Ser mujer con discapacidad: Vanina, en busca de la igualdad laboral
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Tiene 40 años y mucho carácter para pelearle a la adversidad; es mamá y cobra una pensión por discapacidad, pero quiere un trabajo formal para que su hijo tenga un futuro mejor.
Por Stefanía Musso
"Somos todos distintos e iguales", le canta Vanina Manasseri a su hijo Valentino, de 6 años, mientras juegan en el patio de la casa que le prestaron sus hermanos.
Madre e hijo sufren acondroplastia, pero la situación de Vanina es aún más difícil, porque también tiene hemiplejía (parálisis) en el costado derecho de su cuerpo a causa de un accidente de tránsito ocurrido 21 años atrás.
La acondroplasia es un trastorno del crecimiento de los huesos que causa uno de cada 7 casos de enanismo, el de Vanina es uno.
Por su discapacidad, esta sanfrancisqueña sufre en carne propia la invisibilización y la falta de oportunidades laborales tanto en el ámbito privado como en el público. Su realidad no es tan optimista como la letra de la canción que le tararea a Valentino. Su caso no es aislado, las personas con discapacidad en la Argentina, el derecho a un trabajo es uno de los más vulnerados.
Pese a las desventajas económicas, laborales y sociales, con mucho esfuerzo, mantiene a su hijo con las dos pensiones no contributivas por discapacidad que cobra por mes, que no llegan a los $16.000 además de un ingreso, no fijo, que le da la venta de productos cosméticos por catálogo.
Con 40 años, vive en una casa prestada con su mamá Raquel Santagostino (67) y su abuela Margarita Scarafía (95), que cobran la jubilación mínima. Su sueño -uno de los tantos- es dejarle a Valentino una casa y un mejor pasar.
Con lágrimas en los ojos, Vanina mira a su pequeño que le regala una sonrisa. Ella espera que él no sufra lo mismo.
"La gente discapacitada difícilmente tenga un lugar o un puesto de trabajo. Lo único que me mantiene de pie y con ganas de seguir es mi hijo. Algunos tienen la suerte de entrar a un puesto público pero del resto, se olvidan", se lamenta Vanina.
Por su patología, le cuesta movilizarse con fluidez pero tiene energías como para atender al público o hacer un trabajo administrativo. "Necesito ayuda para algunas tareas pero puedo hacer de todo", dice con la fortaleza de una luchadora de la vida.

"No sabía que el enanismo era una discapacidad", dice Vanina quien se enteró de esto luego de sufrir un accidente.
Sostén de familia
Vanina es también una víctima de la violencia de género, no recibe ayuda económica de parte del padre de su hijo, de quien se separó.
"La mitad del dinero que junto con las pensiones lo destino a pagar la obra social para mi hijo y la mía. Sé que para muchos parecerá un lujo, pero en realidad, la elijo porque me cubre la atención domiciliaria de dos mujeres porque tengo poca movilidad; la fonoaudióloga y psicóloga de Valentino, entre otras cuestiones que son necesarias para la salud de ambos", explicó.
"No sabía que el enanismo era una discapacidad hasta el accidente"
Vanina mide 1,46 metros, 30 centímetros más de los que llegó a medir cuando se operó de las dos piernas colocando tutores en tibia y peroné. Fueron dos dolorosos años de recuperación pero siempre salió adelante.
Cuando su estado físico parecía mejorar, el 6 de abril de 1999 una moto la atropelló cuando regresaba de estudiar enfermería en el Instituto Fasta, y la dejó al borde de la muerte.
Sobrevivió, pero ese accidente complicó todavía más su discapacidad, le paralizó parte de su cuerpo. "Mi hemiplejia es para toda la vida. También tengo dislexia", contó.
"No sabía que el enanismo era una discapacidad. De hecho, si no hubiera tenido el accidente, capaz no me enteraba que había una ley que nos amparaba y nos brindaba derechos de inclusión, algo que es muy necesario para nosotros porque no tenemos acceso a lo mismo que una persona de talla normal".
