Se animan
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Diez chicas se lanzaron a la aventura que implica practicar un deporte atípico en nuestra ciudad: el polo. Con esfuerzo y el motor de la pasión de hacerlo que les gusta, ellas se compraron una yegua para conformar el binomio perfecto en la cancha.
LA VOZ DE SAN JUSTO dialogó con algunas de las integrantes del "dream team" quienes afirmaron que el polo cambió sus vidas. Cambiaron los tacos aguja por las botas de montar. No tienen días libres; algunas son amas de casa, otras empleadas de comercio, médicas, abogadas o chefs; pero a todas las une el mismo amor por los caballos y se juntan a practicar siempre que pueden.
La cita es en Quinta Malén, cerca del Aeroclub San Francisco. Mujeres de todas las edades -desde los 14 a los 40 años- practican junto a sus yeguas este deporte impensado hasta hace algunos años en ciudades del interior, más pequeñas.
Según Julieta Murgio, profesora y polista que la semana que viene estará compitiendo en la ciudad de Córdoba con su equipo La Soñada, "el polo es deporte que activa cada músculo del cuerpo, se utilizan todos los sentidos".
Si bien la profesora lo practica desde hace dos años, en febrero reclutó a un grupo de alumnas para comenzar poco a poco; primero, con cabalgatas y luego, con las técnicas del polo.
Julieta sabe que no es fácil para una persona que recién comienza. "Les noto las piernas rígidas o la cara de susto a las chicas y enseguida les pregunto si tienen miedo. El caballo se da cuenta si tiene miedo, y no hay que tenerlo, sino, no se puede aprender".
"Algunas se animan más y otras menos, pero es cuestión de perseverancia", reflexionó Paola Bosio, una de las alumnas más novatas.
"Siempre monté en lugares turísticos y me gustan los caballos, pero jamás imaginé que me iba a gustar tanto la actividad. Tengo ganas de galopar, de ver a mi yegua y cuidarla, con ella tengo un vínculo importante", indicó Paola.
Y señaló que rompió con los prejuicios que tenía cuando empezó a practicar el deporte. "El polo no es para nada elitista. Muchas hacen un gran esfuerzo para poder practicarlo pero somos todas mujeres comunes", aseguró.
"Jamás se me hubiera ocurrido cabalgar a velocidad con un caballo o ponerme a jugar con un taco al polo, pero ahora me encanta".
Otro testimonio es el de Maru Hvozda. Ella es empleada de comercio y nunca estuvo ni cerca del mundo polista. "Julieta me invitó para participar de un proyecto que estaba conformando junto a Julián Bossa (titular de la subcomisión de polo del Jockey Club San Francisco) y empecé de a poco. No tenía miedo de montar pero era una experiencia totalmente nueva para mí. Nunca me imaginé ser polista en mi vida".
"No es tan caro como se cree"
Es tan grande el entusiasmo de estas mujeres por el polo que algunas hicieron hasta lo imposible para poder comprar una yegua y así conformar el binomio -caballo y amazona- perfecto para montar.
La profesora Julieta es dueña de Bagheera. "Es mi mimada, aunque un tanto caprichosa", bromeó sobre su yegua.
En el caso de Paola, su marido le regaló una yegua que él tenía. "Mi marido me regaló a Athenas, pero como entró excedida de peso le pusimos de apodo `Gorda´", dijo la mujer.
"Con la Gorda tengo una relación muy unida. Sé qué la asusta, qué le gusta, cuándo está enojada, cuándo está alegre. Son como una mascota, pero grande. Todos tienen sus manías", añadió.
Maru, por su parte, ahorró para poder comprarse a Duquesa, una bella yegua con la que pudo lograr una conexión especial. "Tenía dinero ahorrado para vacaciones pero no me pude ir. Seguí ahorrando y compré a Duquesa".
"Al principio, tenía miedo, hemos tenido momentos de susto pero enseguida logramos el vínculo".
"Sueño con que todas las que formamos este grupo podamos tener un equipo de polo femenino en la ciudad", anheló Maru.
Al equipo se suman los equipos: Alicia y Allegra; Flor y Athenea; Silvia y Morocha; Mariana y Colorete; y Ariela y Urbín.
Sobre los costos de poder practicar el deporte, Julieta dijo "no es necesario que la persona que quiere aprender tenga su propio caballo, pero sí con el tiempo lo recomendamos para que ese sea su animal siempre a la hora de jugar. Mantener a los animales tampoco es costoso porque solo requiere de espacio físico, comida y cuidados médicos".
Respecto a la actividad en sí, "tiene un costo similar al de practicar tenis. No es tan caro como se cree", concluyó Paola.
