San Francisco y la Región Centro
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La nueva sede en San Francisco no resolverá por sí sola los desafíos que enfrenta la Región Centro, varios de ellos de carácter político, pero permitirá contar con un espacio permanente para sostener esas discusiones más allá de las coyunturas.
Este martes inaugurarán las instalaciones de la sede administrativa de la Región Centro en el edificio que albergó durante años al Banco de la Provincia de Córdoba, ubicado en el Centro Cívico de nuestra ciudad. Con este acto, San Francisco se convierte en la virtual capital del ambicioso proyecto que supone unir a tres provincias con un potencial enorme aún por desarrollar.
Que este edificio esté en San Francisco y no en una de las grandes capitales provinciales tiene un valor simbólico que merece ser subrayado. La Región Centro nació, hace casi treinta años, como una respuesta al centralismo histórico del Área Metropolitana de Buenos Aires. Elegir a San Francisco -una ciudad media, productiva, con industria pujante, muy ligada al agro, con un potencial cultural y social magnífico- para instalar la administración del bloque interprovincial se convierte en un símbolo que demuestra la vocación federal de una entramada en cientos de pueblos que producen, exportan y sostienen la economía real de la Argentina.
Allá por 1998, los entonces gobernadores Ramón Mestre y Jorge Obeid firmaron el tratado fundacional entre Córdoba y Santa Fe en nuestra ciudad. En 2004, Entre Ríos se sumó para completar la trilogía. Desde entonces, la Región Centro ha tenido, con los altibajos propios de la inestabilidad política y económica del país, la intención de convertirse en la expresión institucional de una cultura productiva basada en la férrea convicción de que el trabajo fecundo es el pilar del progreso.
La inauguración de la sede en San Francisco renueva aquel punto de partida. Esto es así porque, a casi tres décadas de aquel primer tratado, la Región Centro tiene una lista extensa de desafíos pendientes, varios de ellos de naturaleza estrictamente política.
El primero es romper de una vez con el centralismo porteño y terminar con la postergación del interior en la toma de decisiones fundamentales. A esto se suma la necesidad de una defensa coordinada de los recursos regionales, para lo cual se impone la articulación de los bloques legislativos de las tres provincias en el Congreso nacional, lo que sigue siendo una asignatura pendiente para traducir el consenso regional en leyes concretas.
Además, la eliminación de las retenciones agropecuarias, la discusión por la coparticipación, las tarifas energéticas y los subsidios al transporte son batallas que ninguna provincia puede dar en soledad con eficacia. Y, en materia de seguridad, en el límite interprovincial entre Santa Fe y Córdoba también asoma el reto de profundizar el combate contra el delito organizado y la comercialización de drogas.
El listado puede proseguir, por cierto. Está claro, asimismo que la nueva sede de San Francisco por sí sola no resolverá estos desafíos. Pero ofrece un espacio físico permanente donde esas discusiones puedan sostenerse en el tiempo, más allá de los vaivenes electorales y de las coyunturas políticas.
Nuestra ciudad tiene ahora la responsabilidad de ser anfitriona del proceso que debe conducir a que la Región Centro termine de asumir el proyecto federal que germinó también aquí hace 28 años.
