Sandra Bulacio presenta su primer libro: la violencia escolar contada desde adentro
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“La violencia escolar desde adentro” le da la palabra a los estudiantes para entender qué es, para ellos, la violencia escolar. Basado en su tesis de la Licenciatura en Educación que la autora cursó en la Universidad Nacional de Villa María, la publicación se presentará en agosto en la Biblioteca Pedagógica de nuestra ciudad.
Sandra Bulacio da clases desde hace más de 20 años en escuelas secundarias de San Francisco. En todo ese tiempo escuchó una frase, repetida una y otra vez: “Estamos jugando”. Los chicos la usan cada vez que un adulto trata de frenar una pelea o un maltrato entre compañeros. Esa frase es el punto de partida de su primer libro, La violencia escolar desde adentro, que la editorial HomoSapiens Ediciones acaba de sumar a su Colección Educación.
El libro nació de su tesis de la Licenciatura en Educación, que cursó en la Universidad Nacional de Villa María. Propone algo poco frecuente: en vez de preguntarle a docentes, directivos o especialistas qué es la violencia escolar, le da la palabra a los estudiantes. “Trabaja sobre las representaciones sociales que tienen los estudiantes, o qué creen los estudiantes que es la violencia escolar”, resume la autora, que además de dar clases cursa actualmente el Doctorado en Educación y una maestría, y lleva casi 20 años estudiando el sistema educativo desde distintos ángulos. Es, de algún modo, la devolución de esos años de estudio a las mismas aulas sanfrancisqueñas donde los transitó.
Bulacio explica que buena parte de la violencia escolar queda invisibilizada porque la tenemos naturalizada. “Tenemos como naturalizada la violencia, y la violencia escolar, y por eso no le ponemos nombre”, sostiene.
Esa naturalización aparece en gestos tan cotidianos como pedirle a un alumno que se saque la gorra en el aula. Para la autora, esa orden encierra mucho más que una norma de convivencia. Habla de un chico que resiste porque siente que la escuela no lo acepta tal como es, y que sostiene la gorra puesta por algo. Ese tipo de tensiones forma parte de lo que ella llama el núcleo duro de las representaciones sociales: un conjunto de creencias que se repite con matices de una escuela a otra, e incluye, junto a la naturalización, la anomia, el juego y la resistencia.
Reglas que nadie consensuó
Uno de los conceptos que más desarrolla el libro es el de la anomia, es decir, la ausencia de reglas reconocidas como propias. Bulacio sostiene que buena parte de la desobediencia escolar tiene que ver con eso: a los estudiantes se les pide que cumplan normas en cuya definición no participaron. “A veces a los chicos les estamos pidiendo que acaten normas que ellos no crearon, que ellos no consensuaron”, plantea. Cuando los chicos no reconocen esas reglas como legítimas, dice, no es que rechacen todo orden. Buscan formar parte de cómo se construye. Esa disputa, para Bulacio, también es violencia escolar.
Para la autora, buena parte de lo que ocurre en las aulas no tiene que ver con peleas ni golpes. Tiene que ver con una violencia mucho más silenciosa. “Hay otra violencia, que a mí me llamaba mucho más la atención, que es una violencia invisible, que son la falta de respeto, la no escucha, el no poder dar clase”, describe. Es la violencia que no deja marcas visibles, pero que desgasta la tarea de enseñar y de aprender todos los días.
Bulacio marca además una diferencia que atraviesa todo el libro: la violencia escolar no es simplemente un reflejo de la violencia social. “La escuela tiene una violencia que es particular de la escuela, que no está en otro lado, no es igual y no es sinónimo”, afirma. Esa violencia propia de la escuela, según su mirada, se produce en el vínculo cotidiano entre estudiantes, docentes y el resto de la comunidad educativa. No se explica solo por el contexto social o familiar de cada chico.
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Más allá de las peleas
El libro también repasa situaciones que no suelen pensarse como violencia y que, para Bulacio, lo son. Menciona el caso de un estudiante que repite de año por cuatro materias, aunque tenga las otras ocho o nueve aprobadas, y que al año siguiente debe volver a cursar todo de nuevo. “Ese chico se aburre, se enoja”, señala, y lo describe como una forma de violencia institucional poco discutida.
También aparece la dimensión social: chicos que llegan a la escuela con padres sin trabajo, sin recursos para la comida o los útiles básicos. Esa carencia, dice Bulacio, es también una forma de violencia, que después se traduce en otras violencias puertas adentro de la escuela. A esto se suman actitudes de algunos docentes y del propio sistema educativo, que rara vez se reconoce a sí mismo como productor de violencia.
Llegar a estas conclusiones no fue sencillo. Bulacio recuerda que conseguir escuelas dispuestas a abrir sus puertas para la investigación fue una de las etapas más difíciles del proceso. “Primero fue todo un problema encontrar escuelas, porque de la violencia no se habla y nadie quiere hablar, y nadie se quiere hacer cargo”, relata.
Con el aval de la Universidad de Villa María, realizó entrevistas, observaciones y grupos focales tanto con estudiantes como con adultos de las instituciones, en lo que ella describe como una triangulación de miradas: cruzar lo que cuentan los chicos con lo que perciben docentes y directivos, para no quedarse con una sola versión. “Cuando los estudiantes se sentían cómodos y sentían que estaban en un lugar cuidado, hablaron de un montón de tipos de violencia”, cuenta la autora.
Uno de los hallazgos que más la sorprendió tiene que ver con las miradas entre compañeros. Bulacio detectó que detrás de frases como “me miró mal” hay todo un sistema de normas tácitas. Los propios estudiantes las construyen para decidir cuándo una mirada habilita una pelea y cuándo no.
De la tesis al libro
La idea de convertir su tesis en libro surgió casi por casualidad, en un cruce con un editor de HomoSapiens durante una Feria del Libro. “Me dice: es un libro en el que no hay tanto escrito”, recuerda Bulacio sobre aquella conversación que terminó en la publicación de La violencia escolar desde adentro. La pensó para que docentes, familias y también los propios estudiantes pudieran leerla sin necesidad de manejar el lenguaje académico de una tesis universitaria.
El libro ya se distribuye en todas las librerías de HomoSapiens Ediciones y también puede conseguirse de forma online, a través de las redes sociales de la editorial. Bulacio presentará el próximo mes de agosto, el libro en su ciudad, en la Biblioteca Pedagógica San Francisco y también tiene previsto participar de la Feria del Libro de San Francisco, en noviembre, con una charla abierta a docentes, familias y a cualquier vecino interesado en el tema. El año próximo viajará junto a HomoSapiens a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Quién es Sandra Bulacio
Sandra del Valle Bulacio es profesora de Lengua, Literatura y Comunicación, licenciada en Educación (Unvm) y licenciada en Gestión Educativa (Unse). Cursa el Doctorado en Educación en la Universidad Católica de Córdoba, con el trabajo de campo ya concluido, y la Maestría en Género, Política y Sociedad en Flacso.
En el nivel secundario da clases de Lengua y Literatura en el Colegio Superior San Martín y en el Ipet 50 “Emilio F. Olmos”, ambos de San Francisco, donde enseña desde hace más de 20 años. En el nivel superior dicta Alfabetización Inicial en el Profesorado de Educación Primaria de la Escuela Normal Superior “Dr. Nicolás Avellaneda”.
Fuera del sistema educativo formal, fundó y preside Mujeres con Oficios, una asociación civil que capacita en oficios no convencionales a mujeres en situación de vulnerabilidad. Por ese proyecto recibió en 2025 el Premio Mujeres que Inspiran de Holcim y fue nominada en 2025 entre los 8 Abanderados de la Argentina Solidaria por Canal 13, la Fundación Noble y Luz Libre.
