Institucionales
San Isidro y los títulos que no tienen copas
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San Isidro atraviesa un gran momento desde lo deportivo e institucional y apunta a seguir mejorando sus instalaciones para beneficio de su masa societaria.
Por Manuel Ruiz
El Club Atlético San Isidro atraviesa el que hasta ahora viene siendo, y puede terminar de ser, el mejor año deportivo de su historia. No solo por los títulos obtenidos en el básquet y el vóley profesional, sino también por la cantidad de personas que la dan vida a las disciplinas del club, en la sede de calle Corrientes y en el predio de Av. 9 de Septiembre.
Pero, hay un crecimiento que si bien es visible, incluso palpable, rara vez obtiene el crédito, la importancia que merece. Todo eso bueno que sucede deportivamente, precisa de una infraestructura adecuada que acompañe ese desarrollo, ese crecimiento. Que el club mejore y ponga a disposición de deportistas y socios en general mejores instalaciones es, crecer dos veces. Crecer desinteresadamente y construir un futuro mejor. Los cimientos de un futuro mejor. Es pensar a largo plazo, más allá de los nombres de una comisión directiva o de los logros del momento.
Recientemente, en el predio social “Alejandro Aimaretti”, San Isidro dejó culminada la obra de revestimiento de la pileta climatizada. Inversión que no solo embellece el sector, sino que hace más eficiente la limpieza del natatorio y evita los trabajos de pintura que obligaban al club a cerrar durante una semana, por lo menos, la piscina para el repintado de la misma todos los años desde que el club tiene pileta cubierta.
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También en el predio del sur de la ciudad, “Sani” está culminando la remodelación de su segundo salón de usos múltiples. Porque además del histórico salón estilo chalet, ahora la institución, sumará un nuevo espacio para eventos y disfrute de su masa societaria donde supieron funcionar experiencias gastronómicas privadas que no dependían del club.
Por su parte, en la sede social de calle Corrientes, en el estadio Antonio Manno, San Isidro dejó literalmente a estrenar los sanitarios femeninos y masculinos, completando una inversión de una intervención necesaria y que beneficia no solo a los deportistas sino también al público general que asiste a loes eventos deportivos.
Además, ya están en funcionamiento los vestuarios, tanto local, como visitante, con las exigencias que el deporte profesional requiere y comodidades que los deportistas profesionales solicitan, y que ubican a San Isidro en un lugar especial dentro de la calidad de las instalaciones a nivel país.
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La cartelería, los trabajos de pintura, las mejoras en iluminación y el mantenimiento constante en cuanto a limpieza y orden en los dos espacios del club, son también destacables, aunque parezcan trabajos obvios.
San Isidro proyecta un crecimiento deportivo e institucional pero también lo sostiene día a día. Trabaja para ello hasta el más mínimo detalle. Basta con entrar a la sede o al predio. Y es una situación, que, de nuevo, debería ser obvia o lógica pero no lo es en el enorme ecosistema de instituciones deportivas que tiene la ciudad. El club que dirige Fernando Magnano afrontará un horizonte con más crecimiento y desarrollo en forma de obras, la evolución deportiva y el número de socios y deportistas que acuden a diario, lo necesitan y lo merecen.
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“Sani”, solo pensando en el primer equipo de básquet, puede ganar dos copas más hasta junio, y serán logros indelebles. Pero la institución sigue a apostando a conseguir esas estrellas que no se bordarán sobre el escudo en la camiseta, pero que permiten que el club crezca sostenidamente en el tiempo. Porque eso nuevo que se construye, se remodela, se resignifica, va a seguir estando y beneficiando al club y a sus familias, aun cuando no haya nuevas estrellas que bordar.
