San Francisco y Pinerolo: “Es un hermanamiento muy diferente a los que tenemos en Europa”
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A 30 años del acuerdo, el síndaco Luca Salvai destacó la particularidad del vínculo con nuestra ciudad, al señalar que no nació de una relación entre pueblos que estuvieron enfrentados, sino de las raíces de los inmigrantes piamonteses que llegaron a esta región.
El 21 de junio de 1996 se suscribió el acuerdo de hermanamiento entre San Francisco y Pinerolo. En aquella oportunidad, el entonces intendente Jorge Luis Bucco participó en Italia de los actos que sellaron el encuentro entre las dos poblaciones. Tres décadas después, la relación vuelve a ocupar un lugar visible en la ciudad: el escudo de Pinerolo fue incorporado al Paseo de las Ciudades Gemelas, sobre bulevar 9 de Julio, entre avenida del Libertador Sur y pasaje Cangallo.
La imagen puede parecer sencilla, pero tiene un peso simbólico. El espacio había sido creado precisamente para representar la fraternidad entre ambas ciudades y hasta ahora contaba con el escudo de San Francisco y la referencia al hermanamiento, pero no con la insignia de la comuna italiana. Con su incorporación, las dos ciudades quedaron representadas en un mismo lugar público, haciendo visible una historia que durante 30 años se sostuvo en vínculos familiares, intercambios y visitas.
La ceremonia reunió al intendente Damián Bernarte; al síndaco de Pinerolo, Luca Salvai; a las consejeras comunales Alice Depetris y Giulia Montan; al referente de la cultura piamontesa Franco Cúccolo; representantes de la colectividad italiana y vecinos. Pero, más allá del acto protocolar, la visita permitió volver a poner sobre la mesa una pregunta central: qué significa hoy un hermanamiento que nació hace tres décadas y cómo puede transformarse en hechos concretos.
La respuesta aparece, en buena medida, en las palabras de Salvai durante una entrevista con AM 1050. El funcionario italiano marcó desde el comienzo una diferencia con otros vínculos de ciudades europeas. “Este es un hermanamiento muy diferente respecto a los que tenemos en Europa”, sostuvo. Explicó que muchos de esos acuerdos nacieron después de la Segunda Guerra Mundial, con la intención de construir nuevos lazos entre pueblos que habían estado enfrentados.
“Los hermanamientos en Europa nacen después de la Segunda Guerra Mundial, para crear legados reales entre pueblos que hasta 1945 estaban en guerra”, señaló Salvai. Y agregó que Pinerolo tiene un hermanamiento con una ciudad francesa y otra alemana, pero que la relación con San Francisco responde a otra historia: “Acá es todo diferente”.
Esa diferencia no es un detalle. Para el síndaco, el sentido profundo del vínculo no está solamente en acercar dos gobiernos locales ni en sostener una agenda de visitas institucionales. Está en mirar hacia atrás para comprender por qué dos ciudades tan distantes geográficamente pueden reconocerse como hermanas.
“El significado profundo del hermanamiento con San Francisco es diferente porque se relaciona justamente con la necesidad de descubrir o de acercar las raíces profundas de sangre, digamos, de los inmigrantes, de las personas que llegaron a este lugar”, afirmó Salvai.
Claves para entender la vigencia del hermanamiento
San Francisco y su región fueron construidas también a partir de la llegada de inmigrantes italianos que dejaron el Piamonte y trajeron consigo costumbres, historias familiares y una cultura que se incorporó a la identidad local. Pinerolo y el norte italiano no son, por lo tanto, una referencia distante: para numerosas familias, forman parte de una genealogía que todavía se puede reconstruir.
Por eso, a tres décadas del acuerdo, resulta plausible pensar el hermanamiento no como una placa o un cartel, sino como una herramienta para profundizar relaciones que tengan efectos palpables. En esta región, muchas localidades anuncian en sus accesos la existencia de una ciudad “hermana” en Italia. El símbolo es significativo, pero su alcance depende de que la fraternidad se traduzca en intercambios, proyectos y oportunidades.
Durante los primeros años posteriores al acuerdo hubo intercambios fructíferos. Con el tiempo, esa intensidad fue disminuyendo, aunque la relación nunca se apagó por completo. Hubo viajes de jefes comunales con comitivas sanfrancisqueñas y visitas italianas que permitieron mantener vivo el contacto. Ahora, el aniversario y la presencia de la delegación piamontesa abren una nueva posibilidad para fortalecerlo.
Desde el municipio se planteó que uno de los campos con mayor potencial es el educativo. Entre los objetivos aparecen el intercambio de profesores y expertos para misiones de enseñanza e investigación, los intercambios de estudiantes de grado y posgrado, los proyectos de investigación conjunta y la posibilidad de establecer vínculos con laboratorios de investigación y servicios relacionados con la producción y el cuidado del medio ambiente.
Bernarte también puso el acento en la necesidad de que el vínculo exceda lo formal y se traduzca en intercambios y acciones concretas que beneficien a las comunidades: “Ratificamos el hermanamiento de dos ciudades pasados ya 30 años”.
