre con la verdad", sostuvo la entrevistada.
"Uno ejerció la profesión aplicando la ley, el Código Alimentario Argentino, pero también escuché a las personas. El policía ve la foto y el mal comportamiento. Nosotros vemos la película completa, porque tenemos que evaluar muchos puntos, porque puede que no se cumpla algo y hay que acompañarlo a que lo solucione", puntualizó.

"El policía ve la foto y el mal comportamiento.
Nosotros vemos la película completa, porque tenemos que evaluar muchos puntos,
porque puede que no se cumpla algo y hay que acompañarlo a que lo solucione".
El laboratorio, su lugar
Ruffino llegó muy joven a San Francisco, un año después que su esposo fuera trasladado también a nuestra ciudad por trabajo. Ella en ese momento estaba finalizando su carrera de Química Industrial en la Universidad Nacional de Córdoba. "Llegué a San Francisco embarazada de mi primer hijo. Durante los tres primeros años trabajé en una empresa privada y cuando quedé embarazada de mi segundo hijo, dejé porque mi casa me demandaba mucho", recordó.
La profesional contó que su objetivo era entrar a trabajar en la municipalidad y que entregó varios curriculum vitae para tener una oportunidad. En marzo de 1990 la llamaron a concurso para ocupar un puesto en el laboratorio municipal y ganó su lugar entre seis profesionales.
Seis años después, se convirtió en jefa del Área de Control Alimentario. "Al principio me dediqué a hacer análisis y a explicarle a la gente por qué lo hacíamos. Siempre tuve la idea de ser una guía, de acompañar a los vecinos, porque el Estado debe responder a cada necesidad. Veíamos al otro como un cliente, como alguien a quien solucionar todas sus inquietudes".

"Mi trabajo significó mucho, porque no tenía familiares ni amigos cuando llegué y la gente de mi trabajo se convirtió en mi amiga, mi entorno".
"En mi profesión volqué todo. Para mí, fue un gran compromiso este trabajo porque era la responsable de lo que se elaboraba, comercializaba y consumía la población. Trabajar en el Estado es muy lindo, pero implica mucha labor sin descanso. Me voy feliz de tantos años de trabajo y porque di lo mejor de mí", concluyó.
