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San Isidro, de la ilusión al Top 4: una temporada que deja huella
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En su primera experiencia en la Liga Argentina Femenina, el equipo de San Francisco cerró una campaña histórica: terminó entre los cuatro mejores del país.
San Isidro firmó una temporada que ya quedó marcada en la historia del club. En su debut en la Liga Argentina Femenina, el conjunto de San Francisco no solo estuvo a la altura de la competencia, sino que se metió entre los cuatro mejores equipos del país con una campaña que combinó resultados, regularidad y crecimiento.
En la fase regular, el equipo construyó su base. Disputó 14 partidos, con un balance de 10 triunfos y 4 derrotas, lo que le permitió finalizar en la quinta posición con 29 puntos. En sets, acumuló un sólido 32-14, con una diferencia positiva de 18, mientras que en puntos también cerró con saldo favorable: 1052 a favor y 985 en contra.
El dato no es menor: nueve de sus diez victorias fueron en sets corridos o con amplio dominio, incluyendo varios 3-0 consecutivos que marcaron una racha positiva en el tramo medio del torneo. Superó con autoridad a rivales como Vélez, Ferro, Náutico Avellaneda, Instituto, Banco Provincia y Bahiense del Norte, además de imponerse en un partido exigente ante Sonder por 3-2.
Las derrotas, en tanto, se dieron ante equipos que terminaron en los primeros puestos: Gimnasia y Esgrima La Plata (1-3), Boca Juniors (1-3) y Bell (0-3), además de un traspié aislado (Villa Dora) que evidenció la dificultad de sostener el mismo nivel frente a planteles más largos. Ese detalle terminó explicando por qué San Isidro quedó a las puertas del lote de punta, aunque sin perder competitividad.
En playoffs, el equipo dio un paso más. En cuartos de final se enfrentó a Bell de Bell Ville, que había terminado por encima en la tabla. Tras caer en el primer partido, San Isidro reaccionó y ganó los dos siguientes para quedarse con la serie 2-1, en una remontada que marcó carácter y confirmó su crecimiento competitivo.
Ya en semifinales, el desafío fue aún mayor: Gimnasia y Esgrima La Plata, líder de la fase regular con 12 victorias en 14 partidos y una racha de 14 triunfos consecutivos. En ese contexto, San Isidro volvió a responder. Le ganó uno de los encuentros, cortó esa racha invicta y llevó la serie a un terreno mucho más parejo de lo que indicaban los antecedentes. Finalmente fue derrota, pero con una imagen que lo sostuvo dentro del grupo de elite.
El recorrido se explica también desde los números internos. San Isidro mostró un alto porcentaje de efectividad en ataque en sus victorias, sumado a una regularidad en recepción y defensa que le permitió cerrar partidos sin sobresaltos. Además, supo aprovechar el envión de jugar como local: en el Superdomo construyó gran parte de sus triunfos y se hizo fuerte en momentos clave.
A eso se sumó un plantel bien conformado, con presencia de jugadoras de jerarquía, protagonismo de jóvenes y un funcionamiento colectivo que potenció el rendimiento general. La intensidad en los entrenamientos y la claridad en el plan de juego fueron otros de los pilares que sostuvieron la campaña.
El balance final deja en claro el salto que dio el equipo. En su primera participación, San Isidro terminó quinto en la fase regular y alcanzó las semifinales, ubicándose entre los cuatro mejores del país. Un dato que, por sí solo, habla de la magnitud de la campaña.
Más allá de la eliminación en semifinales, la sensación es que el equipo encontró un camino. Los números lo respaldan, pero también la forma en que compitió. San Isidro no solo estuvo a la altura: demostró que puede pelear en este nivel. Y eso, en una primera temporada, vale tanto como cualquier resultado.
