San Cayetano ya extraña a su “mejor” vecino
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/Imagenes/Image0eb0118c6e6840b6801d2dd78d296f0d.jpg)
El barrio perdió al hombre que luchó para conseguir obras y mejorar la vida de todos sus habitantes. Su última pelea contra el cáncer no pudo ganarla, pero en cada rincón de este sector del noreste de la ciudad quedó el trabajo de quien nunca pidió nada a cambio y todo lo entregó.
"Salón Comunitario barrio San Cayetano. Un lugar de encuentro", reza la placa del SUM inaugurado el 21 de junio de 2011 en calles Güemes y Bailón Sosa.
Ese lugar fue el sueño de un hombre, Omar Néstor "Negro" Tobares, el vecinalista que dedicó gran parte de su vida al crecimiento del barrio y falleció el pasado 21 de octubre, a los 66 años, tras una larga lucha contra el cáncer.
La ciclovía con su luminaria y el cordón cuneta fueron algunos de los logros de la gestión de Tobares en sus años como presidente del Centro Vecinal Barrio San Cayetano, que superan los 10 años.
Casi un perfeccionista, se encargaba de recolectar la basura que dejaban los vecinos en las esquinas para que el barrio siempre estuviera limpio.
Cuando sus vecinos debieron definirlo, las palabras que brotaron de su boca fueron un "luchador solitario" o el "último vecinalista", porque ellos conocen muy bien todo el trabajo y esfuerzo que le dedicó a este barrio "el Negro", como todos lo conocían.
También surgió el término "incansable", porque a pesar de su enfermedad no dejaba de proyectar obras como las cloacas y la red de gas natural para mejorar la calidad de vida de los vecinos.
Tras su partida, la gente que siempre estuvo cerca de él teme que el barrio quede abandonado y que nadie continúe con su obra.

La familia del Negro Tobares y detrás, el tractor con el que juntaba basura.
Palabra autorizada
Cada rincón de San Cayetano tiene el sello de Tobares, porque era un hombre que dejó su huella personal en todo lo que emprendía. No tenía miedo de sentarse a pedir obras para el barrio ante las autoridades municipales, pero tampoco se achicaba cuando había problemas de violencia y se acercaba a las bandas para calmar la bronca y pacificar el ambiente. Todos los respetaban, su palabra era autorizada.
"Se fue muy pronto y con ganas de hacer más cosas. La última vez que lo vi, ya muy enfermo, me dijo: 'Negra, nos tenemos que juntar por las obras de cloacas y gas. ¿Qué querés que hagamos primero? Es lo último que voy a hacer y sé que no lo voy a ver, pero el gancho ya lo puse y se van a hacer' ", contó Daniela Rodríguez.

Los vecinos del "Negro" y el recuerdo de un hombre dedicado al barrio
Tobares era de los vecinos de los primeros tiempos que llegaron a poblar el barrio conocido como de los trabajadores y que le hace honor al santo que lo protege. Por eso, él también contribuyó a darle identidad propia a este sector de San Francisco.
"Él era de pelear en la municipalidad por todo y no se detenía hasta conseguirlo, pero con su carisma y perseverancia lograba lo que quería", confesó Alejandra Campos.
El padre de esta mujer, Alejandro, vive desde hace 45 años en el barrio y fue dos veces parte de la comisión del centro vecinal. Con un gesto de preocupación sostuvo: "Ahora que el Negro no está más, no sabemos qué va pasar en el barrio porque era el único que lo mantenía en orden y en paz".
Tobares no solo trabajaba. También se encargaba de llevar paz al barrio que muchas veces se vio afectado por enfrentamientos entre bandas de jóvenes. "Cuando pasaba algo o venía gente a armar lío, él iba y les hablaba. Siempre trataba que todo se calme", manifestó Alejandra.
Un barrio limpio
Además de las obras como cordón cuneta, luminaria, ciclovía y otras, Tobares también se ponía al hombro la limpieza del barrio. Con su tractor rojo o su camioneta ya entrada en años, el hombre salía a recoger la basura que los vecinos dejaban en cada esquina.
Siempre contento, cantando y saludando al que veía, porque conocía a cada vecino. Lo hacía sin pedir nada a cambio, sin quejarse, sin pelear. Lo hacía porque quería que su barrio sea el más lindo. San Cayetano cuenta con recolección de residuos diarios y de inertes los días miércoles y sábados pero eso es contemporáneo. Cuando no existía tal servicio, era Tobares el que se encargaba de hacerlo y llevar todos los residuos al basural.

Hasta el final, Tobares se encargó de la recolección de los residuos
y mantener la calma social en los momentos más difíciles.
El salón que tanto deseó
El salón de usos múltiples para los vecinos fue una de las obras más importantes que gestionó Tobares. Ese lugar era celosamente cuidado por él pero muchas cosas quedaron por hacer.
El lugar ya tiene 9 años y fue construido gracias al incansable reclamo de Tobares al municipio para que San Cayetano tuviera su espacio propio para la recreación. "El municipio construyó esto pero fue gracias al esfuerzo del Negro", contó Palacios.
Conseguir el terreno donde se edificó también fue cosa del Negro. "Él era amigo del dueño del campo vecino. El hombre falleció y el terreno quedó en manos de la municipalidad. Entonces peleó por el terreno del club y después le dieron éste donde logró que se construya el SUM", agregó Campos.

Tobares junto a vecinos y el intendente Ignacio García Aresca en la última inauguración de la obra de alumbrado público
Con 20 años de labor, ahí están el salón, la ciclovía y las luminarias pero el tractor rojo no va a pasar más por las calles de San Cayetano a recolectar basura con Tobares silbando y cantando alguna canción con saludo por medio.
Se fue el último vecinalista y un barrio llora al luchador solitario que dio todo, sin pedir nada a cambio. Hasta siempre, Negro.
"El barrio era su vida"
En Maestro Garrone al 1600, el tractor rojo de Tobares empieza a taparse de yuyos y de chatarra. Su camioneta con la que también recolectaba escombros y basura, está estacionada frente a su casa con los vidrios bajos pero sin uso donde vivió durante 30 años. Así lo dejó Omar hace una semana y nada se mueve porque él era el que se encargaba de todo.

Un vecino que hizo mucho por su barrio
Su esposa Chichi y su hija Marta, muy queridas en el barrio, lo recuerdan junto a los otros cuatro hijos del vecinalista y los 13 nietos. "El barrio era su vida. El día después de la última quimioterapia se levantó y se fue a recolectar la basura de los vecinos. Le dije: 'Estás loco papi, tenés que descansar', pero no hizo caso, él hacía lo que sea por los vecinos", dijo Marta a LA VOZ DE SAN JUSTO.
Ella siempre se ocupó del salón del barrio pero ya quería dejar el trabajo. Sin embargo, su papá no la dejaba: "Siempre me pedía que aguante pero no era fácil trabajar y cuidarlo a él, porque estaba muy enfermo".
